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La hora de los segunderos

La intervención militar estadounidense en Venezuela logro capturar y procesar judicialmente a Nicolás Maduro. No obstante, a pesar del éxito militar, la situación política, económica y social del país permanece a la expectativa, bajo el mando de figuras secundarias del régimen previo, al tiempo que la Ley de Conmoción Exterior no ha sido derogada y la liberación de los presos políticos no se ha concretado.

En este contexto se critica la ausencia de una recuperación económica tangible, señalando que solo existen a tres meses de la intervención, promesas hacia una transición. En definitiva, todavía se está a la espera de que se genere un cambio democrático y una estabilidad financiera real que pare la devaluación diaria del bolívar.

De acuerdo con todos los nombramientos y designaciones que se han venido haciendo, todos han correspondido a los segundos de abordo, manteniendo así el neomadurismo las riendas del poder, a través de la permanencia en la estructura de gobierno.

A pesar de la remoción, encarcelamiento y enjuiciamiento de quien fuera la cabeza del poder, los cuadros secundarios han logrado mantenerse en los puestos de mando, lo cual impide una transición política real o cambios profundos en el sistema, conllevando a un control de la disidencia. El poder se sostiene mediante una Ley de Amnistía cuestionada, al no otorgarse una libertad total y efectiva. Estos funcionarios retienen una herramienta de presión y control sobre la oposición.

La inercia institucional

El sistema demuestra una capacidad de resistencia donde, aun tras una operación militar exitosa desde el exterior, políticamente no se registran mayores cambios, lo que sugiere que la estructura burocrática y de mando sigue bajo su control. Al mismo tiempo, la gestión de expectativas económicas bajo control representan una herramienta de poder. Los segundos al mando mantienen una estabilidad precaria basada en promesas de mejora económica, aunque estas no se hayan materializado en resultados tangibles para la ciudadanía, transcurridos tres meses de una espectacular operación militar, propia de Hollywood, lo cual se empaña por una inercia institucional y económica.

Existe una brecha entre las promesas de mejora y la realidad tangible, donde, tras promesas de transición o intentos de cambio, los resultados económicos siguen sin materializarse, manteniendo una situación de incertidumbre y falta de avances concretos para la población.

 En conclusión, la permanencia en el poder de estos actores que, en una oportunidad, fueron de segunda línea, se basa en su capacidad para preservar el aparato estatal y las tácticas de dilación y control político, incluso ante la ausencia de quien fue su figura central.

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