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ABC de España | La metamorfosis ideológica de Caracas tras la captura de Nicolás Maduro

Subí al Cuartel de la Montaña, en el barrio 23 de Enero, al oeste de Caracas. La puerta estaba cerrada. Un soldado se acercó para decirme que no podía entrar: los terremotos de junio habían causado daños estructurales y no había fecha para recibir de nuevo al público. La Fundación Hugo Chávez anunció el cierre temporal en julio por los seísmos. Allí reposan los restos del expresidente desde 2013. El antiguo Museo Histórico Militar es conocido también como 4F: desde ese lugar Chávez dirigió su intento de golpe de Estado del 4 de febrero de 1992.

Bajaba la cuesta cuando una mujer se asomó a una ventana. Había visto de dónde venía. «Los rumores es que eso no lo abren más y a Chávez lo sacarán de ahí», me dijo. No hay constancia de que se haya decidido trasladar sus restos. El soldado me había dado un motivo para el cierre; la mujer, una versión sobre lo que vendría después. Ninguno sabía decirme cuándo volvería a abrirse la puerta.

En el centro todavía encuentro imágenes de Chávez, de figuras de la izquierda y de sus causas. Veo menos murales que pidan el regreso de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, capturados por fuerzas estadounidenses el 3 de enero. Antes del operativo, las consignas contra Washington eran parte habitual de los actos chavistas; ahora apenas las oigo en mis recorridos. Quedan algunas pintadas con ‘Yankee go home’, pocas en las calles por las que he pasado. La fotografía de Delcy Rodríguez con Donald Trump circula mientras esas letras permanecen en los muros.

Julvio Delgado Millar, de la Brigada Muralista César Rengifo, sigue trabajando con su equipo. Me cuenta que intentan mantener en las paredes la imagen de Cilia Flores y la petición de su regreso. Según él, es una iniciativa militante: ni el partido ni organismos del Gobierno les donan pintura u otros materiales. Los compran con aportes y donaciones; cada vez les cuesta más seguir pintando.

Zoila García trabaja en la administración pública y se declara chavista. Hablamos en el centro. «Me siento muy triste porque esto que está pasando con Chávez no hubiese ocurrido. Imagínate, ahora, después de luchar contra el imperio, ahora nos abrazamos a ellos», dice. Su tristeza va más allá de la pintura: habla de Washington.

El Partido Socialista Unido de Venezuela ha convocado una marcha para el miércoles 7 de octubre. Se cumplirán catorce años de la última victoria presidencial de Chávez, antes de su muerte en 2013. «Lo vamos a recordar en la calle», anunció Diosdado Cabello, secretario general del PSUV. Desde el 3 de enero he visto marchas que piden el regreso de Maduro y Flores. Apenas he visto a Rodríguez en sus tarimas. Está por ver si será ella quien encabece la del miércoles.

Sin calendario presidencial

Delcy Rodríguez gobierna como presidenta encargada desde la captura de Maduro. En septiembre se reunió con Trump en Nueva York y, ante la Asamblea General de la ONU, agradeció su disposición al diálogo y prometió elecciones sin dar fecha. Defendió además un acuerdo petrolero con Estados Unidos cuyo texto íntegro pidieron conocer cinco congresistas estadounidenses el 1 de octubre. Tras la fotografía con Trump, sigue sin anunciarse un calendario presidencial.

En la avenida Bolívar, las grandes imágenes de Chávez y Simón Bolívar que cubrían una fachada del Palacio de Justicia fueron retiradas en agosto. Aparecieron paños azules con «Venezuela Renace». En mis recorridos, esta frase es ahora la consigna que más encuentro en las piezas oficiales, casi siempre en azul. El rojo no ha desaparecido de Caracas, pero pierde sitio en esas fachadas y carteles.

Pintadas antiimperialistas y carteles con el lema de ‘Venezuela renace’ en Caracas.. (J. Benezra)

El nombre de la campaña apareció después de los terremotos del 24 de junio: el Gobierno puso en marcha el Plan Venezuela Renace el 7 de julio para reconstruir viviendas e infraestructuras dañadas. Ahora el lema se repite en la comunicación del Gobierno. En las comparecencias de Rodríguez que he seguido predominan el azul y el blanco; en esos fondos no veo fotografías de Chávez ni de Maduro. No prueba una orden general de retirar retratos. Los daños del cuartel tampoco son una prueba política: son el motivo comunicado para cerrarlo. La sustitución de las imágenes del Palacio de Justicia sigue sin tener una explicación oficial detallada.

Los retratos presidenciales

En las apariciones públicas recientes del alto gobierno y de los mandos de la Fuerza Armada que he seguido ya no escucho los viejos cierres: «Leales siempre, traidores nunca», «Patria, socialismo y vida», «Chávez vive». Antes de la captura de Maduro eran un remate habitual de sus intervenciones; ahora han dejado de serlo en las que observo. Eso no significa que nadie vuelva a pronunciarlos.

La retirada de retratos tampoco encuentra a todos los chavistas de acuerdo. Freddy Bernal, gobernador de Táchira, ordenó en junio conservar los de Bolívar, Chávez y Maduro en las oficinas dependientes de su gobernación. Era una instrucción para ese estado. Iris Varela, diputada chavista y exministra, tomó otra vía en X: citó el «que nada nos divida» de Chávez para reconocer los esfuerzos de Rodríguez y elogió su discurso ante la ONU. En un hilo sobre el petróleo defendió que la negociación comercial beneficiara al país y pidió el retorno de Maduro. No habló allí de los retratos del Palacio de Justicia.

Pablo Andrés Quintero, politólogo al que entrevisté después de la reunión con Trump, cree que la fotografía puede reforzar una identidad gubernamental más ligada a Rodríguez que a Maduro. También, dice, «puede incluso generar fricción entre sectores ortodoxos dentro del chavismo», apegados al relato del enemigo imperialista. No anuncia una ruptura: describe la dificultad de conservar aquel discurso mientras la presidenta encargada negocia con Washington.

«Me siento muy triste porque esto que está pasando con Chávez no hubiese ocurrido. Imagínate, ahora, después de luchar contra el imperio, ahora nos abrazamos a ellos«, Zoila García- Funcionaria chavista

La oposición plantea otras objeciones. Edmundo González, candidato presidencial de la oposición en 2024 y exiliado en España, escribió en X que «la forma puede cambiar mientras el fondo permanece» al comentar un informe de la ONU sobre derechos humanos. María Corina Machado cuestionó quién y con qué legitimidad acuerda el futuro del petróleo venezolano, aunque defendió a Estados Unidos como socio estratégico. Ninguno de los dos hablaba de los retratos.

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Alberto News

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