
El acuerdo petrolero anunciado entre Estados Unidos y Venezuela podría darle a Washington acceso preferencial y participación en la producción futura de 17 campos petroleros venezolanos que, según las partes, contienen unos 65 mil millones de barriles de reservas probadas.
El presidente Donald Trump ha presentado el pacto como “el mayor acuerdo petrolero de la historia” y este domingo añadió otro elemento: aseguró que parte del petróleo venezolano será utilizado para volver a llenar la Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos.
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Sin embargo, los 65 mil millones de barriles anunciados permanecen bajo tierra. Convertir esas reservas en petróleo disponible para Estados Unidos —y eventualmente en una mayor oferta que pueda ejercer presión a la baja sobre los precios para los consumidores— dependerá de inversiones multimillonarias, infraestructura y tiempo.
Según los detalles divulgados hasta ahora por la administración estadounidense, el acuerdo contempla la creación de una nueva empresa privada que tendría acceso a los 17 campos petroleros. Estados Unidos tendría lo que la administración describe como un 55% de la “producción efectiva”, mediante una estructura que incluye participación en la empresa y derechos relacionados con la comercialización del petróleo.
Oswaldo Felizzola, profesor del Centro de Energía del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA), explicó que ese porcentaje debe entenderse en términos de los beneficios derivados de la producción y comercialización del crudo, mientras otra parte correspondería al pago de impuestos y a la participación venezolana.
La Reserva Estratégica
Trump aseguró este domingo que utilizará petróleo venezolano para reabastecer la Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos.
La reserva se encuentra actualmente aproximadamente al 41% de su capacidad máxima, un nivel que adquiere especial relevancia en momentos de tensión en diferentes regiones productoras de energía.
Felizzola señaló que mantener reservas suficientes es importante para la seguridad energética estadounidense ante posibles interrupciones internacionales, incluyendo una eventual intensificación de conflictos que puedan afectar rutas fundamentales para el suministro mundial de petróleo, como el estrecho de Ormuz.
Venezuela, por su cercanía geográfica con Estados Unidos, podría convertirse bajo este acuerdo en una fuente de suministro más próxima y menos expuesta a algunas de esas rutas internacionales.
Venezuela proyecta inversiones multimillonarias
Desde Caracas, Delcy Rodríguez presenta el acuerdo como una oportunidad para reactivar la economía venezolana.
Su gobierno proyecta más de 100 mil millones de dólares en inversiones y más de 209 mil millones de dólares en ingresos fiscales asociados al desarrollo petrolero. Desde Washington, el secretario de Estado Marco Rubio también ha presentado el acuerdo como beneficioso para ambos países y ha señalado que podría generar miles de empleos.
Pero llevar los campos incluidos en el pacto a niveles significativos de producción requerirá importantes inversiones en una industria petrolera venezolana cuya infraestructura necesita modernización y reparaciones.
Por esa razón, aunque el acuerdo involucra una cantidad extraordinaria de reservas, sus efectos concretos sobre la producción petrolera y eventualmente sobre los precios de la gasolina en Estados Unidos podrían tardar años en materializarse.
Cuestionamientos políticos y legales
El acuerdo también ha generado fuertes críticas entre sectores de la oposición y del exilio venezolano.
Ricardo Hausmann, economista venezolano, profesor de Harvard y exministro de Planificación de Venezuela, sostiene que Rodríguez carece de legitimidad constitucional para comprometer al país mediante un acuerdo de esta magnitud. También cuestiona que se establezcan compromisos petroleros de largo plazo antes de una transición democrática.
José Antonio Colina, presidente de la organización Venezolanos Perseguidos Políticos en el Exilio, expresó preocupación por el hecho de que Washington negocie con las actuales autoridades venezolanas sin que primero haya ocurrido una transición democrática.
Colina aseguró que para parte del exilio el acuerdo genera “tristeza” e “incertidumbre” y consideró contradictorio que Estados Unidos avance en negociaciones con funcionarios venezolanos mientras muchos migrantes venezolanos enfrentan incertidumbre sobre su situación dentro de Estados Unidos.
Otra de los interrogantes está relacionado precisamente con el futuro legal del pacto. Trump se refiere públicamente a Rodríguez como presidenta “interina”, lo que ha abierto el debate sobre qué tan vinculantes podrían resultar estos compromisos para un eventual futuro gobierno venezolano.
Todavía quedan además preguntas fundamentales, entre ellas cuándo podría comenzar una producción significativa bajo el acuerdo, cuáles serán exactamente las empresas involucradas y cómo se estructurará en la práctica la participación estadounidense.
Por ahora, las promesas son: más petróleo, inversiones multimillonarias, nuevos empleos y eventualmente una mayor oferta energética para Estados Unidos. Pero convertir 65 mil millones de barriles que todavía están bajo tierra en resultados económicos concretos podría tomar años.
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