
Donald Trump afirmó que su plan para tomar el control de 65.000 millones de barriles de petróleo venezolano tenía varios objetivos: aumentar las reservas petroleras de Estados Unidos, atraer inversiones al deteriorado sector energético de Venezuela y reducir los precios de la gasolina para los estadounidenses.
Sin embargo, analistas señalaron que el inusual acuerdo con el Gobierno interino de Venezuela, anunciado el viernes en redes sociales con pocos detalles, tendría poco impacto en los precios de los combustibles durante años y presenta riesgos financieros y legales para las empresas que quieran aprovecharlo.
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Expertos advirtieron que, si el acuerdo profundiza dentro de Venezuela la percepción de que el Gobierno estadounidense está explotando sus recursos naturales, también podría provocar una reacción política que desestabilice a la presidenta interina Delcy Rodríguez, una aliada clave de la administración Trump.
“El objetivo de Estados Unidos es reducir los riesgos de la inversión privada a largo plazo, pero los importantes riesgos políticos tanto en Washington como en Caracas limitarán el impacto del plan”, afirmó Bob McNally, fundador de la consultora Rapidan Energy Group.
McNally sostuvo que, suponiendo que el acuerdo supere el escrutinio legal una vez que se conozcan todos sus detalles, podría ser “al menos reconsiderado, si no terminado” por un nuevo presidente estadounidense en 2029.
“Un sucesor demócrata del presidente Trump podría preferir redirigir este tipo de enfoques de capitalismo de Estado desde el petróleo hacia las energías renovables y cancelarlo. E incluso si un sucesor republicano decidiera respaldar el marco de inversión, un futuro gobierno venezolano podría optar por anularlo, como ya ha ocurrido en dos ocasiones”, explicó.
La participación de Alejandro Betancourt genera dudas
Algunos expertos consideran que la participación de Alejandro Betancourt como socio de la iniciativa podría desalentar a potenciales inversionistas.
Según el acuerdo, Washington planea adquirir una participación del 35 % en North American Blue Energy Partners (NABEP), una empresa privada dirigida por Betancourt, empresario venezolano controvertido que posee la segunda mayor compañía petrolera privada del país.
Estados Unidos tendría además el derecho de comprar, al costo de producción, un 20 % garantizado de la producciónde todos los campos actuales y futuros operados por la empresa.
Washington también tendría derecho de primera opción para adquirir el 80 % restante de la producción, con el objetivo de garantizar el suministro en situaciones de emergencia.
De acuerdo con una ficha informativa de la Casa Blanca, NABEP planea otorgar licencias o crear empresas conjuntas con grupos energéticos para desarrollar 17 campos petroleros venezolanos mediante concesiones de 100 años.
La Casa Blanca indicó que “la mayoría de los campos petroleros adicionales que serán operados por NABEP” habían estado anteriormente bajo control u operación de empresas rusas y chinas.
La intención de crear una empresa privada respaldada por Estados Unidos, con reservas petroleras privadas que serían las segundas más grandes del mundo después de Saudi Aramco, sorprendió a la industria petrolera estadounidense, que no había sido informada del plan antes del anuncio de Trump.
Las tres mayores petroleras estadounidenses —ExxonMobil, ConocoPhillips y Chevron— evitaron comentar sobre el acuerdo, cuyo objetivo es superar la reticencia de las compañías estadounidenses a invertir capital en un país que durante las últimas décadas ha expropiado miles de millones de dólares en activos estadounidenses.
Grandes obstáculos para desarrollar el petróleo venezolano
Además de los riesgos políticos derivados de invertir en un país donde el Ejército estadounidense realizó en enero una operación para capturar al exlíder Nicolás Maduro, existen importantes obstáculos técnicos y financieros para explotar el petróleo venezolano.
La mayor parte de los recursos petroleros del país corresponde a crudo pesado, un tipo de petróleo extremadamente denso y similar al alquitrán que no fluye fácilmente y requiere equipos y conocimientos especializados para su extracción.
“El requisito de inversión es enorme, potencialmente cercano a los 100.000 millones de dólares a lo largo del tiempo, porque el problema no consiste simplemente en perforar pozos”, afirmó Schreiner Parker, socio del grupo de investigación Rystad Energy.
Según Parker, Venezuela necesita sistemas de recolección, oleoductos, electricidad, capacidad de mejoramiento, diluyentes, logística y la rehabilitación de una infraestructura gravemente deteriorada.
El experto estimó que podría tomar 10 años desarrollar los 17 campos petroleros incluidos en el acuerdo y aumentar la producción venezolana en aproximadamente 1,5 millones de barriles diarios.
Esto significa que cualquier beneficio para los consumidores estadounidenses a través de menores precios de gasolina y diésel sería una perspectiva lejana.
Venezuela produce actualmente alrededor de 1,12 millones de barriles de petróleo diarios, una fracción de los 3,5 millones de barriles diarios que llegó a producir durante su apogeo en la década de 1970 y menos de una décima parte de la producción estadounidense, de aproximadamente 13,8 millones de barriles diarios.
Algunos inversionistas extranjeros que ya operan en la industria petrolera venezolana han mostrado disposición a ampliar sus operaciones existentes, siempre que Caracas mejore su régimen de impuestos y regalías.
Se espera que Chevron anuncie esta semana una expansión de sus operaciones petroleras en Venezuela, en un acuerdo independiente del nuevo pacto de Trump. Sin embargo, atraer nuevos inversionistas continúa siendo difícil debido a los desafíos de operar en el país y a la existencia de oportunidades menos riesgosas en otros mercados.
Un inversionista estadounidense que visitó recientemente Venezuela para evaluar posibles inversiones dijo al Financial Times que su interés en el país estaba disminuyendo:
“Tiene menos que ver con la política y más con las oportunidades que percibí, por lo que la recompensa no justificaba el riesgo”.
Riesgos políticos en Washington y Caracas
La dimensión política del acuerdo en Washington y Caracas está marcada por una gran complejidad y podría disuadir a potenciales inversionistas si consideran que el pacto no permanecerá vigente a largo plazo.
Altos dirigentes demócratas ya han criticado el acuerdo, calificándolo como “corrupción a una escala épica”, y han sugerido que, si el partido gana las elecciones de medio término en noviembre, examinarán el acuerdo de cerca.
“Seamos claros: esto no es una victoria. Esto demuestra que Trump puso en riesgo a nuestros militares para conseguir petróleo venezolano para sus amigos multimillonarios”, afirmó Chris Van Hollen, senador por Maryland.
Algunos expertos también sostienen que el acuerdo podría entrar en conflicto con la Constitución venezolana y que la participación de Betancourt podría desalentar a los inversionistas.
Betancourt ha enfrentado investigaciones en Suiza relacionadas con lavado de dinero.
“Me cuesta entenderlo: ¿cómo puede ser de interés nacional para Venezuela otorgarle a Betancourt o al Pentágono un papel central en la gestión de importantes reservas petroleras?”, cuestionó Ricardo Hausmann, economista de Harvard y ministro de Planificación del Gobierno venezolano a comienzos de la década de 1990.
Temor a una nueva era de influencia estadounidense
El temor a una nueva era de neocolonialismo en Venezuela, generado por el acuerdo de Trump, ya ha aumentado las tensiones en las calles de Caracas.
Grupos de izquierda se manifestaron el sábado contra lo que calificaron como la “tutela” de Venezuela por parte de Estados Unidos.
Figuras de la oposición también han criticado el acuerdo.
Elias Ferrer, fundador de Orinoco Research, afirmó que la manera en que Trump presentó el pacto —como si Estados Unidos fuera a convertirse en propietario de las reservas venezolanas— podría generar nuevos problemas para Caracas.
“Está provocando una reacción negativa. Creo que no se materializará en algo grande este año, pero con el tiempo se convertirá en un resentimiento dirigido no solo contra Delcy Rodríguez, sino también contra Trump y Estados Unidos”, afirmó.
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