
María Corina Machado regresó a Venezuela después de casi diez meses fuera del país, en un movimiento que vuelve a situar el futuro político venezolano en el centro de la relación entre Caracas y Washington.
Por Bloomberg Línea
Su llegada coincide con las negociaciones entre el gobierno de Delcy Rodríguez y un sector de la oposición, pero también expone diferencias sobre el ritmo de una eventual transición, las condiciones para convocar elecciones presidenciales y quiénes deben participar en ese proceso.
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El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, presentó el retorno como un resultado de las conversaciones de reconciliación respaldadas por Washington. Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea Nacional electa en 2015 y jefa de la delegación opositora en la mesa de diálogo con el chavismo, también atribuyó al proceso parte del resultado.
El presidente Donald Trump, en cambio, dijo que desconocía los detalles del regreso, expresó su deseo de que Machado estuviera a salvo y destacó que a Estados Unidos le estaba yendo bien en Venezuela, sin anunciar nuevos compromisos electorales.
Las distintas reacciones reflejan las tensiones en torno a la estrategia para avanzar hacia una transición. Mientras Rubio y Figuera reivindican las negociaciones como una vía para conseguir garantías políticas y facilitar el regreso de dirigentes opositores, Vente Venezuela reclama que el proceso se traduzca en una fecha electoral y cuestiona la representatividad de la mesa.
“La agenda de María Corina busca lograr un gran acuerdo de unidad nacional, encontrarse con todos los sectores, prepararse para una fase transicional y ejercer presión para que se fije de una vez un cronograma electoral”, afirmó Henry Alviarez, coordinador nacional de Vente Venezuela, en una entrevista radial este lunes.
Alviarez también cuestionó el funcionamiento de las conversaciones con el chavismo. “Con mucho respeto lo digo: la mesa de negociación se ha convertido en un “taburete” porque no está escuchando a la gente”, señaló. Su posición plantea una diferencia con la estrategia de la delegación de Figuera: aunque Vente Venezuela apuesta por un acuerdo nacional, considera que las negociaciones deben responder a las demandas ciudadanas y avanzar hacia la definición de un calendario electoral.
La tercera ronda de las conversaciones entre el chavismo y los representantes opositores cerró la semana pasada. Figuera sostuvo un encuentro en el Palacio de Miraflores con la presidenta encargada Delcy Rodríguez, en medio de cuestionamientos.
Una vuelta precedida por negociaciones y presiones en Washington
El regreso de Machado estuvo precedido por varios intentos frustrados. Según fuentes citadas por el diario español ABC, la dirigente entró a Venezuela desde Colombia, en su segundo intento de regresar por esa vía y el noveno desde junio.
El mismo medio informó que la Administración Trump estuvo dividida hasta el último momento y que legisladores de Florida presionaron a la Casa Blanca al advertir sobre el coste político de proyectar la imagen de que Washington bloqueaba el retorno de la ganadora del Premio Nobel de la Paz, a pocos días de las elecciones estadounidenses del 3 de noviembre.
El analista y exdiplomático turco Imdat Oner planteó otra interpretación sobre las condiciones del regreso. En declaraciones a la emisora pública estadounidense WLRN, sostuvo que, a su juicio, hubo negociaciones a puerta cerrada sobre cómo actuaría Machado después de volver a Venezuela.
“Creo que no presionará tan fuerte por un cambio rápido, un cronograma electoral acelerado, como muchos podrían asumir”, dijo Oner.
El analista considera que la dirigente podría adoptar una estrategia más gradual en un contexto en el que Washington busca mantener abiertas las conversaciones con el Gobierno de Rodríguez. Sin embargo, su interpretación no confirma que Machado haya aceptado retrasar sus exigencias electorales.
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