¿Dónde estaba Greta Thunberg?

Todavía es prematuro extraer las conclusiones finales de la Cumbre del Clima de Dubai, pero desde luego hay importantes novedades. Lo nuclear no desaparecerá por el momento… salvo en España.

Mientras la España de Pedro Sánchez, Teresa Ribera y su antecesora Cristina Narbona, desmantelan los restos de nuestras centrales nucleares, en Dubai la opción nuclear se propone como complemento y verdadera vía de transición ecológica hacia un futuro próximo, con una veintena de países como avalistas. No se trata de países minoritarios en peso: Estados Unidos y Japón encabezan la apuesta.

La supuesta limpieza de las llamadas energías renovables, en cuya cuenta de resultados no se tiene en consideración los costes energéticos de su construcción y desmantelamiento, también empieza a ser cuestionada por sus evidentes inconvenientes ambientales, como el deterioro del paisaje y los impactos sobre la fauna aunque a esta opción no le falten fanáticos defensores.

Seguramente han sido dichos efectos negativos, que poco a poco se van demostrando, lo que ha envalentonado a los anfitriones petroleros de Dubai, que se han atrevido a sacar la cara en favor de los combustibles fósiles, demostrando el poder del dinero, capaz no ya de rebelarse ante la “emergencia climática”, sino hasta de trasladar al desierto el césped de los mundiales de futbol.

¿Qué fue de Greta Thunberg?

La niña sueca que vociferó contra la civilización industrial durante pasadas “cumbres del clima” ya no es tal niña, manipulada por todos, sino una joven veinteañera a la que la justicia trata ya como una persona adulta y responsable, que al llegar a la mayoría de edad está comprobando que ha terminado su inmunidad ante la violencia de algunas de sus manifestaciones reivindicativas y de sus declaraciones incendiarias.

Varias causas se abren en estos momentos contra ella, por el pasado. Algunos de sus actos públicos, supuestamente reivindicativos a favor de la naturaleza, y sus arengas y pataletas ante los políticos y los científicos que consintieron en escuchar sus soflamas. Greta es uno de los cuentos ambientales que se han terminado; como decimos en casos similares, un “juguete roto”.

En estos momentos sus patrocinadores están no sólo arrepentidos sino también avergonzados por sus nuevas reivindicaciones, que ya no tienen a la “madre Tierra” como protagonista, sino a lo que llama en sus discursos actuales “pueblos oprimidos”.

Si no nos conociéramos todos sobradamente después de tantos años de luchas ambientalistas y de polémicas sobre el ecologismo auténtico y el “ecologismo sandía”, podría sorprendernos que la veinteañera Greta aparezca en los actos donde todavía la admiten, ataviada con el pañuelo palestino, y que su antisionismo se haga cada vez más patente. No nos sorprendemos, repito: la ideologización de buena parte del ecologismo europeo era ya conocida antes de las explosiones de cólera de Greta.

Greta Thunberg acaba de cambiar su activismo climático por el activismo contra Israel, lo que ha defraudado a muchos de sus simpatizantes, y no sólo a los idealistas sino también a sus patrocinadores, que se sienten ahora atrapados en su propia inocencia.

Porque somos muchos los que exigimos la separación entre las causas científicas y las ideologías de tipo político: ya sabemos que casi siempre economía y política cabalgan juntas, pero algunos no nos resignamos a creer que la defensa de la naturaleza, algo que debería implicar a la totalidad de la humanidad, se enfangue con intereses de cualquier otro tipo.

Con su pañuelo palestino al cuello y su antisemitismo bien incrustado en el cerebro, Greta Thunberg ha perdido la confianza de aquellos padres inocentes que vieron en ella un modelo moral y conductual para sus hijos.

Recordemos aquel “Todos con Greta” que entonaban los papás y las mamás de aquellas generaciones instruidas en el ecologismo de David el gnomo, cuando Greta llegó a España en “catamarán ecológico” para presidir lo que quería ser una gigantesca manifestación infantil, abortada por el mareo con que llegó a nuestras costas la líder ecologista.

Los primeros defraudados al ver subir a un escenario a Greta ataviada con pañuelo palestino en una reciente reunión sobre el clima celebrada en Ámsterdam han sido los jóvenes israelíes que fueron sus seguidores. La fundadora del Foro Israelí para Mujeres por el Medio Ambiente ha recogido miles de firmas de protesta; a las voces de los decepcionados se unen la de muchos ecologistas sinceras de todo el mundo, incluidos sus socios y patrocinadores que dicen “no estar de acuerdo con que los utilice”.

Como tampoco Greta debió ser utilizada en su niñez por mercaderes de la naturaleza, empezando por sus propios padres. tan faltos de escrúpulos como para servirse de la inmadurez de una niña manipulada.

Miguel del Pino, catedrático de Ciencias Naturales.

Temas

Fuente: Libertad Digital