Sin minimizar los enormes desafíos económicos y políticos de Venezuela, hay algo que no podemos perder de vista: tenemos una oportunidad real de reorientar la economía en paralelo a la negociación y transformación política institucional que la mayoría desea.
No hay que detener un proceso para que avance el otro. Caminan juntos, aunque a ritmos distintos. Es obvio que la política necesita más tiempo para ser estable y lo tendrá.
Pedirle a la gente que aguante más crisis económica para forzar un cambio político no es justo ni creíble. No lo es para quien hoy se pregunta cómo pagar el mercado, conseguir empleo, mandar a sus hijos al colegio o sobrevivir a los apagones. Eso ya lo vivimos.
Y los hechos muestran que el país avanza por encima de su debate:
• Más de 60 contratos petroleros firmados, con licencias y bajo estándares internacionales de compliance.
• Decenas de valoraciones de empresas para inversionistas que deciden entrar al mercado venezolano en diferentes sectores y están comenzando sus procesos, que también requieren tiempo.
• Multilaterales abriendo mecanismos de apoyo que se convertirán en recursos frescos para atender los principales bloqueadores económicos y sociales que tiene el país.
• Una propuesta de reestructuración de deuda en camino, sin duda ruda y compleja, pero con oportunidades de resolver el principal bloqueado al financiamiento internacional.
• Un Caracas Summit hoy con asistencia récord de inversionistas internacionales que están aquí porque creen que hay una opción concreta de negocios pese a los inmensos retos pendientes (y tienen razón)
Eso no significa que la gente ya resolvió su vida (y sería absurdo esperar que ya hubiera ocurrido). Mientras escribo, se fue la luz en Maracaibo, Barquisimeto o Valencia. El reto es convertir esta mejora de percepción en mejora de vida. Y eso exige abrirse y promover la inversión privada ahora mismo. No podemos esperar.
Más inversión no frena el cambio el cambio político: lo impulsa y lo hace sostenible. No se trata de congelar las demandas políticas, sino de darles viabilidad, estabilidad y paz.
Los venezolanos merecen esperanza basada en hecho.
Luis Vicente León: sin prisa pero sin pausa












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