Mientras Venezuela cuenta sus muertos, retira los escombros de los edificios derrumbados y comienza la larga recuperación de los devastadores terremotos del mes pasado, ha surgido otra consecuencia del desastre: las mascotas que quedaron heridas, huérfanas o separadas de sus dueños.
Tibisay Romero y Genevieve Glatsky / The New York Times
Los voluntarios están reuniendo a perros y gatos con familias que habrían perdido a sus parientes, sus hogares y casi todo lo demás. Otros cuidan a mascotas cuyos dueños están desaparecidos o fallecidos, o tratan de ayudar a las familias que no tienen cómo cuidar de sus animales.
“Todo el mundo se estaba abocando a rescatar, pero también hay personas que lograron salir con sus mascotas y no tienen el sustento, el alimento para darles”, dijo Nieves Peña, directora de una organización de rescate animal, Mi Primer Rescate.


En el estado costero de La Guaira, que fue el más afectado por los sismos, “todo está cerrado, todo está destruido”, dijo Peña, “no hay dónde comprar Perrarina ni proteína”.
Su organización, con sede en la ciudad de Valencia, viajó a La Guaira el día después de los terremotos del 24 de junio para tratar a animales heridos, distribuir comida para mascotas a familias desplazadas y crear una red de hogares de acogida en tanto ubicaban a los dueños de las mascotas.
Aun cuando las personas que sobrevivieron al desastre están lidiando con el trauma de perder a sus seres queridos y no tener un hogar, las mascotas sobrevivientes también enfrentan desafíos.
“Hay mucho estrés para los animales”, dijo Peña, “cambios de clima, de espacios. Eso los puede inmunosuprimir y eso puede traer enfermedades virales”.
Ludeimar Rosendo, una veterinaria que viajó desde la ciudad occidental de Barquisimeto para ser voluntaria en una clínica improvisada en un restaurante McDonald’s en La Guaira, dijo que había atendido o realizado cirugías a unos 700 animales desde el desastre, y que cada día llegaban de 20 a 30.


Algunos reencuentros entre dueños y sus mascotas se produjeron después de días de incertidumbre.
Cuando ocurrieron los terremotos, Osdalys Santana, su esposo y su hijo adolescente regresaban a casa de su puesto de comida en la playa Los Cocos en La Guaira. Sus dos hijos menores estaban en casa en el octavo piso de un edificio de apartamentos con las dos perras de la familia, Luna y Canela.
Aunque el edificio se derrumbó, los dos niños fueron rescatados, pero las perras no aparecían por ninguna parte. Santana se preocupaba por Luna, su mezcla de pincher de 5 años que se asustaba con el sonido de los petardos y a la que nunca le había gustado estar afuera. En casa, dijo, Luna era una mascota familiar consentida a la que le encantaba dormir y acurrucarse, e incluso se subía a una silla para comer en la mesa.
No tenía idea de que los rescatistas habían sacado a Luna de los escombros.
Mientras Santana estaba en un hospital en Caracas con su hijo, que tenía una pierna fracturada, a Luna la atendieron voluntarios y la ubicaron con una familia de acogida.
Santana publicó fotografías en línea, con la esperanza de que alguien hubiera visto a Luna. Finalmente, alguien la reconoció.
“Luna, desde que llegó a nuestras vidas, es una hija más. La queremos muchísimo, la amamos mucho, con mis hijos es otra cosa, especial”, dijo.
“Gracias a Dios, estamos felices de tenerla con nosotros”.
Canela sigue desaparecida.
“Tengo fe que en algún momento la voy a encontrar y a recuperar”, dijo Santana.


Si bien los perros de rescate entrenados han desempeñado un papel crucial en los esfuerzos de búsqueda, la mascota de una familia en La Guaira también pudo haber ayudado a salvar una vida.
Cuando un perro de un año llamado Toby escapó de los escombros de un edificio, siguió evadiendo a los rescatistas a pesar de estar herido, y en lugar de eso corría repetidamente al mismo lugar entre los escombros, según los vecinos en el edificio.
Buscaron allí y descubrieron a un niño de 11 años, Kenger García, atrapado bajo el edificio derrumbado donde había sobrevivido durante 78 horas, deshidratado y magullado, pero vivo.
Toby era el perro de la familia García.
La tía de Kenger, María Sandoval, publicó fotos de Toby en redes sociales hasta que fue identificado. Peña, la directora de Mi Primer Rescate, le devolvió ella misma el perro a Sandoval.
“Toby realmente fue el que ayudó a salvar a su dueño”, dijo Sandoval. “Él fue quien hizo posible que en medio de tantos escombros sospecharan que había alguien con vida”.
Para Andrea Villasana, de 24 años, una fisioterapeuta que viajó desde el oriente de Venezuela a La Guaira con un convoy de voluntarios para entregar donativos, una cachorra asustada se convirtió en una rara fuente de alivio luego de días rodeada de devastación.
Encontró a la perra corriendo entre el tráfico y los edificios dañados antes de que otros voluntarios la atraparan. Cuando buscaban infructuosamente al dueño de la perra, los vecinos comenzaron a detenerse para acariciarla. Un hombre insistió en darle la mitad de la arepa que se estaba comiendo.
Más tarde esa noche, los residentes exhaustos se reunieron alrededor de la perra, sacaron linternas para verla y le dieron de comer trozos de atún y comida para perros.
“Realmente a todos les cambió la cara, es como estar todo el día esperando buenas noticias o ver algo que te diera un poquito más de esperanzas”, dijo Villasana. “Que sonrían pese a todo”.

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