
Las grandes petroleras han recurrido con frecuencia a la estrategia de “quedarse y esperar”: asegurar derechos legales sobre un recurso gigantesco y, con el tiempo, descubrir cómo explotarlo de manera rentable. Pero pocas compañías han llevado esa estrategia tan lejos como Chevron Corp.
Durante dos décadas, Chevron permaneció en Venezuela mientras todos sus principales rivales se retiraban después de que el expresidente Hugo Chávez nacionalizara activos extranjeros ubicados sobre las mayores reservas petroleras del mundo a mediados de la década de 2000. La compañía con sede en Houston soportó sanciones estadounidenses, rebajas contables, detenciones de sus empleados y acusaciones de colusión con un régimen marcado por la corrupción y los abusos de derechos humanos.
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La recompensa llegó el miércoles: un acuerdo histórico que proporcionará a Chevron miles de millones de barriles de reservas, suficientes para prolongar sus operaciones hasta la década de 2040 y quizás más allá.
Aún está por verse qué tan fácil será aumentar la producción en un país donde persisten importantes interrogantes políticos y jurídicos. No está claro si quien suceda al presidente Donald Trump en la Casa Blanca mantendrá su estrategia en Venezuela. Y en Caracas, tampoco hay garantías de que el líder que suceda a la presidenta interina Delcy Rodríguez mantenga el mismo grado de cooperación con Estados Unidos.
Pero, al menos por ahora, Chevron se siente alentada por su apuesta de largo plazo.
“Hay que tener algo de paciencia, mirar esto a largo plazo y no desanimarse. No levantarse e irse cuando las cosas se ponen difíciles”, señaló en una entrevista el director ejecutivo de Chevron, Mike Wirth. “Hay que resistir hasta que todas las condiciones se alineen: la tecnología, la economía, los mercados, la política”.
La estrategia tuvo sus costos.
Los empleados trabajaron en medio de hiperinflación, cortes de electricidad y frecuentes quiebres del orden público, mientras los ejecutivos dedicaban incontables horas y capital político en Caracas y Washington para mantener las operaciones en buenas condiciones. El flujo de caja era mínimo. Los ejecutivos, incluido Wirth, solían responder las preguntas de analistas y periodistas con respuestas escuetas y formuladas cuidadosamente en términos jurídicos. Rivales como ExxonMobil Holdings Corp. y ConocoPhillips optaron, en cambio, por buscar indemnizaciones por las nacionalizaciones de Chávez mediante arbitrajes internacionales y órdenes judiciales.
Chevron planea invertir US$7.000 millones durante los próximos cinco años a través de sus empresas conjuntas en Venezuela.
El acuerdo forma parte de un esfuerzo liderado por el gobierno estadounidense para reactivar la industria petrolera del país latinoamericano. Ejecutivos de Chevron, GE Vernova Inc. y Eni SpA se unieron el miércoles al secretario de Energía de EE.UU., Chris Wright, y a Rodríguez para anunciar una serie de acuerdos energéticos destinados a aumentar la producción de crudo del país. Wright afirmó que los acuerdos representan inversiones por “decenas de miles de millones” de dólares.
Chevron estima que en cinco años producirá 600.000 barriles diarios de crudo venezolano a un costo inferior a US$20 por barril. El Brent cerró cerca de US$95 por barril el miércoles. A los precios actuales, el petróleo venezolano de Chevron estaría entre los más rentables del planeta.
Incluso sin la inversión adicional, Chevron espera recuperar a comienzos del próximo año la totalidad de lo que le debe su socia PDVSA, mientras ConocoPhillips y otras compañías siguen esperando la devolución de lo que se les adeuda.
Una vez que comiencen a fluir los barriles adicionales, Chevron probablemente generará alrededor de US$1.500 millones anuales de flujo de caja libre en Venezuela, con un Brent a US$70 por barril, señaló Jason Gabelman, analista de TD Cowen, en un informe del jueves.
“El hecho de que Chevron haya llegado a un acuerdo con el gobierno en virtud de la nueva ley de hidrocarburos sugiere que otras compañías podrían encontrar términos mutuamente satisfactorios que también cumplan con sus umbrales internos de rentabilidad”, afirmó el directivo.
Las cosas cambiaron para Chevron el 3 de enero, cuando fuerzas especiales estadounidenses capturaron al exlíder venezolano Nicolás Maduro. Aunque el líder autoritario fue detenido por cargos de narcoterrorismo, Trump dejó claro que la operación también buscaba recuperar lo que llamó “nuestro petróleo”. Como la única gran petrolera estadounidense que operaba en Venezuela, Chevron quedó inmediatamente en una posición privilegiada para aumentar la producción y quedarse con algunos de los mejores yacimientos del país.
“Chevron fue pragmático”, señaló Miguel Tinker Salas, historiador venezolano y profesor emérito de Pomona College en California. “Entendieron que estaban sentados sobre el mayor yacimiento de petróleo del mundo y que el gobierno los necesitaba, especialmente después de la salida de ExxonMobil y ConocoPhillips”.
La italiana Eni y la española Repsol SA también se quedaron en Venezuela durante los años de hostilidad con EE.UU. y operaron bajo restricciones similares a las de Chevron. Eni firmó el miércoles un contrato de 25 años para el yacimiento Junín 5, que contiene unos 35.000 millones de barriles de petróleo, como parte del anuncio más amplio de acuerdos.
Mientras tanto, EE.UU. enfrenta un escrutinio creciente por su incursión en Venezuela, particularmente después de que Trump anunciara a finales de la semana pasada un plan para tomar el control mayoritario de una enorme parte de la riqueza petrolera del país en una maniobra sin precedentes.
La iniciativa se produce meses después de que Trump expusiera su visión de lo que llamó la Doctrina Donroe, una versión del siglo XXI de la Doctrina Monroe que advertía a las potencias europeas contra la interferencia en el hemisferio occidental. Los acontecimientos están llevando a analistas y académicos a mirar hacia una época anterior de neocolonialismo, cuando EE.UU. ejercía un poder desproporcionado sobre América Latina y sus recursos naturales.
Para Chevron, no es la primera vez que la estrategia de “quedarse y esperar” da resultados considerables.
Cuando Chevron se fusionó con Texaco en 2001, heredó enormes extensiones de derechos de perforación en la Cuenca Pérmica en una época en la que se sabía poco sobre cómo extraer crudo de shale de manera rentable. En lugar de venderlos, como hicieron algunos de sus rivales, Chevron se quedó. Unos 15 años después, cuando compañías más pequeñas perfeccionaron las técnicas de perforación horizontal y fracturación hidráulica, Chevron tenía un área del tamaño del Parque Nacional de Yellowstone en el corazón de lo que se convirtió en el yacimiento petrolero más prolífico de EE.UU.
En 1993, Chevron firmó lo que algunos llamaron el “acuerdo del siglo” para desarrollar el gigantesco yacimiento Tengiz en Kazajistán poco después de la caída de la Unión Soviética. Sobrecostos, dificultades técnicas y complejidades políticas hicieron que el aumento de la producción fuera más lento de lo previsto. No fue hasta 2025 —más de 30 años después— que Tengiz alcanzó todo su potencial de 1 millón de barriles de petróleo equivalente diarios.
“Es importante estar bien posicionados en recursos de alta calidad”, afirmó Wirth. “A veces tampoco son los recursos más fáciles de producir”.
La gran prueba para Chevron ahora es demostrar que esta vez, en Venezuela, será diferente. Un cambio de gobierno en Caracas o Washington podría desbaratar con la misma rapidez los acuerdos firmados el miércoles. Pero Chevron está en una posición sólida para capear cualquier tormenta que pueda avecinarse, según Schreiner Parker, socio y responsable de mercados emergentes de Rystad Energy.
“Chevron hizo su apuesta por Venezuela hace mucho tiempo y ahora finalmente está en condiciones de disfrutarla”, afirmó el ejecutivo. “Esa paciencia le ha dado a Chevron décadas de relaciones, infraestructura y conocimiento operativo que sus rivales no pueden replicar fácilmente”.
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