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Perkins Rocha: “Estoy absolutamente convencido de que las elecciones van a ser en 2027”

El lunes 26 de octubre, al día siguiente de su regreso a Venezuela tras 10 meses fuera del país, María Corina Machado, premio Nobel de la Paz 2025, subió a pie los 10 pisos que la separaban del apartamento de Perkins Rocha en Caracas, porque uno de los ascensores estaba dañado desde temprano y el otro se negó a arrancar en cuanto ella se montó. Arriba la esperaba, sin saberlo, un hombre con un grillete en el tobillo.

Por El Nacional

Rocha, abogado, exmagistrado de la Corte Primera de lo Contencioso Administrativo y asesor jurídico de Machado y de Vente Venezuela, fue detenido el 27 de agosto de 2024, un mes después de las presidenciales, y pasó en El Helicoide los 539 días que él mismo contabiliza. Desde entonces cumple arresto domiciliario, custodiado por dos policías que se relevan cada mañana frente a su puerta, sin que la amnistía decretada por el gobierno interino de Delcy Rodríguez, que ocupa la presidencia desde que Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro en enero, haya alcanzado su caso. La conversación tuvo lugar por videollamada el sábado 31 de octubre, con su esposa, la abogada María Constanza Cipriani, sentada a su lado.

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—¿Usted sabía que ella venía a Venezuela?

—No. Nos enteramos como todo el mundo, un poquito antes de las 10:30 am del sábado, cuando puso el mensaje anunciando que estaba aquí. Para ser honesto, yo estaba empezando a preparar mi corazón para que no viniera este año, porque más de una vez estuve al tanto de oportunidades en que supe que venía en camino y luego se habían abortado. Viendo los panoramas que se presentan para el año que viene, y presumiendo también los compromisos económicos que se tejieron en este tiempo, me preguntaba si acaso querían garantizarle a Estados Unidos un clima aún más favorable para su llegada, si pensaban que iba a traer intranquilidad y querían más tiempo. Al final, los acontecimientos han echado por tierra esas predicciones. Su llegada le ha dado al país un ritmo institucional distinto, que creo favorable.

—¿A qué se refiere con la expresión “ritmo institucional”?

—A las reacciones inmediatas de la administración residual. Primero la alocución de Delcy, antes de la visita a Valencia con Lacava [Rafael Lacava, gobernador de Carabobo], y luego el pronunciamiento del Departamento de Estado, que fija 2027 para un hecho electoral. Eso, por sí solo, marca un cambio.

—¿Eso está firme? No se percibe tan firme, han dicho una cosa y luego otra.

—En este momento sí. Después de la llegada de María Corina, y por la forma en que fue acompañada por algunos personajes de la administración de la Casa Blanca y del Congreso, estoy absolutamente convencido de que las elecciones van a ser en 2027. De lo que se trata ahora es de presentar obras y acciones que aceleren todavía más ese clima. Una es demostrar que podemos actualizar el registro electoral con apoyo de la tecnología nueva, incorporando el uso masivo de los celulares, que no existía hace años. El ordenamiento jurídico no prohíbe que la sociedad civil construya un registro. Lo hicimos para las primarias, y fue una de las grandes discusiones que tuvimos. Decían que era una ilegalidad, que estábamos construyendo un registro paralelo. Fuimos varios, estaba Jesús María Casal [constitucionalista, presidente de la Comisión Nacional de Primaria en 2023], estaba Guillermo Tell Aveledo [politólogo], y planteamos que hacíamos uso de las leyes que permiten la transparencia y la publicidad de la información electoral, que contiene solamente nombre, apellido, cédula de identidad y centro de votación. Esa información la bajamos de los datos públicos, que existen, aunque estén desactualizados. No es ilegal ni viola la privacidad de nadie. Podemos componer un registro electoral nuevo, mucho más completo que el último que tuvimos en 2024, e incluso empezar a trabajar en el de las personas que se encuentran afuera, que son unos 3 o 4 millones en edad de votar. Eso podría animar mucho el ambiente. La otra acción es una discusión en la calle que hemos llamado Punto de Encuentro.

—¿Esas asambleas se refieren al asunto electoral?

—No. Están referidas a un proyecto que se llama Venezuela Tierra de Gracia, sobre el país que deseamos. Son ideas sobre cómo debe ser la transición y sobre cuál es la república que queremos construir, en el entendido de que hoy en Venezuela no hay república. Hay una población carente de institucionalidad sobre un territorio, en búsqueda de una organización política que los reúna a todos, que es la república. Son asambleas hechas de una manera distinta a como se hacen comúnmente. No se llama a las personas a desahogar pasiones. Tú, como ciudadana, recibes primero el temario y lo vas construyendo, y con una votación muy sencilla se escogen los temas para tal día y se escogen los voceros. Son asambleas mucho más pequeñas, que llegan a conclusiones y votan las propuestas de la misma manera en que fuiste convocado. Eso se va a hacer en todo el país.

—¿No se corre el riesgo de crear expectativas desbordadas?

—Claro, cómo no. Es un riesgo. Pero si logramos la mitad, estamos muy bien. Se nos vendió la idea de que podemos construir un Tribunal Supremo de Justicia autónomo e independiente. Es falso, no será autónomo e independiente mientras no haya república. Pero si colaboramos para que se desmonte el Tribunal Supremo del horror que hay ahorita y logramos un Poder Judicial distinto al actual, también podemos designar un Poder Electoral, unas estructuras electorales mínimas que puedan cabalgar con estas expectativas altas. Es preferible tener expectativas altas que se frustren porcentualmente que expectativas muy bajas que vayamos satisfaciendo por debajo de la media. Tenemos que ambicionar. Lo que se despertó el domingo 25 de octubre fue un caudal de voluntad, y hay que alimentarlo. Discúlpame la comparación, pero para los creyentes es algo bíblico. Es el pueblo buscando la ley, buscando la institucionalidad, buscando cauce. Me refiero a cauces organizados. En ninguna de estas concentraciones hubo violencia. Hubo incluso un orden espontáneo llamativo en varias paradas. En Guacara, en Maracay y en Valle-Coche fue extraordinario ver cómo las personas, en el contraflujo, se paraban los que querían y seguían los que no. No hubo violencia, hubo alegría. Estamos en un momento en que debemos aprovechar todo este impulso.

—Volvamos al lunes. Ella entró a su casa y tuvo que decirle «levántate, coño».

—Entró como una tromba y yo me quedé, como dicen los llaneros, súbito, paralizado. Estaba sorprendido. Abrazarla fue muy importante. Fueron muchos momentos y mucho tiempo pensando en ella, en la oscuridad, junto con otros amigos, en cómo le estaría yendo en el tiempo que estuvo enconchada. Pensábamos que le estaba yendo muy mal. Después supimos que se fue en lancha, con sus hijos afuera, ella sola, comiendo mal, pasando frío en una lancha pelada, mojándose, que se golpeó contra el borde de la lancha. Cuántas cosas tiene que hacer una persona en estos momentos para que haya un cambio de gobierno, para que se nos respete. Con cuántas cosas hay que luchar, enemigos internos y externos, aliados que hoy son aliados y mañana cambian de rumbo. Prisión, persecución, desprecios, burlas, y siempre cabalgando un nuevo reto. Vencemos uno y sale otro. ¿Y cuándo vamos a celebrar las primarias? Y nos montamos rápido en el 28 de julio de 2024. ¿Y cuándo vamos a celebrar que todo el mundo ganó?, y entonces empieza la persecución. Siempre hay algo que nos sabotea la felicidad de celebrar los pasos que se logran dar.

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