
Pike, de 50 años, es la única mujer en el corredor de la muerte de Tennessee y aguarda su ejecución desde 1996, condenada a muerte por un crimen cometido cuando tenía 18 años en Knoxville. Su ejecución habría sido la primera de una mujer en ese estado en más de 200 años. Detrás de esa fecha y ese número hay una historia que comenzó 30 años antes, con una joven de 19 años llamada Colleen Slemmer y un crimen que conmocionó a la ciudad de Knoxville.
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Tras el fallo del procedimiento, el gobernador Bill Lee ordenó una revisión externa y suspendió la única ejecución restante prevista para el año, según informó la Associated Press.
El 11 de enero de 1995, Pike le dijo a una amiga dentro del centro Job Corps de Knoxville que tenía intención de matar a otra estudiante, Colleen Slemmer, “porque se había sentido cruel ese día”, según consta en la opinión del Tribunal Supremo de Tennessee del 5 de octubre de 1998. Al día siguiente, la noche del 12 de enero, Pike atrajo a Slemmer a un lugar apartado con la promesa de compartir marihuana escondida en el parque Tyson. Junto a ella iban su novio Tadaryl Shipp y otra joven, Shadolla Peterson, según el mismo fallo judicial.
El grupo caminó hacia el campus agrícola de la Universidad de Tennessee, hasta llegar a una planta de vapor abandonada. Pike llevaba consigo un cúter y un pequeño cuchillo de carnicero que había pedido prestado a otro estudiante del centro. Según su propia declaración a la policía, el ataque comenzó con golpes y patadas: Pike arrojó a Slemmer al suelo, golpeó su cabeza contra el pavimento y la pateó repetidamente en la cara y el cuerpo mientras la víctima preguntaba “¿por qué me estás haciendo esto?”, según el fallo del Tribunal Supremo estatal.
Cuando Slemmer amenazó con denunciarla para que la expulsaran de Job Corps, Pike recrudeció el ataque. La víctima trató de huir en varias ocasiones; cada vez fue reducida por Pike o por Shipp. Pike usó el cúter para cortarle el estómago, luego la espalda y finalmente la garganta en repetidas ocasiones.
Según el relato de Pike a la investigadora policial, mientras Slemmer seguía hablando y suplicando por su vida con la garganta cortada, Pike le dijo que se callara porque “es más difícil hacerle daño a alguien cuando está hablando”. La víctima le ofreció caminar a pie hasta su casa en Florida sin volver a buscar sus pertenencias a cambio de que la dejaran ir. Pike no aceptó, según el fallo del Tribunal Supremo de Tennessee.
En un momento del ataque, Pike abandonó brevemente la escena para asegurarse de que no hubiera testigos. Al regresar, continuó golpeando a Slemmer. El episodio duró entre 30 minutos y una hora, tiempo durante el cual Pike y Shipp arrastraron el cuerpo de Slemmer hacia una zona arbolada.
Le obligaron a quitarse la blusa y el sujetador durante el ataque para impedirle correr, según la declaración de Pike ante las autoridades. Al final, Pike ató un trapo alrededor de la boca de Slemmer para que dejara de hablar, de acuerdo con los registros judiciales del caso.
La médico forense del condado de Knox, la doctora Sandra Elkins, realizó la autopsia de la víctima, identificada por registros dentales como Colleen Slemmer, de 19 años. Elkins intentó catalogar las heridas de corte y punción en el torso de Slemmer asignándoles letras del alfabeto, pero la cantidad de heridas era tan elevada que desistió y declaró que habría necesitado “tres días” para catalogarlas todas.
Constató que la víctima tenía una herida de 15 centímetros en el cuello que penetró la grasa y los músculos, más diez cortes adicionales en la garganta, heridas defensivas en el brazo derecho y contusiones en las rodillas consistentes con el movimiento de arrastrarse. La causa de la muerte fue un traumatismo craneoencefálico por fuerza contundente: el cráneo de Slemmer presentó fracturas múltiples y extensas, con fragmentos incrustados en el cerebro.
Los pequeños surcos en el hueso contenían partículas negras de asfalto, el mismo material con el que se la había golpeado. Elkins concluyó que la víctima estaba viva y probablemente consciente cuando le infligieron las lesiones, según el fallo judicial del Tribunal Supremo de Tennessee.
El día después del crimen, Pike regresó a la escena con un grupo de otras jóvenes. Un oficial de la policía de la Universidad de Tennessee que aseguraba el perímetro declaró en el juicio que Pike preguntó por qué el área estaba acordonada, por la identidad de la víctima y si la policía tenía sospechosos. El agente observó que Pike parecía divertida, reía y llevaba un collar en forma de pentagrama.
Esa misma noche, y al día siguiente por la mañana, Pike relató el crimen a dos compañeras del centro, les mostró un fragmento del cráneo de Slemmer que llevaba en el bolsillo y dijo: “Eso no es barro en mis zapatos, es sangre”. El fragmento de cráneo fue hallado posteriormente en la chaqueta de Pike y encajó a la perfección en la reconstrucción del cráneo de la víctima realizada por el antropólogo forense Murray Marks, de la Universidad de Tennessee, según el fallo del Tribunal Supremo estatal.
El pentagrama grabado en el pecho de Slemmer fue el detalle que avivó el pánico satánico de la época y acaparó la atención de los medios. Sin embargo, en su declaración durante procesos posteriores, Shipp admitió haber sido él quien lo grabó, dato que quedó recogido en los registros judiciales del caso, según el Cornell Center on the Death Penalty Worldwide. La propia Pike negó haberlo hecho en su declaración a la policía.
Tras el crimen, Pike y su acompañante lavaron sus zapatos en un charco, descartaron el cúter y Pike devolvió el cuchillo prestado. Cubrió con barro la sangre de sus pantalones y desechó dos identificaciones de Slemmer y sus guantes negros en un tacho de una estación de servicio de Cumberland Avenue, según registros del caso ante el Tribunal Supremo de Tennessee.
En 1996, un jurado de Tennessee condenó a Pike a muerte por asesinato premeditado en primer grado y a 25 años consecutivos por conspiración. Halló dos agravantes: el asesinato fue “especialmente atroz o cruel en tanto implicó tortura o abuso físico grave más allá del necesario para producar la muerte” y buscó evitar una detención o procesamiento legal, según el Tribunal Supremo de Tennessee en 1998.
Su novio, Shipp, recibió cadena perpetua con posibilidad de libertad condicional por ser menor de edad al momento del crimen; la junta de libertad condicional le denegó ese beneficio el año pasado. Peterson, quien actuó como vigía y cooperó con la investigación, recibió una condena de libertad vigilada, según NBC News y AP.
La disparidad entre las condenas de Pike y Shipp fue un argumento central de la defensa durante años. Pike fue sentenciada a morir, en tanto que Shipp —separado de ella apenas por unos meses de edad— quedó fuera del alcance de la pena capital por la normativa de Tennessee, que define como “juvenil” a quien tiene menos de 18 años, según el Cornell Center on the Death Penalty Worldwide.
Los abogados de Pike argumentaron que el jurado original nunca accedió a información clave sobre la historia personal de su defendida: abusos físicos y sexuales desde la infancia, violaciones a los 11 y a los 17 años, negligencia parental y ausencia de tratamiento psiquiátrico. Años después de la sentencia, le diagnosticaron trastorno bipolar y trastorno de estrés postraumático (TEPT).
La psicóloga forense Bethany Brand, contratada por la defensa, evaluó a Pike en 2023 y concluyó que su historia era “extraordinariamente severa”: “Su infancia estuvo plagada de abusos físicos, sexuales y emocionales. Varios hombres abusaron sexualmente de ella desde antes de que tuviera edad escolar”, declaró Brand, citada por NBC News. Brand señaló que los episodios maníacos sin tratar y el TEPT influyeron en el comportamiento de Pike la noche del crimen.
Los tribunales rechazaron esos argumentos. Un tribunal federal de apelaciones concluyó que el jurado ya había escuchado sobre la infancia difícil de Pike a través de los testimonios de sus familiares durante el juicio, y que las nuevas pruebas de trastorno bipolar, TEPT y daño cerebral “repetían en gran medida” lo ya presentado, según BBC Mundo. La postura de May Martínez, madre de Slemmer, fue opuesta a cualquier forma de clemencia. “Ella cometió el crimen. Creo que debería pagar por ello”, declaró a NBC News.
La ejecución estaba prevista para las 10 del miércoles 30 de septiembre. Una hora antes, el Tribunal de Apelaciones del Sexto Circuito la suspendió 2-1 para analizar si los antecedentes de abuso sexual de Pike fueron considerados en su sentencia. La fiscalía apeló y el Tribunal Supremo anuló la suspensión horas después. La mayoría conservadora no explicó su decisión; los tres liberales consideraron que las alegaciones de Pike requerían más análisis, según AP.
Christa Pike, condenada a muerte en la Institución de Máxima Seguridad de Riverbend (RMSI) en Tennessee por el asesinato de una compañera de escuela hace tres décadas, cuya ejecución por inyección letal está prevista para el 30 de septiembre de 2026, aparece en esta fotografía de ingreso al centro penitenciario del Departamento de Correcciones de Tennessee de 2023. Departamento de Correcciones de Tennessee/Imagen cedida a través de REUTERS.
Las cortinas de la cámara de ejecución se levantaron a las 7:27 p. m. Pike, atada a una camilla, pronunció sus palabras finales: “Voy a dejar este mundo como he vivido la mayor parte de mi vida: con amor”. En un momento levantó la cabeza y preguntó a los funcionarios si era normal que su brazo se sintiera de esa manera. A las 8:26 p. m. se administró la segunda dosis de pentobarbital. Pike continuó viva y se la escuchó roncar detrás de la cortina cerrada hasta que el micrófono fue cortado a las 8:53 p. m., según AP y BBC.
Sus abogados presentaron una moción de emergencia por “sufrimiento innecesario”. Robin M. Maher, directora ejecutiva del Centro de Información sobre la Pena de Muerte, calificó el caso de “singular e incomparable”: ninguna persona había permanecido con vida tras recibir los fármacos letales en una ejecución, según AP.











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