
El caos domina la recta final hacia la primera vuelta de las elecciones presidencial en Brasil, con un debate cancelado en el último minuto, una falsa sospecha de bomba contra el Supremo Tribunal Federal (STF) y nuevas revelaciones acerca de las fiestas sexuales con las que un poderoso banquero en prisión controlaba a varios de los más poderosos en el país.
Tras una tarde frenética en la que los más altos tribunales de justicia del país incidieron directamente en el formato del último debate antes de las elecciones de este domingo, Flávio Bolsonaro, el principal candidato de la derecha, anunció que renunciaba a debatir. Minutos después fue la propia TV Globo la que anunció la cancelación del debate final, algo inédito en la democracia brasileña.
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¿Qué había sucedido? Una jueza del Tribunal Supremo Electoral (TSE) prohibió a Globo exhibir la silla vacía que correspondía al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que había resuelto no asistir, y que se le dirigieran preguntas a esa silla vacía. A su vez, otro juez, éste del STF, decidió que Renán Santos, del partido Misión, podría participar del debate pese a no tener los parlamentarios suficientes.
«Estoy tan confundido como eufórico», escribió Santos en redes sociales, mientras su equipo aseguraba que el candidato, que se encaminaba a protestar frente a la sede de Globo por su exclusión, no tenía ropa adecuada para el debate.
No necesitaría la ropa: Globo canceló el debate ante la renuncia de Bolsonaro, que denunció que la justicia favoreció a Lula, que busca ser presidente por cuarta vez para gobernar de los 81 a los 85 años.
«Nuestro deber es promover la democracia, pero las sucesivas resoluciones judiciales dictadas momentos antes de la celebración del debate generan inseguridad jurídica y suponen una injerencia indebida en la libertad que tienen los medios de comunicación para organizar los debates electorales», explicó la TV Globo.
Ronaldo Caiado, uno de los candidatos que luchan por el tercer puesto, fue durísimo con las decisiones de los jueces.
«Esto es un atentado a la democracia brasileña: destruyeron el proceso electoral del país. Desde el primer momento Lula decidió no presentarse, pero también buscó hacer inviables los debates. Lula provocó todo esto. Estamos ante la dictadura de la toga, que quiere decidir quién será el presidente de la república».
En paralelo, Lula daba una entrevista a un podcast, mientras Bolsonaro se preparaba para hablar más tarde en redes sociales.
Con la política en máximos niveles de turbulencia, la sospecha de una bomba dentro de una mochila frente a la sede del STF en Brasilia movilizó a la Policía Federal (PF), que tras una hora de investigaciones determinó que era una falsa alarma.
En la misma noche, la revista Piaui hizo importantes revelaciones acerca de las fiestas sexuales para políticos, jueces y otros hombres del poder oganizadas por el banquero Daniel Vorcaro, en prisión y acusado de liderar la mayor estafa financiera en la historia del país.
Según la revista, Vorcaro tenía montado un «Departamento de entretenimiento y sexo» en Sao Paulo al que invitaba a políticos y celebridades.
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