
«Bajo supuestos favorables sobre inversión, capacidad productiva, acceso a financiamiento y evolución de sectores clave, el PIB venezolano podría multiplicarse entre tres y cinco veces en un horizonte de ocho a diez años«, señala un artículo escrito por ejecutivos de McKinsey & Company, publicada en Valora Analitik.
De acuerdo con el criterio de Eduardo Rodríguez, socio y colíder de la práctica de Retail en Hispanoamérica en McKinsey & Company, y William Fookes, líder de la práctica de Operaciones para América Latina, «en apenas seis meses se han producido movimientos relevantes».
En este sentido, los expertos pusieron de relieve los «cambios en el sector de hidrocarburos, avances relacionados con la minería, recuperación gradual de conexiones aéreas internacionales, anuncios sobre la deuda pública externa y modificaciones en algunas restricciones que afectan al sistema financiero venezolano».
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Si estas iniciativas maduran y se convierten en motores de un plan integral de crecimiento económico y de mejora de la calidad de vida de la población, el desempeño de Venezuela sería uno de los más sólidos de América Latina.
Un escenario potencial
Sin embargo, Rodríguez y Fookes advierten que el rango de crecimiento que prevén en el largo plazo «no constituye una previsión, sino un escenario potencial cuya materialización dependería de múltiples variables económicas e institucionales y de que las condiciones para invertir, financiar y producir se mantengan en el tiempo».
Y añadieron en consecuencia: «pero la magnitud potencial de esa recuperación también importa desde la perspectiva empresarial: incluso en un entorno bastante imprevisible, el valor que podría crearse para quienes logren posicionarse con éxito puede ser significativo«.
Tres factores relevantes
Los expertos condicionan el crecimiento estimado al comportamiento positivo de tres variables que consideran clave: la evolución del sector energético, la capacidad de atraer y consolidar nuevas inversiones y la recuperación de la intermediación financiera; es decir, que el crédito fluya de manera adecuada.
«El petróleo y el gas constituyen el punto de partida más evidente. Distintos escenarios muestran la posibilidad de alcanzar niveles de producción considerablemente superiores en los próximos años. La velocidad y magnitud dependerían de factores como inversión, infraestructura, capacidad operativa y condiciones de mercado», señala el artículo.
Los analistas de McKinsey apuntan que la minería y la producción agrícola son sectores que también tienen elevados potenciales de crecimiento en el mediano y largo plazo.
«Una mayor actividad productiva tendría, a su vez, implicaciones para sectores orientados al mercado doméstico. El consumo y los servicios financieros parten de bases relativamente reducidas frente a las dimensiones históricas de la economía venezolana y otros mercados de la región», subrayaron.
«En el sistema financiero, por ejemplo, el crédito bancario representa actualmente una proporción reducida del PIB en Venezuela de menos de 5%, frente a más del 40% en Colombia», señalan Rodríguez y Fookes.
«Una mayor intermediación financiera podría acompañar, aunque no necesariamente preceder, una recuperación más amplia de la actividad empresarial y el consumo», subrayaron.
Terremotos: un elemento coyuntural relevante
Los expertos de McKensey apuntan que el doble sismo del pasado 24 de junio representa un elemento coyuntural relevante para formular proyecciones.
«El terremoto de junio añade una dimensión humana y material que no puede reducirse a sus implicaciones económicas. Sin desconocer ese costo, la reconstrucción supone también necesidades adicionales de infraestructura y capacidad productiva, cuyo impacto dependerá de cómo se desarrolle el proceso».
Una recuperación en energía, minería, agricultura, consumo y servicios podría modificar gradualmente flujos comerciales, cadenas de suministro y patrones de inversión en toda la región.
«América Latina podría aportar conocimiento empresarial, capacidades industriales y capital, dependiendo de las condiciones económicas y de inversión y de las decisiones independientes de empresas e inversionistas», indican.
A manera de conclusión, Eduardo Rodríguez y William Fookes, ejecutivos de McKinsey & Company, señalan que «en última instancia, una recuperación sostenida dependerá de un conjunto amplio de condiciones: previsibilidad económica y regulatoria, acceso a capital y financiamiento, infraestructura, disponibilidad de talento y un entorno que permita inversiones de largo plazo».
«En un entorno de incertidumbre considerable, el resultado es necesariamente incierto; pero también puede ser elevado el retorno para quienes sepan evaluar y actuar con convicción. El futuro, en ese sentido, puede pertenecer a quienes se atrevan -con disciplina, perspectiva de largo plazo y plena conciencia de los desafío- a capturar la oportunidad», concluyen.
Con información de Banca y Negocios
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