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Oporto reclama un lugar donde vivir: de la casa de los padres a la protesta en la plaza

La hija de Daniela Coceiro tiene 19 años, estudia en la universidad y ha escrito en un cartel que no sabe dónde va a vivir. Su madre, técnica social que trabaja con personas sin hogar, conoce el otro extremo del problema: atiende a trabajadores que se levantan de la calle para acudir a su empleo porque su sueldo no les permite pagar una casa.

Ambas se han sumado a las protestas por la vivienda en Oporto, donde un movimiento de asambleas populares y acampadas reúne el malestar de quienes no pueden emanciparse, de quienes emigraron y de quienes temen que sus hijos tampoco encuentren un lugar en su ciudad.

«Tengo personas con las que trabajo que tienen un empleo, pero viven en una tienda de campaña», cuenta a EFE Coceiro, de 51 años. «No ganan lo suficiente para pagar una casa. Esto es verdaderamente indigno».

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Ella compró su vivienda hace 22 años y considera soportable su hipoteca. Pero esa tranquilidad tiene límites: si su hija hubiera ingresado en una universidad de otra ciudad, asegura que no podría costearle una habitación.

Ha acudido para defender el acceso a la vivienda y transmitirle que los derechos también se pelean. A su alrededor, explica, se han cantado canciones de la revolución portuguesa. Las tiendas de campaña tienen, para ella, un significado inequívoco: simbolizan precisamente el hogar que se reclama.

Una asamblea para decidir cada noche

El movimiento se organiza sin jerarquías, afirma Leonor, responsable de logística. Cada día, a las siete de la tarde, una asamblea abierta decide los siguientes pasos, incluida la posibilidad de pasar la noche en la plaza.

Hay actividades para familias y una cantina social destinada tanto a quienes participan como a quienes necesitan comida. La intención es que la protesta sea también un espacio de encuentro y apoyo.

«Las rentas son inasumibles», resume Leonor a EFE. Denuncia que el alquiler puede absorber la mitad del salario o incluso más.

Según relata, la movilización surgió de manera espontánea, sin una organización detrás: las personas llegaron con sus tiendas y se quedaron. Identifica como detonante las recientes iniciativas sobre arrendamientos, aunque el descontento venía de antes.

También reconoce la inspiración española. Afirma que participantes de la acampada de Madrid acudieron a ayudarles y que mantienen contactos con movimientos de España para compartir experiencias. En Lisboa, añade, preparan otra acampada, nacida de forma independiente, con cuyos impulsores ya se coordinan.

Emigrar o quedarse con los padres

Entre quienes protestan están Inês Teixeira y Silvana Valente. Ambas han emigrado y aprovechan su estancia en Portugal para participar. Una vive en Barcelona; la otra ha buscado mejores condiciones de vida en distintos destinos europeos.

En sus testimonios aparece una disyuntiva compartida por muchos jóvenes: vivir con sus padres o marcharse del país. También la frustración de trabajar sin poder construir una vida autónoma.

«Queremos una vida digna, punto final», reclama una de ellas, que ha participado asimismo en manifestaciones en España. Para ambas, la reivindicación desborda las fronteras y las siglas políticas.

La intervención policial contra la acampada, ocurrida dos noches antes, atraviesa las conversaciones. Lima denuncia una carga injustificada y asegura que habían retirado las tiendas cuando actuaron los agentes. Coceiro defiende que se respeten las reglas, pero cuestiona la necesidad de aquella intervención de madrugada.

El representante del partido Livre Jorge Pinto, presente para expresar su apoyo, califica la actuación de «desproporcionada» e «innecesaria». Explica a EFE que su partido ha dirigido preguntas al Gobierno para esclarecer quién dio las órdenes y exigir responsabilidades.

Pinto critica además las propuestas sobre desahucios, rentas anticipadas y fianzas, que, a su juicio, añadirán dificultades a familias que ya no pueden afrontar los alquileres.

La asamblea vuelve entretanto a plantear una decisión inmediata: quedarse la noche de este viernes o regresar mañana. Leonor insiste en que la continuidad del movimiento no depende de dormir en la plaza: «La lucha no acaba solo porque no durmamos aquí».

Coceiro espera que de esta movilización salga una respuesta que reúna a responsables políticos, económicos y sociales. Su hija sigue estudiando. La pregunta de su cartel continúa sin respuesta.

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Alberto News

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