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Venezuela es rica en agua, pero el 81% de sus hogares sufre escasez

Venezuela es el noveno país con más agua dulce del planeta, pero el 81% de sus hogares no tiene acceso a un suministro diario y continuo. Mientras las autoridades hablan de logros, las redes sociales se inundan de denuncias de comunidades enteras que hablan de la operatividad de un servicio que, en teoría, debería ser uno de los más estables del país.

Prensa de Lara

Por sus 916.445 kilómetros cuadrados de territorio corren cerca de un millar de ríos y yacen importantes reservas de aguas subterráneas que generan una cantidad de recursos hídricos aprovechables estimado en 93 millones de metros cúbicos al año.

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Datos aportados por Provea señalan que, en cuanto a reservas de agua dulce, Venezuela sólo es superada por Brasil, Rusia, Canadá, China, Indonesia, Estados Unidos, Bangladesh y la India. Sin embargo, esa abundancia natural se convierte en una cruel paradoja cuando se observa la realidad cotidiana de sus habitantes.

La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) 2025, presentada en mayo de 2026 por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), revela una brecha abismal: aunque el 78% de las viviendas cuenta con conexión formal a tuberías, apenas el 19% de la población disfruta de un suministro diario y continuo.

Infraestructura en ruinas

Esto significa que ocho de cada 10 venezolanos no tienen agua potable de forma regular en sus hogares. Una cifra que, lejos de mejorar, empeora año tras año.

Para contextualizar esto, es importante mencionar que la crisis del agua en Venezuela no es un problema de sequía, sino de infraestructura abandonada y ausencia de mantenimiento.

Hacia el año 2000, Venezuela tenía sistemas de agua con capacidad para producir y distribuir 160.000 litros de agua por segundo. Ahora sólo puede bombear 55.000 litros por segundo. Una caída del 65,6% en su capacidad operativa.

La razón es clara: la falta de mantenimiento e inversión en el sector. Un informe de la organización Monitor Ciudad confirmó que sólo se ejecutó el 34,2% de los 6.426 millones de dólares aprobados entre 2002 y 2015 para planes y mejoras de la estatal Hidrocapital. “En la práctica, el 70% de los recursos se perdieron” , afirmó Jesús Armas, director de Monitor Ciudad.

El colapso de los acueductos y el impacto cotidiano

Los números del colapso son demoledores: se registra una caída en cantidad de agua distribuida en 85,7%, el déficit operativo en plantas de potabilización alcanza el 99,3%, la caída en recolección de aguas servidas es de 74%.

Mientras que en aguas residuales tratadas sólo es de 28% (objetivo ODS: reducir a la mitad). Hay una pérdida de agua por fugas (Non-Revenue Water) del 62% (vs. 42% promedio en Latam).

Grandes sistemas como el Acueducto Regional del Centro (SRC), así como el Tuy I, II y III funcionan a menos del 50% de su capacidad, debido al abandono operativo. De acuerdo con reportes hechos por diversos medios de comunicación,  el sistema Tuy III, responsable de abastecer aproximadamente al 55% de la población metropolitana de Caracas, ha sufrido paradas programadas y fallas eléctricas recurrentes que dejan sin agua a decenas de parroquias.

Este caso puntual se extiende a todo el territorio nacional. La Encovi 2025, con una muestra de 11.352 hogares entrevistados entre marzo y junio de 2025, dibuja un panorama desolador sobre la frecuencia del servicio.

Cuando el agua se convierte en lujo

Sólo 19% recibe agua diaria y continua, el 10% recibe agua diaria, pero intermitente, el 60% tiene agua sólo varios días a la semana, el 11% recibe agua una sola vez por semana, mientras que el 22% no tiene acceso a acueducto y debe recurrir a pozos, camiones cisterna, agua de lluvia u otras fuentes.

Ni siquiera la población con más recursos se salva. Las fallas son sistémicas, transversales a toda la sociedad.

Con el colapso del servicio público, el agua se ha convertido en un bien de lujo que se comercializa en dólares, inaccesible para una población donde el salario mínimo mensual ronda los 0,17 centavos de dólar.

Es importante mencionar que en Venezuela todo está dolarizado. Una cisterna estándar equivale a 24 o 36 veces el salario mínimo mensual. Los recargos por zonas de difícil acceso oscilan entre 20 y 30 dólares adicionales. Los servicios “para ya” o en horario nocturno incrementan el costo considerablemente.

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