
La presidenta encargada ofreció una transformación democrática, justicia para todos y reconciliación. Su papel en la Constituyente de 2017, las condiciones de la elección presidencial de 2024 y un reciente informe de la ONU obligan a medir esas promesas con hechos.
El Político | 24 de septiembre de 2026
«En Venezuela habrá elecciones». Delcy Rodríguez pronunció esa frase ante la Asamblea General de las Naciones Unidas después de afirmar que una elección debe juzgarse por «la calidad de la competencia que la precede». Prometió participación para todas las fuerzas políticas, una reforma jurídica y un proceso de cambio «ordenado, institucional y verificable».
El discurso marca un giro en el lenguaje de quien fue canciller, presidió la Asamblea Nacional Constituyente y ejerció la vicepresidencia durante el gobierno de Nicolás Maduro. Rodríguez habló de una Venezuela dividida y de la necesidad de reconstruir la confianza. También recordó los terremotos del 24 de junio y agradeció la ayuda internacional recibida tras la tragedia.
La apertura que anunció merece ser examinada en sus propios términos. Si las instituciones deben recuperar la confianza de los ciudadanos, la presidenta encargada tiene que explicar las decisiones en las que participó y mostrar qué está cambiando en aquellas que ahora dirige.
La Constituyente que presidió
La primera pregunta conduce a 2017. Rodríguez formó parte de la comisión presidencial para la Asamblea Nacional Constituyente y luego presidió ese organismo. La Constituyente asumió competencias de la Asamblea Nacional elegida en 2015, en la que la oposición había obtenido la mayoría.
En 2018, la Unión Europea incluyó a Rodríguez entre los funcionarios sujetos a medidas restrictivas por su actuación en ese proceso. Ella impugnó la decisión. Al revisar el caso, el Tribunal General de la UE consideró suficientemente acreditado que su papel en la comisión y en la presidencia de la Constituyente había contribuido a socavar la democracia y el Estado de derecho. El tribunal mantuvo las medidas. Se trata de una decisión judicial sobre sanciones individuales, no de una condena penal. (eur-lex.europa.eu)
El antecedente importa porque el discurso propone dejar atrás una política en la que una parte desconoce a la otra. ¿Qué balance hace Rodríguez de la institución que presidió? ¿Reconoce el efecto que tuvo sobre el Parlamento elegido por los votantes? El texto presentado ante la ONU no ofrece una respuesta.
Una elección todavía sin explicación suficiente
La segunda prueba es la presidencial del 28 de julio de 2024. Rodríguez era vicepresidenta cuando el Consejo Nacional Electoral proclamó la victoria de Maduro sin publicar los resultados desagregados por mesa.
El Centro Carter, que observó la elección, concluyó que el proceso no cumplió estándares internacionales de integridad electoral y que no podía corroborar el resultado anunciado. Señaló restricciones a candidaturas y partidos, ventajas para el oficialismo durante la campaña y la falta de publicación de las actas por parte del CNE. (cartercenter.org)
Es necesario distinguir responsabilidades. El informe del Centro Carter no establece que Rodríguez dirigiera el CNE ni le atribuye personalmente cada irregularidad. Pero quien ejercía la vicepresidencia del gobierno proclamado ganador tiene una explicación política pendiente: ¿exigió la publicación de los resultados mesa por mesa y una verificación independiente? ¿Qué garantías ofrecerá ahora para impedir que una nueva elección termine con las mismas dudas?
El discurso anuncia comicios, pero no fija una fecha ni presenta todavía reglas comprobables para la participación de candidatos, observadores, medios y venezolanos en el exterior. Ese será el terreno donde la promesa podrá medirse.
La justicia y el aparato que sigue en pie
Rodríguez ofreció una justicia «sin distingo de clase social o política» y dijo que los ciudadanos no deben sentirse atropellados por «un poder arbitrario». Sus palabras llegan una semana después de una evaluación particularmente relevante: el 16 de septiembre, la misión internacional de determinación de los hechos de la ONU afirmó que, pese a cambios políticos limitados, el aparato represivo del Estado venezolano permanece intacto. (ohchr.org)
La misión ha reconocido señales de cambio, incluidas liberaciones de personas detenidas y medidas de apertura que deben ser evaluadas. La cuestión decisiva es si esos pasos dan lugar a reformas duraderas: garantías contra nuevas detenciones arbitrarias, investigaciones independientes sobre abusos y protección efectiva para quienes disienten. (ohchr.org, ohchr.org)
Los hallazgos de la misión describen prácticas y responsabilidades dentro del Estado. Por sí solos no prueban que Rodríguez ordenara cada violación documentada. Hoy, como presidenta encargada, sí permiten dirigirle una pregunta precisa: ¿qué decisiones adoptará para transformar las instituciones que promete poner al servicio de todos?
La crisis no admite una explicación única
En su intervención, Rodríguez sostuvo que las restricciones económicas externas dañaron el desarrollo venezolano. Sus efectos deben estudiarse y no descartarse. Pero atribuirles por completo el deterioro del país dejaría fuera una parte esencial de la historia.
Un estudio publicado por el Banco Mundial describe cómo la caída del precio del petróleo encontró una economía con desequilibrios previos, mientras las políticas internas y, posteriormente, las sanciones agravaron la crisis. La contracción comenzó antes de las restricciones más severas impuestas después de 2017. (documents1.worldbank.org)
Rodríguez promete ahora seguridad jurídica y prosperidad. Para evaluar esa oferta harán falta datos públicos, cuentas auditables y explicaciones sobre las decisiones tomadas durante los años en que ocupó responsabilidades de gobierno. Lo mismo ocurre con su llamado a los jóvenes que emigraron: ACNUR calcula que cerca de 7,9 millones de venezolanos son refugiados o migrantes en el mundo. Una invitación a regresar solo cobrará fuerza si pueden encontrar condiciones para construir una vida en el país. (unhcr.org)
El compromiso que puede comprobarse
El discurso ante la ONU no cierra el debate sobre el pasado de Delcy Rodríguez. Lo vuelve ineludible. Su actuación en la Constituyente está documentada; la elección de 2024 dejó preguntas sin resolver; y la misión de Naciones Unidas advierte que la estructura represiva continúa operando pese a los cambios registrados.
La presidenta encargada ha pedido confianza para conducir una nueva etapa. Esa confianza dependerá de decisiones visibles: un calendario electoral, reglas iguales para todos, resultados verificables, justicia independiente y respuestas a las víctimas. También de su disposición a explicar su propia trayectoria.
Rodríguez dijo que su intervención era «el comienzo de un compromiso». Desde ahora, cada una de esas promesas puede y debe contrastarse con lo que haga el Estado venezolano.
https://x.com/elpoliticove/status/2102907242387288311?s=46












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