
Brasil celebra este domingo 4 de octubre sus elecciones generales, en una jornada marcada por la fuerte polarización política y la disputa entre el actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, y el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro.
Unos 158 millones de brasileños están convocados a las urnas para elegir al próximo presidente, renovar parte del Congreso y definir las autoridades de los 27 estados, incluido el Distrito Federal.
Aunque 13 fórmulas presidenciales participan en la primera vuelta, Lula y Flávio Bolsonaro concentran la atención y aparecen como los principales favoritos en las encuestas. Sin embargo, los sondeos anticipan que ninguno alcanzaría el 50 % de los votos válidos necesario para ganar en primera vuelta, por lo que la contienda podría definirse en un balotaje previsto para el 25 de octubre.
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Lula, de 80 años, busca conquistar un cuarto mandato presidencial no consecutivo, que ha presentado como su último período al frente del país. El mandatario y líder del Partido de los Trabajadores ha centrado parte de su campaña en la defensa de la soberanía brasileña, además de sus políticas sociales y económicas.
Su principal adversario es Flávio Bolsonaro, de 45 años, senador del Partido Liberal y uno de los principales representantes de la derecha brasileña. Su candidatura busca mantener vigente el legado político de su padre, Jair Bolsonaro, quien fue condenado a 27 años de prisión por su participación en el intento de golpe de Estado posterior a las elecciones de 2022.
La campaña electoral ha estado marcada por acusaciones cruzadas, fuertes niveles de rechazo entre los electores y profundas diferencias sobre el papel del Estado, la seguridad, la economía y la política exterior.
Lula mantiene una ventaja importante entre sectores del nordeste, votantes de menores ingresos, católicos y mujeres, mientras que Bolsonaro presenta mayor respaldo en el sur del país, entre sectores de mayores ingresos y votantes evangélicos.
Una encuesta de CNT/MDA publicada antes de la jornada electoral ubicó a Lula con 43,1 % de intención de voto frente a 38 % para Flávio Bolsonaro, una diferencia que se redujo considerablemente respecto de la medición anterior. En una eventual segunda vuelta, el estudio proyectó una ventaja más estrecha para el actual mandatario.
Elección también definirá el Congreso
Además de la Presidencia, los brasileños elegirán 513 diputados federales y 54 senadores, equivalentes a dos tercios del Senado. También estarán en disputa las gobernaciones de los 26 estados y del Distrito Federal.
El resultado tendrá repercusiones que van más allá de la política interna. La elección podría definir el rumbo de Brasil en materia de política exterior, sus relaciones con Estados Unidos y su posición frente a las principales disputas geopolíticas de la región.
El Tribunal Superior Electoral (TSE) también llamó a los candidatos y electores a respetar los resultados. Su presidente, Kassio Nunes Marques, advirtió que cualquier amenaza, acoso o intento de interferir con la voluntad de los votantes será reprimido de inmediato.
La votación se realiza mediante urnas electrónicas, un sistema utilizado en Brasil desde hace aproximadamente tres décadas. Las autoridades electorales implementaron además medidas adicionales para garantizar la transparencia del escrutinio.
Con una sociedad nuevamente dividida entre dos grandes bloques políticos, Brasil enfrenta una elección que podría mantener el rumbo de Lula o abrir la puerta al regreso del bolsonarismo al Palacio de Planalto.
Si ninguno de los candidatos supera la mitad de los votos válidos, Lula y Flávio Bolsonaro volverían a enfrentarse el próximo 25 de octubre en una segunda vuelta.
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