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Clama ayuda para atender a su madre y dos tías con deterioro cognitivo 

Las vidas de Elvia, de 76 años, su madre; y de Alba, de 74, y Yoalis, de 63, están bajo el cuidado de la periodista zuliana Elvira Villasmil. Sus cuidados le impiden trabajar para cubrir los 900 dólares mensuales que requiere para atenderlas

La periodista zuliana Elvira Villasmil había forjado una nueva oportunidad laboral en Colombia, pero el deber y el amor familiar la obligaron a dejarlo todo y regresar a Maracaibo.

Vio su vida dar un giro drástico. Hoy, sus días transcurren entre las paredes de una casa, dedicada las 24 horas al cuidado exclusivo de su madre de 76 años y sus dos tías, de 74 y 63.

Las tres enfrentan condiciones psiquiátricas severas, dejándola sin red de apoyo familiar ni ingresos económicos para sostener una realidad que demanda más de 900 dólares mensuales solo en alimentación.

Villasmil volvió a su ciudad natal con la urgencia de no dejarlas abandonadas. Lo que no imaginaba era el nivel de dependencia absoluta que encontraría.

Entre alucinaciones y el olvido

El panorama clínico es devastador. Su madre (Elvia), de 76 años, y su tía mayor, (Alba) de 74, fueron diagnosticadas en el Hospital Psiquiátrico de Maracaibo con trastorno neurocognitivo no especificado (demencia).

Su tía menor (Yoalis tiene 63 años, pero su apariencia es la de una persona de 80; padece discapacidad intelectual —antes diagnosticada como retardo mental—, problemas para caminar e incontinencia.

“Mis días aquí en casa yo los vivo entre ilusiones y alucinaciones. Ven cosas que no existen, hay confusión, pérdida de memoria”, relata la comunicadora social, quien ha visto su rutina consumida por la cocina, el aseo, la medicación y los cuidados médicos.

Asfixia económica de $900 mensuales

Sin generar ingresos desde hace más de cuatro meses, la alimentación se ha convertido en la mayor angustia de Villasmil.

Siguiendo las directrices del médico tratante de nutrirlas adecuadamente para evitar la rápida pérdida de masa muscular, mantiene un exigente plan nutricional.

Diariamente, consumen un cartón de 30 huevos solo entre el desayuno y la cena (15 en la mañana y 15 en la tarde).

“Un cartón costaba 8.5 dólares, hoy baja a 5.5 o sube a 7. Es inconstante. Pero además hay que comprar la proteína del almuerzo: sardinas, carne roja, pollo. Por su condición de vejez necesitan alimentos que las nutran de verdad”, explica.

Todo esto suma un presupuesto que supera los 900 dólares, una cifra inalcanzable para quien no puede salir a trabajar.

Primer grito de auxilio y el silencio institucional

El 13 de mayo, la desesperación llevó a la periodista a lanzar un grito de auxilio en sus redes sociales. Gracias a su pequeña comunidad de conocidos, logró donaciones vitales: un colchón, una bomba de agua, un aire acondicionado y un congelador.

Sin embargo, es consciente de que esto no es una crisis de una semana, sino una realidad a largo plazo.

Buscando soluciones, creó la página web elviravillasmil.com. Acudió junto a una trabajadora social para entregar una carta a la Alcaldía de Maracaibo solicitando ayuda alimentaria y desmalezamiento; visitó fundaciones como Cáritas, supermercados, farmacias y agropecuarias vecinas.

Hasta hoy, la respuesta institucional y privada ha sido nula.

Un entorno que amenaza con colapsar

El drama trasciende la salud. La casa donde crecieron sus tías y su madre es hoy un entorno hostil. Los techos de zinc están perforados; el cuarto de la tía menor y el baño se llenan de charcos con cada lluvia, representando un grave peligro de caídas.

En el patio, las enormes ramas de los árboles de níspero caen sobre el techo vecino, mientras la maleza del frente desata plagas de zancudos.

Pero el mayor suplicio llega con los racionamientos eléctricos. Sin luz durante cuatro o seis horas, la casa de techos bajos se convierte en un sauna.

“Se ahogan del calor, la sensación es terrible”, lamenta Villasmil, quien urge por una estación de energía que le permita encender al menos tres ventiladores durante los apagones.

Medallas de fe y cuidado: emprender desde el miedo

El estado de hipervigilancia extrema ya ha cobrado factura: su madre logró salirse de la casa en dos ocasiones.

Recordando un episodio en Bogotá, donde su madre convulsionó en una iglesia y pudo ser auxiliada gracias a un brazalete con su número, Villasmil ideó un proyecto para protegerlas y sobrevivir.

Así nacieron las “Medallas de fe y cuidado”. Inspirada en la devoción católica de su madre, diseñó medallas con los Sagrados Corazones en el frente, y el nombre del paciente junto al teléfono del cuidador en el reverso.

Su venta es hoy una esperanza para costear la comida y los traslados en taxi a las consultas.

El llamado a la empatía

“Mi deseo es trabajar, volver a recuperar mi tiempo para generar ingresos que me permitan ayudarlas”, confiesa Elvira. Mientras ese momento llega, apela a la compasión.

La ayuda puede llegar desde cualquier rincón del mundo a través de la aplicación MoneyGram (directo a su cuenta Banesco) o contactándola en elviravillasmil.com y su Instagram @elviravillasmil.

Pero Elvira aclara que no todo es dinero: pagar una compra directamente en un abasto local, donar alimentos, ofrecer mano de obra para podar los árboles o regalar los servicios de un plomero para el baño, son actos de misericordia que pueden cambiar la vida de una mujer que sacrificó todo por amor a su familia.

Fuente: Nota de Prensa

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