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El regreso de María Corina Machado sacude el tablero político y mete presión a una transición en Venezuela

El regreso de María Corina Machado a Venezuela viene a producir un claro estremecimiento en el tablero político venezolano. La fundadora de Vente Venezuela y Premio Nobel de la Paz, hasta hace poco todo un tabú en el debate público local, llega decidida a hacer planteamientos, a recorrer el país y a impulsar una consulta electoral. Su retorno es todo un revulsivo, en virtud de su incuestionable capacidad de convocatoria. Con su sola presencia, Machado le plantea un reto político y social al chavismo en las calles, y acaso podría precipitar los tiempos para concretar la transición a la democracia. Su retorno —como otros eventos que se han venido concretando en la nación luego del 3 de enero de 2026— lucía inconcebible hace pocos meses.

El Gobierno chavista de Delcy Rodríguez —que durante estos meses, junto a algunos actores internos de la propia oposición, hizo lo posible por mantener alejada a Machado del debate político nacional— ha decidido dejar pasar la llegada de la dirigente, invocando un discurso democrático-reformista que enaltece los valores de la tolerancia. El chavismo acaba de ceder en una de sus condiciones fundamentales para cualquier intercambio político en estos meses y años. Rodríguez tiene ante sí el reto de administrar las circunstancias y plantar cara a las demandas de Machado sin que se le desborde el descontento social acumulado.

La líder opositora partió de Panamá este jueves y llegó a Colombia este fin de semana. A mediodía del domingo se supo de su presencia en la ciudad de Barquisimeto. El arribo de Machado a Venezuela, sin embargo, abre nuevas interrogantes y trae consigo zonas de incertidumbre. Las cosas no van tan rápido como la gente quisiera, ni como ella lo exige. Estados Unidos ha demostrado que tiene su métrica, sus prioridades en la transición y sus negocios en la agenda; en varias ocasiones, el tono firme e imperativo de la dirigente parece haber estorbado a Washington.

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Machado enfrantará nuevos desafíos en los próximos meses. Uno de ellos es crear una corriente, una especie de idea-fuerza, que oriente el debate local hacia la formalización de un cronograma electoral. El otro es desafiar al oficialismo de forma no violenta, aun a sabiendas de que el aparato represivo del chavismo sigue intacto.

Los expertos consultados coinciden en afirmar que la capacidad de convocatoria de Machado puede desgastarse sin la ausencia de acuerdos. Carmen Beatriz Fernández, profesora de la Universidad Simón Bolívar y la Universidad de Navarra, piensa que el regreso de Machado a Venezuela “acelera los tiempos de la transición” y potencialmente puede multiplicar las demandas ciudadanas en torno a la concreción de un cronograma electoral. “Es una iniciativa que pone a prueba al ‘rodrigato’”, afirma. “Ellos tendrán que decidir qué hacen con el paso dado. Lo mismo la administración Trump: el hecho de que María Corina haya entrado por Colombia y no por Maiquetía indica que Estados Unidos no formó parte de la operación de ingreso”, agrega.

Fernández piensa que es importante anotar que este paso lo ha dado Machado una semana antes de las elecciones legislativas de midterm en los Estados Unidos, las cuales se presentan cuesta arriba para Trump y el Partido Republicano: “No va a decidir la contienda, pero sí puede mover unos votos en una u otra dirección en plazas comprometidas”. La analista política avizora que el juego de Delcy Rodríguez, en respuesta, “será ralentizar todo y apostar al desgaste de María Corina, en el entendido de que no está en campaña, no puede estar todo el tiempo de giras y no hay fechas todavía. Las cosas pueden ser costosas”.

Por su parte, Phil Gunson, analista del International Crisis Group, cree que el regreso de Machado no fue una decisión solitaria. Que se produjera “antes y no después de los midterms”, y que la dirigente entrara por Colombia —cuyo Gobierno es aliado de Trump—, le indica “que le dieron luz verde desde Washington”. Según su análisis, lo que inclinó la balanza fue la política interna estadounidense. Trump, que está “muy mal en las encuestas”, lleva días buscando “algún triunfo en política exterior” que ayude a sus candidatos, y en el sur de Florida, donde el voto venezolano pesa, la alianza con Delcy Rodríguez y las trabas al regreso de Machado le han restado apoyo.

Para Washington, sin embargo, la jugada no está exenta de riesgos. El principal es “que se descarrile el proceso político”, en el que Machado no ha participado, pero en el que pretende meterse. Por eso Gunson imagina que le han dado instrucciones de “andar con mucho cuidado para no alborotar el avispero”. El retorno, añade, también refuerza la tesis de que el peligro de una reacción represiva del régimen “ya ha sido neutralizado”. Cuando Machado estaba en el país, la política del Gobierno era “no victimizarla, pero mantenerla bajo amenaza constante”, recuerda el analista. Pero eso era antes del 3 de enero, y en estas nuevas circunstancias “no va a ser fácil para ellos controlar la situación”, añade. Su presencia pondrá “un elemento de mayor presión” sobre las negociaciones, pero también la expone a ella. Si se demuestra que la gente no está dispuesta a “salir en masa a exigir una elección”, su liderazgo quedará tocado. Y si no logra transmitir “un mensaje un poco más matizado que ‘elecciones ya’”, podría convertirse en “un factor de desestabilización”.

La mesa de negociación que sostiene este proceso democratizador desde agosto tenía un tiempo en estancamiento, observa Marisela Betancourt, politóloga de la Universidad Central de Venezuela. “La llegada de María Corina es disruptiva, la salva de ese proceso de ‘guaidoización’ [aludiendo a Juan Guaidó] que se le estaba configurando. Hay una imagen ineficaz que rondaba sobre ella por no poder desplazar al chavismo en el poder y por no cumplir con las promesas electorales frente al fraude, con aquello de ‘hasta el final’. Ahora se le abre una nueva oportunidad”, afirma. “Las condiciones en las que ha entrado al país son fundamentales para entender los escenarios que se vienen próximamente”, agrega Betancourt. “Si ella entró sin el aval de Estados Unidos y tiene capacidad de movilización, tendrá legitimidad y peso político para exigir democracia y elecciones. Si entró con la venia de Washington, tendrá que plegarse al plan de las tres fases de Washington y se puede debilitar su liderazgo en el mediano plazo, diluido en una creciente frustración y desafección política”.

El abogado y analista en relaciones internacionales Mariano De Alba resalta que Machado había cultivado una fuerte relación y tiene ascendencia con congresistas republicanos como Rick Scott, a los que había logrado convencer de su tesis sobre la transición frente a Donald Trump, quien la había relegado en el proceso. Estos son sectores en los que la alianza estrecha con Delcy Rodríguez estaba incomodando. El impedimento al regreso de Machado también estaba generando tensiones para la Administración de Trump, y era pregunta obligada en entrevistas en los medios y encuentros con sus funcionarios. “Esto lo que parece ser es un acuerdo a tres partes entre Estados Unidos, el Gobierno de Delcy Rodríguez y Machado”, apunta De Alba, quien subraya que lo que Rubio dejó claro en su primera declaración es que espera que apoye las conversaciones de la mesa de diálogo como “la mejor oportunidad que Venezuela ha tenido en treinta años de lograr pacíficamente no solo una elección libre y justa, sino una democracia duradera”.

“En la óptica estadounidense, lo dicho muestra que han estado de acuerdo con que regresara, pero que ella va a comprometerse a respetar los plazos y términos de la mesa de conversación”, apunta De Alba. Los términos de ese acuerdo también quedan confirmados en la declaración oficial de Vente Venezuela en la que agradecen a Trump y a Rubio, y también al Congreso de Estados Unidos, y recalcan que Machado viene a contribuir con el proceso iniciado el 3 de enero y las líneas trazadas por Washington, y que su regreso debe constituir “una señal de confianza y compromiso” hacia los aliados internacionales “para garantizar una transición ordenada, sostenible y con garantías para todos los sectores”.

El cálculo político que pudiera estar haciendo Trump con las elecciones de medio mandato a la vuelta de la esquina, como plantea Gunson, es otro en el Palacio de Miraflores y su apuesta al desgaste de Machado, un liderazgo forjado sobre todo para elecciones. “Para el chavismo la apuesta es a que el apuro de Machado y la expectativa sobre la fecha de las elecciones no se vaya a cristalizar pronto y que eso tenga un costo político para ella”, apunhttps://elpais.com/noticias/ataque-estados-unidos-venezuela/ta De Alba. En sectores del chavismo, advierte, el regreso también va a generar una incomodidad que tendrán que gestionar los hermanos Rodríguez, quienes no tienen, necesariamente, el control de la fuerza ni de las facciones más radicales.

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Alberto News

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