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Carlos Ildemar Pérez conmueve como Geppetto en el montaje de Pinocho del Grupo Titilar

La participación de Carlos Ildemar Pérez en el montaje de Pinocho del Grupo Titilar destacó como uno de los pilares emocionales de la puesta en escena. Su interpretación de Geppetto no se limitó al rol tradicional del carpintero creador del muñeco de madera, sino que se convirtió en el corazón humano de una historia atravesada por el amor, la esperanza y la redención. Desde su primera aparición en escena, Pérez construyó un personaje entrañable, cargado de ternura y sensibilidad, capaz de conectar de inmediato con el público.

El actor logró transmitir con eficacia la soledad del viejo artesano que encuentra en la creación de Pinocho una nueva razón para vivir. Cada gesto, cada inflexión de voz y cada desplazamiento escénico evidenciaron un trabajo actoral cuidadoso, donde predominó la autenticidad emocional sobre cualquier artificio. Geppetto apareció como un hombre sencillo, vulnerable y profundamente amoroso, cualidades que Carlos Ildemar Pérez supo encarnar con naturalidad.

Uno de los grandes aciertos de su interpretación fue la manera en que sostuvo la relación paterna con Pinocho. La obra exige que el vínculo entre ambos personajes evolucione desde la sorpresa inicial hasta el afecto absoluto, y Pérez manejó esa progresión con notable solvencia. Su Geppetto miraba a Pinocho con la mezcla precisa de asombro, paciencia y cariño que demanda la fábula, haciendo creíble que ese muñeco cobrara vida gracias a la fuerza del amor.

En las escenas musicales y de mayor dinamismo, el actor mantuvo una energía escénica constante, integrándose con soltura al ritmo coral del montaje. Sin perder la esencia del personaje, supo moverse entre momentos de humor ligero y pasajes de profunda emotividad. Esa versatilidad permitió que Geppetto no quedara reducido a una figura solemne, sino que respirara humanidad en todas sus dimensiones.

Especialmente conmovedores resultaron los pasajes donde el personaje expresa su deseo de tener un hijo verdadero y aquellos en los que sale en busca de Pinocho tras su desaparición. Allí Carlos Ildemar Pérez alcanzó algunos de los momentos más intensos de la función, haciendo visible el dolor de un padre que teme perder aquello que más ama. La audiencia encontró en esas escenas uno de los núcleos sentimentales más poderosos de la obra.

El desenlace confirmó la fuerza de su trabajo interpretativo. Cuando el milagro final convierte a Pinocho en un niño real, la alegría de Geppetto no se sintió impostada, sino ganada a través de todo el trayecto dramático previo. Esa capacidad de sostener el arco emocional del personaje habla de un actor con oficio, disciplina y genuina comprensión del lenguaje teatral.

La actuación de Carlos Ildemar Pérez como Geppetto enriqueció el montaje del Grupo Titilar y aportó profundidad a una historia universal que sigue dialogando con nuevas generaciones. Su desempeño recordó que el teatro infantil, cuando se asume con rigor artístico, puede alcanzar altos niveles de belleza y verdad escénica. En esta versión de Pinocho, Geppetto no fue solo un personaje secundario: fue el alma afectiva de toda la representación.

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