
Unas 900.000 flores frescas colgadas de paredes, columnas y techos, latas de caviar para cada invitado, Dom Pérignon, tres trajes de novia y una orquesta de 30 músicos. El salón de baile del hotel Waldorf Astoria de Nueva York acogió en septiembre una boda montada en menos de tres meses y que costó en torno a 10 millones de dólares, según la prensa estadounidense. Era la semana de la Asamblea General de la ONU, con Manhattan llena de jefes de Estado y diplomáticos, y la fiesta reunió a grandes figuras del poder estadounidense, oligarcas, políticos congoleños, al rapero Nelly sobre el escenario y hasta al exboxeador Mike Tyson. Pero la celebración congregó, sobre todo, a la plana mayor del trumpismo: el fiscal general, Todd Blanche; el director del FBI, Kash Patel, y el asesor legal de la Casa Blanca, Will Scharf. Una boda MAGA de revista.
La resaca de aquella fiesta pasó, pero la pareja lleva más de una semana acaparando titulares. Ya no tanto por su suntuosa boda, sino por sus relaciones y, sobre todo, por la batalla cruenta que se ha desatado tras esta unión de cuento de hadas. La novia, Alina Habba, de 42 años, fue abogada de Donald Trump. El novio, Turhan Mildon, que dice tener 29 años —aunque hay documentos que le atribuyen 25—, es un inversor turco que hizo negocios en Venezuela gracias a Alex Saab, el testaferro de Nicolás Maduro. La pareja se conoció a finales de 2025 en el Kennedy Center de Washington y empezaron a salir a comienzos de 2026. Y en medio de este fugaz romance ha irrumpido un antiguo amigo de los novios, Richard Grenell, exenviado especial de Washington en Caracas, al que ahora se entiende por qué nadie invitó a la fiesta.
ADVERTISEMENT
Lo que parece una telenovela turca es, en el fondo, una pelea por Venezuela. Semanas después de la boda, el pasado 9 de octubre, Habba entró en el Despacho Oval para acusar a Grenell de hacer desaparecer millones de dólares que le había transferido su recién estrenado marido. No lo hacía en una ocasión cualquiera, sino justo un día después de que The New York Times enviara a su esposo una serie de preguntas sobre sus negocios en Venezuela.
El relato de Habba, según Axios y el Times, es que en la primavera de 2025, Grenell convenció a Mildon de transferir 17,6 millones de dólares a TX-AT, una empresa texana de seguridad y defensa, para la que Grenell trabajó como consultor en 2024. Los detalles del negocio que habría detrás siguen sin estar claros, pero según plantea Axios, Grenell envió un mensaje en el que prometía premiar esa inversión con acceso al presidente de Estados Unidos, a eventos VIP y a funcionarios de la Administración. De ese total, 5,6 millones serían una donación al Kennedy Center, que entonces dirigía Grenell, pero el dinero nunca llegó.
El enredo ha ido creciendo estos días. La transferencia, según The New York Times, en realidad no salió de Mildon, sino de una cuenta vinculada al Gobierno del Congo, cuyo presidente contrató al empresario turco como asesor. Grenell califica todo de absurdo, niega los mensajes y asegura que nunca recibió un centavo de Mildon.
El pulso en Venezuela
La trama trasciende las cuitas del poder de Washington y expone a dos hombres que intentaron sacar partido del pulso que Estados Unidos le echó al chavismo y que acabaron arrollados por la caída de Maduro. El pasado 12 de octubre, The New York Times publicó una jugosa historia en la que se daban los primeros detalles de la disputa que estaba por desatarse. En ella se relacionaba al inversor turco con el testaferro Saab y se contaba que, en junio, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez —la misma que entregó a Saab a Washington— habría dado la orden de congelar los contratos de Mildon en el país. Rodríguez alegó incumplimiento de los objetivos de inversión, pero el castigo, según el Times, no duró mucho. La mandataria chavista dio marcha atrás en cuanto supo quién era la mujer a la que había conquistado el inversor turco al que estaba intentando apartar.
El protagonismo del Kennedy Center convierte esta historia en un asunto personal para Trump, que se autonombró presidente de su junta. Según ha ido revelando la prensa estadounidense, Trump ya se había desencantado con Grenell por la acumulación de titulares negativos sobre la institución. El presidente anunció su salida en marzo de este año, y antes, en noviembre de 2025, los senadores demócratas habían abierto una investigación contra él y la dirección del centro por amiguismo y corrupción, que Grenell rechazó. Esta vez, Trump encargó el caso a Will Scharf, su asesor legal, uno de los ilustres invitados a la boda. El abogado de Mildon le entregó mensajes de texto y un comprobante de transferencia. En uno de los mensajes, de mayo de 2025, Grenell supuestamente decía que quería convertir a Mildon en la cara estadounidense en Venezuela.
La fórmula del éxito
Mildon creció en una pequeña ciudad cercana al estrecho de los Dardanelos, donde su familia tenía talleres mecánicos y gasolineras. Su fórmula la resumió este mes a Forbes Turquía con un juego de palabras en inglés: antes importaba el know-how, el saber hacer, y ahora importa el know-who, a quién conoces. La premisa la aplicó al casarse en 2021 con la hija de un magnate de la construcción cercano al presidente de Turquía, Recep Erdogan. Después, en el Congo, donde en 2023 comenzó a asesorar al presidente Félix Tshisekedi, obtuvo un pasaporte diplomático y ganó grandes obras públicas. Y, en junio de 2025, apenas unos meses después de su divorcio, Mildon se comprometió con María Eugenia Ceballos, hija del almirante Remigio Ceballos, según le dijo al Times el propio portavoz del empresario. Ceballos fue durante años el jefe operativo de la Fuerza Armada venezolana, un hombre sancionado por EE UU por corrupción y violaciones de derechos humanos.
A finales de 2023, Mildon aterrizó en Caracas y encontró a su gran padrino. Alex Saab acababa de volver de una cárcel estadounidense tras un canje de presos con la Administración Biden, y unos meses después Maduro lo nombró ministro de Industria, encargado de tratar con los inversores extranjeros. En marzo de 2025, Saab le adjudicó la operación de las cementeras estatales. Meses después, le entregó un negocio de camarones expropiado a su fundador, encarcelado tras ser acusado de financiar a la oposición. Mildon presumía ante Forbes Turquía de producir 4,5 millones de toneladas de cemento al año, el triple de lo que produce todo el país según datos vistos por el Times. En junio visitó una cementera con la camisa roja del chavismo y se fotografió con los pulgares en alto, al estilo Trump. Su grupo empresarial aseguró en un comunicado que no hay ninguna cancelación en sus contratos y que su volumen de negocio sigue creciendo.
Mildon no solo hizo negocios con Saab, sino que también intentó vender sus virtudes a Washington. Según The New York Times, el turco dedicó meses a intentar estrechar lazos entre el testaferro de Maduro y republicanos del círculo de Trump. Varias personas que se reunieron con Mildon antes de la captura del autócrata, el pasado 3 de enero, contaron al diario que lo elogiaba y lo presentaba como “el principal operador del poder en Venezuela y la clave para una resolución pacífica del conflicto con Estados Unidos”. La Administración Trump llegó a estudiar sancionar a Mildon, según dos personas que participaron en esas conversaciones. Su portavoz lo calificó de “rumor totalmente falso y malicioso”, y un funcionario de la Administración también puso en duda que se hubieran planteado sanciones.
Grenell, por su parte, se había erigido como el hombre del diálogo en Venezuela. En enero de 2025, el diplomático se sentó con Maduro en Miraflores y volvió con seis estadounidenses liberados. Se vendió como su gran mérito, aunque detrás también estaba Harry Sargeant III, un magnate petrolero estadounidense que ha sido apartado por Washington. Durante meses, Grenell defendió que un acuerdo con el chavismo era posible, incluso abriendo el petróleo venezolano a cambio de que Maduro siguiera en el poder.
Mildon y Grenell eran aliados de una misma causa y defendieron la supervivencia del chavismo, aunque ahora el desenlace de ambos está por ver. La estrategia del diálogo acabó en un cajón del Despacho Oval. Marco Rubio arrinconó a Grenell, convenció a Trump de endurecer la línea, capturar a Maduro y elegir a Delcy Rodríguez como sucesora. Con el 3 de enero, ambos perdieron poder, aunque el romance con Habba ha cambiado radicalmente la suerte de Mildon. El amor triunfó, al tiempo que ha desatado una guerra.
Si quieres recibir en tu celular esta y otras informaciones descarga Telegram, ingresa al link https://t.me/albertorodnews y dale click a +Unirme.












Deja una respuesta