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Tres voces, tres libros, una amistad: La poesía se reencuentra en Maracaibo

La presentación de «Canto a Maracaibo» de Douglas Zabala, «Poesía y serranía» de Manuel Felipe Zamora y «Desideratum» de José Luis Barrientos, con palabras del poeta y editor Luis Perozo Cervantes

Maracaibo, Venezuela. — Hubo un tiempo en que tres muchachos tiraban papelitos en el colegio. La maestra los separaba: «Póngase Douglas, sepárese de José Luis». No estudiaron juntos, pero de haberlo hecho —dice el poeta y editor Luis Perozo Cervantes— «habrían sido un terror». Décadas después, esos mismos tres hombres se han dedicado a la literatura, a la lucha social, a la política, y ahora, a dejar un testimonio escrito que trasciende las aulas y las calles.

Douglas Zabala, Manuel Felipe Zamora y José Luis Barrientos presentaron sus más recientes libros en un acto editorial que reunió a familiares, amigos y lectores. La editorial Sultana del Lago, bajo la dirección de Perozo Cervantes, fue la encargada de publicar estas obras que, aunque distintas en tono y temática, comparten un mismo origen: la amistad, la sensibilidad y la necesidad de contar.

Douglas Zabala: «Canto a Maracaibo», el cronista sin cartera

Douglas Zabala es, en palabras de Perozo Cervantes, «el último testigo de la calle Los Biombos, donde nació». Saladillero de cepa, cronista sin sueldo ni cartera, Zabala escribió «Canto a Maracaibo» durante su destierro en Medellín, cuando la soledad y la distancia lo llevaron a conversar imaginariamente con los grandes poetas latinoamericanos: Rubén Darío, Pablo Neruda, y luego, con los suyos: los gaiteros, los cantores, los poetas zulianos.

El libro es una suerte de diálogo con las entidades que para él conforman Maracaibo: las personas, los lugares, los hechos. «Es un cronista de nuestra ciudad —afirmó Perozo Cervantes—. Es el último testigo de la calle Los Biombos. Es un saladillero que está en el exilio del empedrado».

Durante su intervención, Zabala leyó fragmentos de sus conversaciones imaginarias con María Calcaño, Ricardo Aguirre y Olga Luzardo. A Calcaño la evocó como «mujer de 1906» cuya voz indomable atravesó paredes: «¿Cómo hiciste para que tu voz indomable atravesara las paredes y tus poemas revoletearan tras las ventanas?». Con Aguirre, el gaitero mayor, recordó su infancia en el Saladillo: «Yo nací en los Biombos, soy del Saladillo, y en la Flor del Zulia yo jugaba cuando niño». Y con Olga Luzardo, la poeta comunista, cerró con un verso que es también un manifiesto: «Mientras haya un pobre sin tierra, mi verso seguirá siendo trinchera».

Zabala confesó que escribió este libro en medio de las oscuridades del destierro, cuando no había electricidad y recurría al libro físico para pasar las horas. «Este es un libro de conversaciones imaginarias que yo tengo en modo de poesía», explicó. Y agregó: «La poesía no es un ritmo, es un grito de hermandad. Es la voz del que no tiene, pero tiene dignidad».

Manuel Felipe Zamora: «Poesía y serranía», el canto a la mujer falconiana

Manuel Felipe Zamora es un hombre del campo, de la sierra falconiana, de esos vientos que «parecen pelar la piel, pero que también acarician». Su obra, según Perozo Cervantes, ha transitado desde la reflexión política —«Reflexiones del extravío», donde contó sus años como comandante guerrillero— hasta la narrativa —«Anécdotas en verde oliva» y la novela «Náufragos de una revuelta»— y la poesía telúrica.

«Poesía y serranía» es, en palabras del editor, «un canto a la mujer falconiana, un canto a la mujer venezolana, una entrega a las pasiones sencillas». Aunque parezca erótico, dice Perozo, es más bien filosófico: «Es una reinterpretación de quién es él mismo alrededor de su mundo».

Zamora, conocido en la guerrilla como «Marco Polo», habló poco de su libro y mucho de su vida. Recordó que su madre, de 93 años, le dijo una frase que se le grabó: «Hijo, ¿y por qué vos no escribís, que es la única manera que tienes vos de no morirte?». Desde entonces, escribe todas las madrugadas en su teléfono y le envía los textos a Douglas Zabala, quien los recopila. «Esto es obra de Douglas», reconoció.

El poeta también anunció sus proyectos: un libro sobre las mortandades en Falcón, otro sobre las damas de la era petrolera —«las que peyorativamente llamamos las putas», dijo, y que fueron producto de una bonanza—, y una novela en camino. «En este momento lo único que nos puede salvar es ir a nuestra historia, a nuestros orígenes, a la poesía, a la literatura —sentenció—. Si no nos conocemos, no vamos a saber para dónde vamos».

José Luis Barrientos: «Desideratum», el amor y la sabiduría

José Luis Barrientos es, según Perozo Cervantes, «un hombre agradecido». Su primer libro, «Caricias a la vida», publicado el año pasado, fue un testimonio de amor a sus mujeres —su esposa, sus hijas—, a sus nietos, a sus hermanos, a su madre. «Página por página nos va presentando una literatura que nos enseña a ver en lo sencillo lo extraordinario», dijo el editor.

Ahora, con «Desideratum», Barrientos da un paso más. «Hay otra poesía que ha crecido, es otro tono. Aquí sí hay poemas de amor. José Luis ama la vida que él vive, ama su cuerpo, ama a su mujer, la idealiza, suspira con ella». El libro, dijo Perozo, tiene dos vertientes: la reflexión existencial y el amor abiertamente. «Hay poemas de amor que usted puede dedicar, que usted le puede robar a José Luis y dedicárselos a la novia, y le van a funcionar».

Barrientos, visiblemente emocionado, habló de su esposa —«la mujer que ha inspirado la mayoría de mis poemas»—, con quien lleva 43 años de casado. «Desde los 14 años le he escrito», confesó. También agradeció a sus hijas, a sus hermanas, a su cuñado, y a su hermano William, «un excelente ser humano, un luchador social».

El poeta leyó dos de sus poemas: «Desideratum» y «A latidos». «Yo no escribo poemas, yo hago poesía —dijo—. La poesía se hace, se vive, se construye, no se escribe». Y agregó: «Yo voy morteando la poesía y voy dibujando en ella a la mujer que amo, a las mujeres todas. Pero también le doy caricias a la vida».

Barrientos anunció que tiene proyectos: un libro de cuentos para niños —«he recopilado aproximadamente unos 25»— y una novela que está tratando de construir. «Voy a seguir escribiendo», prometió.

Luis Perozo Cervantes: «Los libros son mensajes dentro de una botella»

El poeta y editor Luis Perozo Cervantes fue el encargado de presentar las tres obras. Lo hizo con la memoria prodigiosa que lo caracteriza, repasando la vida y la obra de cada autor, y con la generosidad de quien ha hecho de la edición un acto de fe.

«Estos hombres que han dedicado su vida a la lucha política son unos hombres de corazón sensible —dijo—. Resulta que son blanditos por dentro. Como en ese hermoso libro de Juan Ramón Jiménez, ellos son como Platero, ese burrito que regularmente uno no ve tan cariñoso y hermoso».

Perozo Cervantes recordó que el primero que lo sorprendió fue Douglas Zabala, con su poemario «Del conciso embelezo», donde ya asomaba «una parte, creo que es la única, donde habla un poco acerca de las luchas sociales». Luego vino «Tiempos inconclusos», escrito en el destierro en Medellín, y ahora «Canto a Maracaibo», que él tuvo el placer de prologar.

De Manuel Felipe Zamora destacó su trilogía narrativa —«Reflexiones del extravío», «Anécdotas en verde oliva» y «Náufragos de una revuelta»— y su poemario «Canto al medanal», «una declaración de amor a su tierra». «Es una poesía telúrica que mezcla lo mejor, las dos vistas de la sierra —dijo—. Esa bipolaridad de mar y desierto, él la convierte en una relación de macho y hembra y pone a su tierra a hacer el amor verso tras verso».

De José Luis Barrientos, en fin, destacó su evolución: «Yo creo que José Luis se ha vuelto sabio. Ya por eso no está en la izquierda radical. Se ha vuelto sabio y por eso tiene en este desideratum algo que decirnos profundamente».

El editor cerró con una imagen hermosa: «Los libros son como mensajes dentro de una botella. ¿Se imaginan a esos hombres que quedaban en una isla desierta y que lanzaban un mensaje dentro de una botella? No sabemos a quién va a llegar este poema, pero ellos ya escribieron este mensaje y hoy nosotros, cada uno de nosotros, tenemos el privilegio de llegar a la orilla de la playa de la vida de ellos y conseguir el mensaje».

El bautizo: «En el nombre de la poesía»

Al final del acto, los tres autores procedieron al bautizo simbólico de sus libros. Douglas Zabala, haciendo honor a su oficio de cronista y a su memoria de los rituales, explicó: «El poeta Víctor Valera Mora decía: “¿Qué culpa tienen las flores? Ellas no saben leer”. Y bueno, esa vaina de estar echando whisky al libro lo daña. Entonces hablamos, yo siempre lo hago como un ritual».

Y entonces, levantando los ejemplares, pronunció la fórmula: «En el nombre de la poesía, yo bautizo este libro como “Canto a Maracaibo”, “Canto al medanal”, “Poesía y serranía”, “Desideratum”. Amén».

Los presentes respondieron «Amén». Y luego, como corresponde, siguieron las risas, los abrazos, los agradecimientos. Porque si algo quedó claro en esta presentación es que estos tres hombres —que alguna vez tiraron papelitos en el colegio, que fueron guerrilleros, concejales, diputados, poetas— siguen siendo, ante todo, amigos. Y que sus libros, como ellos mismos, son un testimonio de que la poesía no es un lujo, sino una necesidad. Una forma de no morirse. Una manera de dejar un mensaje en la botella.

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