
Más de dos meses después de los terremotos que sacudieron el centro-norte de Venezuela el 24 de junio, numerosos venezolanos residentes en Estados Unidos continúan lidiando con el dolor, la incertidumbre y las consecuencias de la tragedia mientras intentan ayudar a sus familiares y comunidades desde la distancia.
Una tragedia vivida desde lejos
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El reportaje cuenta la historia de Kelly Granado Montano, cuyos padres, Marina y Jesús, desaparecieron tras el colapso de un edificio de 10 pisos en Caraballeda.
Durante semanas, Kelly permaneció en Estados Unidos intentando conseguir ayuda para localizar a sus padres. Familiares y voluntarios gastaron miles de dólares en maquinaria para retirar los escombros y posteriormente recibieron ayuda con una excavadora y un operador de drones.
Finalmente, el 19 de agosto encontraron la camioneta de sus padres en el estacionamiento subterráneo del edificio. En su interior estaban sus padres y otros cinco familiares y amigos, incluidos dos niños.
Después de 57 días de búsqueda, la familia pudo recuperar los restos. Kelly calificó el momento como agridulce: la alegría de haberlos encontrado se mezcló con el dolor de saber que no estaban vivos.
La culpa de estar lejos
El artículo también relata la experiencia de Alejandro Marquina, residente de Doral, Florida, quien perdió a cinco familiares en La Guaira.
Después de los terremotos, prácticamente dejó de salir de su casa. Las reuniones con amigos o su pareja podían desencadenarle ataques de pánico porque sentía culpa por estar en Estados Unidos mientras sus familiares y otros venezolanos luchaban por sobrevivir.
Marquina comenzó terapia, pero encontró otra forma de afrontar la tragedia: ayudar económicamente a los damnificados. Recaudó unos 2.000 dólares para sobrevivientes del terremoto, incluidos familiares que quedaron desplazados.
Según explicó, necesitaba hacer algo porque no podía simplemente permanecer encerrado en su casa.
Ayuda desde Arizona
Desde Tucson, Diana Ramos consiguió recaudar unos 4.000 dólares para reparar la escuela primaria de Guatire donde estudió, gravemente afectada por los terremotos.
Pero posteriormente tuvo que enfrentar otra preocupación: un terremoto de gran magnitud en Colombia, donde viven millones de venezolanos, entre ellos su hermana Duneida. Aunque su hermana sobrevivió, los lugares donde trabajaba sufrieron daños importantes.
Ramos expresó preocupación por la acumulación de tragedias que ha sufrido la población venezolana durante décadas de crisis política y económica.
“Estamos pendientes de ustedes”
Otra de las historias es la de Dariela Merchan, una enfermera de emergencias de Texas que quería viajar a Venezuela para ayudar directamente con sus conocimientos médicos.
Sin embargo, su pasaporte venezolano vencido le impidió regresar. El reportaje señala que esta situación afecta a otros venezolanos debido al cierre de los consulados venezolanos en Estados Unidos.
Ante la imposibilidad de viajar, Merchan decidió ayudar desde Texas. Después de sus turnos nocturnos en el hospital, prepara cajas con suministros médicos donados para trabajadores sanitarios venezolanos que enfrentan una situación de escasez de recursos.
En cada caja incluye una nota escrita a mano para los trabajadores de salud, transmitiéndoles un mensaje de solidaridad: “Los estamos viendo y estamos con ustedes.”
El mensaje central
El reportaje muestra cómo la tragedia de los terremotos no terminó para la diáspora venezolana cuando dejaron de aparecer las imágenes de los edificios destruidos en las redes sociales. Para muchos, la emergencia continúa a través del duelo, la búsqueda de familiares, la ayuda económica y el envío de suministros.
La historia presenta a venezolanos en California, Florida, Arizona y Texas que, aunque están a miles de kilómetros de distancia, siguen intentando ayudar a sus familiares y comunidades afectadas.
AP
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