
La línea azul y la línea roja se alejan cada vez un poco más. Desde el 1 de septiembre, comienzo oficial de la recta final de la campaña, hasta este lunes, víspera de las elecciones, la intención de voto entre los estadounidenses ha aumentado en unos tres puntos a favor del Partido Demócrata, según los promedios de encuestas.
Esta ventaja es decisiva: son más de ocho puntos en la papeleta genérica a la Cámara, lo mas cercano a una lecturra general pues pregunta por el partido y no los candidatos específicos que se la juegan en cientos de elecciones en cada rincón del país. La imagen es la de la llamada “ola azul” —aunque existen dudas sobre la certeza de los sondeos— en unos comicios que el presidente ha planteado como un referéndum sobre sí mismo.
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El voto genérico a la Cámara
Lo ha repetido en cada uno de los 28 mítines que ha dado en los últimos dos meses, comenzando con la inédita convención republicana que celebró en septiembre en Dallas, la primera vez que se celebraba en un año de midterms, bautizada Trump-a-palooza. “Hagan de cuenta que estoy en la papeleta”, ha sido el mantra del presidente, que confía ciegamente en su capacidad de movilizar a las bases a pesar de apenas superar el 30% de aprobación según algunas encuestas (el agregador de EL PAÍS sitúa su popularidad en el 37%).
Trump ha concentrado sus actos en Estados que, sobre el papel, deberían ser seguros para los republicanos, lo cual ha llevado a los analistas a hacer diferentes interpretaciones. Algunos señalan que es evidencia de la debilidad de la marca Trump, y que sería una maniobra de los estrategas para mantenerlo alejado de las carreras más disputadas.
Otros apuntan a lo contrario. Con sus intervenciones en Texas, Iowa o Kansas, Estados que decidirán el futuro del Senado, la campaña del presidente se interpreta como una reacción ante sondeos que no pintan tan bien como deberían.
La aprobación de Trump
La línea es el promedio de Silver Bulletin, que pondera cada sondeo según la calidad de la encuestadora, el tamaño de la muestra y la fecha, y corrige la inclinación habitual de cada casa. La banda sombreada es su margen de incertidumbre. Cada punto es una encuesta.
Al empezar su segundo mandato, en enero de 2025, aprobaba su gestión el 51,6% y la desaprobaba el 40%.
Si el presidente ha planteado las elecciones de medio término como un referéndum sobre su movimiento, los demócratas también.
Los candidatos del Partido Demócrata se han ido fortaleciendo en los sondeos semana tras semana, con campañas enfocadas en la gestión económica del presidente, que no ha aliviado los bolsillos de los estadounidenses como prometió en 2024, y en la guerra en Irán, que ha aumentado el precio de los combustibles. La rampante corrupción de la Administración y la familia del presidente también ha ido ganando relevancia como preocupación para los votantes.
Ese cambio, de unos tres puntos, podría resultar siendo decisivo, pues es lo que vuelve posible una mayoría demócrata del Senado, que hace unos meses parecía una fantasía.
Siempre fue probable que la Cámara de Representantes, en donde los republicanos tienen una ínfima mayoría —218 escaños, frente a 214 de los demócratas, uno independiente y dos vacantes—, pasara a manos de la oposición; históricamente, en las elecciones de medio mandato, el partido del presidente siempre pierde escaños en la Cámara Baja, que se renueva por completo cada dos años. Este 2026 no será la excepción. Los sondeos prevén que los demócratas sumarán 18 escaños, con lo cual lograrían una mayoría cómoda. Ningún pronóstico da menos de 80% de probabilidad a una victoria demócrata en la Cámara de Representantes.
Qué dicen los modelos sobre la Cámara
El Senado, en cambio, entró en juego realmente tras el fin de las primarias en el verano. Aquí la ventaja de los republicanos parecía más segura, pues los demócratas necesitarían reconquistar varios Estados en los que Trump había ganado por más de 10 puntos a Kamala Harris en 2024.
Pero, precisamente, la impopularidad del presidente, así como una cohorte de candidatos débiles y escogidos a dedo por Trump en territorios clave —notablemente Ken Paxton en Texas y Darlene Graham en Carolina del Sur—, ha hecho que el tablero se vea mucho más amigable para los demócratas y que las encuestas, aquí también, auguren una mayoría azul.
Los sondeos agregados proyectan que el Partido Demócrata logrará voltear cinco escaños republicanos y ubican otros cinco —todos actualmente republicanos— dentro del margen de error o en empate técnico. Los expertos advierten si los sondeos se equivocan, tienden a equivocarse en cadena y favorecer al mismo partido.
En estas batallas, las particularidades de cada contienda hacen más difícil una lectura general: las preocupaciones de los votantes de Texas distan mucho de las de Maine, al otro extremo del país. Aun así, hay un hilo de pragmatismo más bien centrista que une a la mayoría de los candidatos demócratas que lideran en las encuestas, desde Adam Hamilton en Kansas hasta Mary Peltola en Alaska; con la única notable excepción de Abdul El-Sayed, el progresista de Míchigan que busca convertirse en el primer senador musulmán de la historia del país.
Quién va por delante en cada Estado
Sin embargo, las novedades de los últimos días aún pueden cambiar el escenario. Precisamente en Alaska la saga desencadenada por una polémica maniobra demócrata podría afectar las posibilidades de los demócratas. El Departamento de Justicia pedía descartar las papeletas a favor de un candidato homónimo al actual senador republicano que está buscando la reelección, Dan Sullivan. Y después, The New York Times reveló que la entrada del segundo Dan Sullivan fue impulsada por la campaña de la demócrata Peltola. Este domingo una jueza desestimó la petición del Gobierno de Trump de bloquear los resultados, pero el episodio aún podría pasarle factura a Peltola en las urnas.
Y, en Míchigan, la perdedora de las primarias demócratas, Haley Stevens, desencadenó un terremoto político al apoyar públicamente al candidato republicano, Mike Rogers, sobre El-Sayed, con quien libró una cruenta batalla en aquellos comicios. Fue una sorpresa que puso fin a días de vaivenes, en los que primero por fin respaldó a El-Sayed, tras meses de silencio, para luego retractarse después de que este le pidiera que no apareciera con él en un acto. Aunque El-Sayed lidera los sondeos por más de tres puntos, la ruptura con Stevens podría restarle el apoyo de sus seguidores.
Las carreras más ajustadas
Ventaja en el promedio de encuestas en las carreras con 10 puntos o menos de diferencia y en las que el escaño cambiaría de partido
En términos generales, sin embargo, los demócratas respiran con una indudable confianza, ”nauseabundamente optimistas”, según dijo el senador demócrata de Georgia Raphael Warnock a CNN. Aunque también hay cierta dosis de cautela, dadas las dudas que recaen sobre las encuestas y los encuestadores, que han fallado tan estrepitosamente en varias ocasiones en la última década, en ocasiones subestimando el poder electoral de Trump. La diferencia en esta ocasión es que la ventaja demócrata es muy notable. Tanto, que incluso un error de dos puntos a favor de los republicanos resultaría en una mayoría demócrata en ambas cámaras del Congreso.
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