
Cuando Marlinis Aliendres recibió el mensaje de su esposo, Junior, diciéndole: “Mi amor, avísale a todos, ya voy a casa”, sintió que finalmente la pesadilla había terminado. Pero no fue así: el vuelo nunca salió y el reencuentro no ocurrió. Han pasado ocho meses desde que Junior Puerta fue detenido por agentes migratorios y tres meses desde que firmó una orden de salida voluntaria para regresar a Venezuela, pensando que eso le permitiría volver a casa.
Por CNN
“Lo único que quiero es volver a mi vida normal, volver a comer bien, volver a dormir bien, dejar de admirar cómo otras parejas van juntas a ciertos lugares y nosotros desde hace ocho meses lo dejamos de hacer, ver cómo otros padres están con sus hijos y la mía no puede estar cuando mi esposo no ha hecho absolutamente nada mal”, cuenta Aliendres
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En febrero, Puerta manejaba de regreso a casa cuando, durante una parada de tránsito, agentes migratorios le pidieron sus documentos. “Uno de los agentes le dice: ‘Hijo, tú estás ok’. Se lleva su ID, su permiso, se lleva todo, pero manda su ID con otro agente que le dice: ‘No, tú no te vas, yo te voy a procesar’. Y ahí, en ese momento, empezó nuestro infierno”.
La detención ocurrió meses antes de que ICE emitiera nuevas directrices para sus agentes sobre las intervenciones vehiculares. Las normas exigen capacitación específica, vehículos equipados con luces y sirenas y cámaras corporales activadas, además de que prohíbe las persecuciones cuando un conductor no se detiene.
Las nuevas medidas fueron adoptadas tras varias detenciones vehiculares controvertidas que terminaron en tiroteos, algunos mortales, y en medio de un debate interno en la administración Trump sobre el uso de estas intervenciones para reforzar los arrestos migratorios.
Las directrices limitan su ejecución a agentes de Operaciones de Ejecución y Deportación (ERO) que hayan completado uno de los seis cursos de capacitación autorizados, tanto para detenciones tradicionales como para operativos de seguimiento considerados de alto riesgo o vinculados con delitos graves.
Firmó para regresar, pero continúa detenido
La pareja llegó a Estados Unidos en 2020 e ingresó legalmente con visas de turismo. Ambos, procedentes de Venezuela, solicitaron el Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés). Un año después solicitaron asilo y continuaron el proceso con acompañamiento legal. “Una cosa es ser inmigrante y otra cosa es ser indocumentado y nosotros jamás estuvimos indocumentados en los Estados Unidos”, dice Aliendres.
Junior forma parte de los más de 741.870 inmigrantes a quienes jueces de inmigración ordenaron su expulsión. Las salidas voluntarias representaron el 83,5 % de los casos concluidos hasta agosto de 2026, según datos del Transactional Records Access Clearinghouse (TRAC), una organización de investigación no partidista de la Universidad de Syracuse.
Aliendres cuenta que ambos se graduaron como ingenieros en Venezuela y que comenzaron trabajando en el área de limpieza antes de acceder, poco a poco, a otros empleos. Varios años después, tras el nacimiento de su hija y luego de superar problemas de salud, Junior creó su propia empresa de construcción con el apoyo de sus antiguos supervisores.
Antes de firmar la orden de salida voluntaria, Marlinis dice que intentaron luchar por su caso durante varios meses. “Mi esposo me decía: ‘Hay que hacer todo apegado a la ley. Hay que hacer lo de la fianza. Hay que hacer lo del asilo, hay que hacer todo porque yo no debo nada’. Pero lamentablemente le negaron desde la primera fianza. Él fue y defendió su asilo. Se lo negaron también y él me dijo: ‘Ya no voy a seguir batallando’”, cuenta ella.
Además, afirma que, luego de que su esposo firmara el documento, se enteraron de que el recurso de habeas corpus que habían presentado tiempo atrás había sido aprobado, lo que complicó su salida. “Él lo único que pide es que lo monten en ese avión y lo manden a casa”, dice su esposa.
Según Marlinis, en septiembre las autoridades les dijeron a Junior y a otros detenidos que regresarían a casa, pero, después de pasar casi una semana siendo trasladados entre centros, los llevaron de regreso al mismo lugar.
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