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Cocaína rosa: la droga de moda que pudo acabar con la vida de un adolescente en Getafe

Un adolescente de 14 años falleció por intoxicación el pasado viernes en la localidad madrileña de Getafe. Los hechos tuvieron lugar el día 16, en torno a las 23.00h de la noche, el joven perdió la vida tras consumir una bebida energética que se cree contenía aproximadamente dos gramos de la conocida como “cocaína rosa” o tusi, según fuentes policiales y de emergencias. El adolescente, que no era residente de Getafe, se encontraba con amigos cerca de la estación del metro de Los Espartales cuando ocurrió el incidente. Tras la intoxicación, que resultó mortal, sus acompañantes huyeron del lugar de los hechos, mientras que los servicios de emergencias no pudieron reanimarlo tras sufrir una parada cardiorrespiratoria. Este suceso ha generado conmoción en la comunidad, evidenciando los peligros del consumo de drogas, especialmente entre los jóvenes, donde parece haber una creciente moda con respecto al consumo de estas sustancias.

La “cocaína rosa” ha surgido como una nueva variante que ha generado preocupación y atención por parte de autoridades y profesionales de la salud. Esta sustancia, conocida por su tonalidad distintiva, plantea riesgos significativos para la salud de quienes la consumen, así como desafíos adicionales para aquellos encargados de abordar el problema de las drogas. Pero, ¿qué es está droga tan accesible entre los jóvenes?

La “cocaína rosa” o tusi (2CB) realmente no es cocaína. Recibe este nombre porque comparte algunos compuestos y porque en ocasiones está cortada con los mismos adulterantes que la cocaína. Además la forma de consumirla es igual. Se cree que su color distintivo proviene de la adición de otros compuestos químicos durante el proceso de fabricación. Estos compuestos pueden variar y a menudo incluyen sustancias de corte o adulterantes que aumentan el volumen del producto final y pueden aumentar los riesgos para la salud.

Se compone principalmente de ketamina mezclada con MDMA, cafeína e ingredientes psicoactivos y adulterantes que se agregan durante su producción. Estos pueden incluir, entre otros, anestésicos locales como la benzocaína o la lidocaína, así como otros productos químicos que pueden aumentar el volumen del producto final.

Efectos de la “cocaína rosa”

El tusi produce una serie de efectos tanto físicos como psicológicos en quienes la consumen: desde la euforia hasta la paranoia o los episodios psicóticos. En el plano físico, se producen daños a nivel nasal, ya que es la principal vía por donde se consume, un aumento de la presión arterial y la frecuencia cardíaca, un hecho que aumenta el riesgo de ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares, entre otros. A esto hay que sumar que la ketamina tiene un elevado riesgo de adicción y una rápida tolerancia, lo que degenera en la dependencia física y psicológica.

Origen del tusi

Nace en Estados Unidos en la década de los 70 y empieza a comercializarse de manera ilegal en los 80. En España se popularizó durante las fiestas ilegales celebradas en el confinamiento por la covid-19. Ahora, esta droga reina sobre todo en las grandes ciudades como Barcelona, Madrid, Ibiza o Mallorca. Según un estudio facilitados por el Ministerio de Sanidad, realizados por Energy Control, su consumo “se está normalizando” entre jóvenes menores de 26 años. Su precio es más barato que el de otras drogas similares, rondando los 30 euros el gramo, lo que también facilita el acceso de los jóvenes a su compra.

Un estudio realizado en Colombia, en el verano de 2022 por la Sociedad Internacional de profesionales del uso de sustancias, sostuvo que el 3.58% de los hombres consumían tusi frente al 1% de mujeres. Entre los grupos de edad, el mayor consumo se daba en jóvenes entre 18 a 24 años con una prevalencia del 6,46%. Hay que recordar que, en España, está droga fue la incautada durante una redada en un after ilegal de Azca que la Policía Municipal de Madrid desalojó el pasado 4 de febrero y donde estaba Froilán, hijo de la infanta Elena y nieto del rey emérito, Juan Carlos I.

Fuente: Libertad Digital