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El rabino Isaac Cohen confía en el acercamiento entre Venezuela e Israel: «Todo tiene su momento»

Después de 17 años de marcada distancia diplomática e ideológica, Venezuela e Israel dieron un paso hacia el establecimiento de nuevas relaciones. Tras sostener conversaciones de alto nivel con el canciller Félix Plasencia, el rabino principal de la comunidad judía venezolana, Isaac Cohen, confía plenamente en la voluntad política de las representaciones diplomáticas de ambos países para concretar una apertura progresiva de sus servicios consulares.

Por Aliana Abadi / El Nacional

De acuerdo con el líder religioso, quien hizo un paréntesis en su habitual estudio del Talmud para esta conversación, la colaboración de la delegación humanitaria oficial israelí en suelo venezolano tras los recientes terremotos dio inicio a lo que califica como “un período de noviazgo” entre ambos países, reservando para una fase posterior el “matrimonio” diplomático con la reapertura formal de embajadas.

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Este acercamiento histórico es, para el rabino Cohen, el resultado de una perseverancia paciente que no se interrumpió ni en los momentos de mayor confrontación pública, como cuando el presidente Hugo Chávez maldijo al Estado de Israel en cadena nacional.

El restablecimiento de relaciones entre Venezuela e Israel es un paso histórico después de 17 años de marcada distancia. ¿Cómo define la comunidad judía venezolana la importancia de estas nuevas relaciones?

Es la bandera que yo icé desde el momento en que se rompieron las relaciones con Israel. Venezuela fue uno de los primeros países que reconoció la creación del Estado de Israel y votó a favor en la ONU. Es decir, hay una tradición en Venezuela de relaciones con Israel, de intercambios en todos los ámbitos, culturales, tecnológicos, científicos, médicos, durante años. Por cuestiones meramente políticas, en Venezuela se decide romper relaciones con Israel.

Desde ese rompimiento, yo empecé a buscar que se restablecieran las relaciones entre Venezuela e Israel. El día en que se interrumpieron, yo empecé a hacer un trabajo de hormiga.

¿Cuáles fueron los puentes discretos que permitieron mantener un canal de comunicación abierto a pesar del rompimiento diplomático?

En ese mismo momento empecé a lanzar la idea de que, si bien no hay relaciones diplomáticas, sí se requerían para la comunidad judía de Venezuela relaciones consulares. Porque si un venezolano quiere ir a Israel necesita visa, y viceversa: si un árabe o un israelí quiere venir a Venezuela necesita visa de Venezuela. Entonces, ¿cómo se puede dar sin relaciones este servicio necesario? Yo dije que, si bien se rompieron las relaciones diplomáticas, las relaciones humanas entre judíos venezolanos y venezolanos con los judíos nunca se interrumpieron, porque ¿quién no tiene un pariente venezolano y quién no tiene un israelí o un judío en su familia?

Por eso ocurrió ese acto extraordinario que hizo Israel cuando tuvimos ese terremoto, que presentó personas para aportar. La parte oculta del pueblo judío es su humanismo: ayudar y no vendernos como genocidas. Ahora se nos vende como genocidas porque nos defendemos. ¿Qué quieren, que nos dejemos matar?

Es importante entender que no debe ocurrir otra vez lo que pasó en la Segunda Guerra Mundial con el pueblo judío, donde mataron a 6 millones de judíos y nadie los defendió. Eso no puede volver a ocurrir. Porque después de las cenizas de los campos de concentración se empezó a cultivar la idea del Estado de Israel. O sea, Israel se levanta de las cenizas para crear su propio Estado. Yo quiero que reine la paz entre Israel y los árabes, pero no en detrimento de Israel; siempre dentro de la igualdad, del respeto.

¿Cuál es el punto crucial en este conflicto al que no se le encuentra solución? El punto crucial es que el día que dejen de creer y pensar los árabes que pueden eliminar al Estado judío, habrá paz. Mientras sueñen con que pueden eliminarlo, ¿por qué van a hacer la paz? La guerra no lleva a ninguna paz, la guerra lleva a más guerra.

En esta situación he hablado, desde la época del presidente Maduro y con la actual presidenta Delcy Rodríguez, de empezar lo que definí en aquel entonces como un período de noviazgo. Yo no me caso y después llego al período de noviazgo. El noviazgo sirve para conocernos, para entendernos, para desarrollar el respeto entre estos dos países que tienen tradiciones, a intercambiar y llegar paulatinamente y con pie firme a seguir desarrollando las relaciones diplomáticas.

Las relaciones diplomáticas se rompieron durante el gobierno del presidente Hugo Chávez…

Él fue quien rompió la relación.

En aquel momento, cuando el presidente Chávez maldijo al Estado de Israel, ¿pudo conversar con él?

Yo en aquel entonces ya había hablado con el presidente Chávez y le dije que él no tenía por qué maldecir al pueblo judío.

¿Qué le respondió?

Que no sabía qué diferencia había entre gobierno y Estado. Puedes estar en contra de Netanyahu, no coincidir con sus ideas, pero ¿qué te hicieron el Estado de Israel, el Estado judío? Eso es mucho más profundo desde el punto de vista político, sobre lo cual no vale la pena que hablemos. En todo caso, el goteo nos sirvió; y todo tiene un momento, según el rey Salomón en el libro del Eclesiastés: «Todo tiene su hora, todo tiene su día y todo tiene su momento; bienaventurado el que sabe esperar». Sobre todo en política hay que saber esperar a que las cosas se den.

Afortunadamente, con la presidenta Delcy tenemos excelentes relaciones; siempre que la comunidad judía venezolana requiere de algo para el buen funcionamiento, tenemos el apoyo del gobierno nacional.

Usted también tiene buena relación con Nicolás Maduro Guerra, ¿correcto? ¿Cómo se tejen esas relaciones a pesar de que públicamente existe un discurso político e ideológico adverso a Israel?

Yo no estoy en contra. Para que me vean a mí no tengo por qué aplastar al otro. Si hay una relación de igualdad, de querer la existencia de ambos países, se va a llegar a la paz. Pero si uno todavía vive con la ilusión de que va a destruir a Israel, ¿para qué hacer la paz con ellos? Van a seguir buscando la guerra. Tienen que entender —y no digo todos los países árabes, porque hay gente entre los árabes y musulmanes que entienden que Israel existe y es una realidad— que no se puede ir en contra. Yo recuerdo que Gamal Abdel Nasser, quien fue presidente de Egipto, decía en la guerra del 67 que iba a tirar a los judíos al mar. ¿Qué pasó? La guerra más feroz del mundo terminó en seis días. Se deben dejar de eso.

Israel tuvo una vez un proyecto promovido por Estados Unidos: «territorio por paz», y no funcionó; «dinero por paz», y no funcionó. ¿Por qué? Porque se sigue soñando con destruir. Ese es el punto fundamental: tenemos que buscar la paz, y con la paz se pueden ganar muchísimas cosas.

A pesar de los ataques ideológicos, usted supo esperar el momento.

El don más preciado que Dios dio al ser humano fue la palabra. No se la dio a los animales, que se comunican pero no hablan. Ese don tan preciado que eleva al ser humano a través de su intelecto me sirvió para comunicarme: yo en todo momento me comunicaba, hablaba, aun cuando había cosas que no me gustaban. Veía de un ojo y no veía del otro, oía de un oído y no del otro. Pero lo importante es llegar a un objetivo: mi objetivo era esperar el momento. El tiempo lo administra el hombre, pero no es dueño del tiempo; el hombre administra el tiempo, pero quien maneja el tiempo es Dios.

Ahora que por fin hubo un acercamiento diplomático, ¿qué áreas se benefician de forma prioritaria?

Visas primero, visas y certificaciones. Había que ir a Miami, Panamá o Colombia, los países más cercanos a Venezuela a los que uno podía llegar para obtener las visas. Eso no es cómodo, porque tengo que viajar a otro país; ¿y si no tengo los reales para ir a Panamá, pagar estadía, pasaje, comer y quedarme uno o dos días? No es lo mismo allá que aquí, es distinto. Vamos a desarrollar esa parte.

¿Cómo avanzan las relaciones consulares?

Yo estoy seguro de que los responsables están trabajando en ello. De cancillería a cancillería. Yo soy intermediario, soy un hombre de paz que quiere acercar. Soy venezolano y soy judío; mi corazón permite esos dos amores: por la tierra ancestral y por Venezuela, la tierra que me dio cobijo desde hace 49 años. Nosotros estamos siguiendo las cosas, y no olvides que las cosas de palacio van despacio; prefiero que vayan las cosas piano piano que de forma veloz sin saber cómo van a ir.

¿Cómo percibe la disposición del liderazgo político de ambos países para sostener este vínculo a largo plazo? ¿Ya hay conversaciones sobre dónde se abrirá el consulado?

Yo no tengo idea, no estoy en el día a día, pero en todo caso sí estuve conversando con nuestro canciller Félix Plasencia y con la Cancillería de Israel. Hay buena voluntad para empezar las relaciones consulares, que es el «noviazgo», y después llegaremos al «matrimonio» con la apertura de una embajada de Israel.

¿Cómo se define la cooperación técnica bilateral? ¿Israel seguirá colaborando con Venezuela en su reconstrucción?

La delegación oficial israelí que vino fue la única que la presidenta pidió que permaneciera dos semanas más, y se obtuvo el ‘ok’ de Israel para que se quedasen dos semanas más. En estos momentos que hablamos siguen en colaboración por videollamadas, por Zoom, en todos los proyectos.

¿De qué manera colaboró la delegación oficial israelí desde su llegada al país?

En el área estratégica. Ellos tienen mucha experiencia, e imagino que lo más importante es la parte estratégica. Porque lo destruido, destruido está; ahora falta reconstruir sobre bases sólidas con especialistas, porque hay zonas sísmicas en Venezuela en las que tenemos que estar preparados. Israel lamentablemente (o afortunadamente, no sé cómo decirlo) tiene experiencia, y asesoró al punto de que siguen colaborando. Yo estuve en esa reunión donde la presidenta solicitó que se quedaran dos semanas más.

¿Y cuáles fueron las propuestas de Israel durante la reunión con Delcy Rodríguez?

Pura tecnología, que se suma a la experiencia. Porque tú puedes tener teoría, pero, si no tienes experiencia, no va. Son teorías que Israel desarrolló con drones, con cualquier cantidad de sistemas tecnológicos para detectar, saber. Creo que todo lo que va de ahora en más es en función de esas directrices que conjuntamente con Venezuela desarrollaron y siguen desarrollando.

Tomando en cuenta su rol de intermediación, ¿cuál fue el peso real de la diplomacia religiosa frente a la retórica política oficial al momento de construir puentes entre Venezuela e Israel?

En ningún momento dejé de pensar como rabino, es decir, hombre de paz, hombre que quiere construir y no destruir. Ese es mi lema. Durante toda mi vida quiero construir y no destruir. En ese sentido, eso fue lo que me llevó a hacer uso como un fiel de la balanza para que pudiesen sentarse, colaborar y aportar la tecnología que Israel desarrolló. Israel está dispuesto en todo momento a colaborar con Venezuela. Fue Israel el que se propuso y yo intervine para hacerle la solicitud a la presidenta. La presidenta aceptó y eso es algo muy importante. Yo no me meto en política, por eso es que me respetan las partes. Si un clérigo se mete en política, pierde su fuerza para convencer, pierde la parte objetiva del tema para convencer un lado y otro. Y yo en todo momento me manejo por la religión, por los valores que me enseñó la religión judía y que es amar al prójimo. Yo no te veo como judío o no judío. Yo al ser humano lo amo. ¿Por qué? Porque es una criatura de Dios y como tal debo salvarle la vida. Ah, ¿porque no eres judío no te voy a salvar la vida? Yo sí te salvo la vida. Y ese es un principio del pueblo judío. No el de matar como nos están vendiendo.

¿Qué impacto directo tiene esta nueva etapa para la vida cotidiana, la seguridad y el bienestar de la comunidad judía en Venezuela?

Primero, los judíos venezolanos están sumamente identificados con este gran país, Venezuela. Prueba de ello: en todo momento la comunidad judía aportó su colaboración. Médicos judíos, ministros judíos, profesores de universidades judíos, ingenieros judíos, arquitectos judíos y que ellos se sienten identificados con el país. Por lo tanto, primero feliz de que se renovaron esas relaciones que van a ir creciendo. Eso fue un gran paso dentro de la reconstrucción de Venezuela.

¿Cuál es su mensaje como el rabino principal tras este histórico acercamiento? ¿Qué expectativas tiene tras 17 años sin relaciones?

Yo tengo en el país 49 años, me siento totalmente venezolano y mis hijos nacieron acá, mis nietos nacieron acá. El venezolano es bondadoso, tiene un corazón extraordinario. Con bondad y un gran sentimiento. Tenemos que aportar todos al crecimiento de Venezuela. Todos desde su rincón tienen el deber y la obligación de aportar. Yo, como rabino de la comunidad judía venezolana, deseo eso, porque Venezuela tiene todo el potencial habido y por haber. Todavía no se saben todas las riquezas, pero la riqueza más importante para mí es el venezolano, que es bueno, bondadoso, resiliente, que quiere que su país crezca. Entonces, tenemos que apoyarlo, ayudarlo, enrumbarlo, guiarlo. Ese es mi mensaje como rabino de la comunidad de Venezuela, porque hay materia prima. La materia prima es el venezolano, que es bueno, bondadoso, a veces nos lo envenenan. No hay que permitir ese veneno que penetra en la sociedad venezolana, porque la sociedad venezolana es pura, es buena, es bondadosa, es dócil.

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