Cuando la depresión y la ansiedad «apagan la vela del deseo»: «Llegas a pensar que nunca más vas a poder tener sexo»

Sexo en el siglo XXI.

Cada vez cuesta menos hablar de salud mental. Por suerte, la depresión y la ansiedad son ya temas habituales en los medios, en las redes e incluso en las conversaciones entre amigos. Pero esa mayor visibilidad no ha hecho que algunas de sus aristas no sigan algo ocultas tras el reparo. La relación íntima de estos trastornos con el sexo es un tema a tratar que a muchos les quita el sueño. “Apagan la vela del deseo”, apunta el psicólogo Ismael Dorado, y pueden desencadenar pensamientos intrusivos y miedos adicionales.

“Llegas a pensar que nunca más vas a poder relacionarte a nivel afectivo con nadie”, relata Carmen a RTVE.es. Tiene 45 años y conoce a la depresión desde hace décadas. La adolescencia fue el comienzo de esta desagradable convivencia que, en su caso, viene y va por episodios. Cuando se encuentra inmersa en el “profundo agujero”, la vida pierde el placer.

Más allá de la inapetencia como síntoma de la depresión -y a veces consecuencia de su tratamiento-, también la ansiedad, que tiende a presentarse en muchas ocasiones junto a la primera, puede afectar enormemente al sexo. Según explica Dorado, miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (Seas), sus síntomas suelen transformarse en somatizaciones como la falta de lubricación, la anorgasmia y la eyaculación precoz.

Aunque el sexo pueda parecer secundario en cuanto a la salud mental, los expertos advierten que, por sus beneficios, necesita la misma atención que el sueño o la alimentación. “Es una actividad natural” que no solo forma parte de la vida, sino que es un “componente muy importante» de ella, sugiere el psiquiatra de la Fundación Anaed Conrado Montesinos. Entre otras cosas, el sexo está relacionado con la autoestima, con el afecto, el estado de ánimo y con la relación con la pareja.

De la falta de deseo a los fármacos: “Pensé que me había quedado impotente”

La depresión es una de las enfermedades más frecuentes del siglo XXI: afecta a casi el 4% de la población mundial, según la Organización Mundial de la Salud. En general, se caracteriza por una tristeza persistente y una falta de interés o placer en actividades que antes eran gratificantes. «Las personas con depresión están desmotivadas, desesperanzadas y sin ilusiones«, lo que suele provocarles desde problemas de sueño hasta de alimentación o de índole sexual, explica Montesinos.

Todo se convierte en una carga, incluido el sexo

«Si no me apetecía levantarme de la cama, ni vestirme, ni comer… puedes imaginar lo que me apetecía compartir un momento de intimidad con nadie», añade al respecto Carmen. Durante el pozo de la depresión «todo se convierte en una carga, incluido el sexo». Entonces aparece el miedo a no volver a tener una vida sexual satisfactoria o, si se tiene pareja, a perder una parte de «intimidad básica» en las relaciones. «Me agobiaba aún más porque castigas a tu pareja sin querer», narra a RTVE.es.

A esa inhibición del deseo sexual frecuente en la depresión se le suman, en reiteradas ocasiones, los efectos de los fármacos que se usan para tratarla. Aunque el psiquiatra de Anaed celebra que la medicación ha mejorado en los últimos años, otros expertos sugieren que todavía continúan afectando a la vida sexual. De hecho, muchas personas, sobre todo hombres, pueden negarse a medicarse por este motivo. “Los tengo que convencer”, asegura el médico y sexólogo Pedro Villegas.

A veces, el desconocimiento y el tabú sobre cómo afecta la depresión y su tratamiento a la vida sexual puede incluso asustar a los pacientes. «Pensé que me estaba volviendo impotente», cuenta por ejemplo Carlos, un joven de 33 años que lleva un año y medio en tratamiento. La imposibilidad de autocomplacerse y de mantener relaciones le inquietó enormemente, pero ahora entiende que solo es un efecto transitorio necesario para su recuperación. «Afortunadamente, cuando he salido del pozo mi vida sexual ha vuelto a la normalidad», comparte en la misma línea Carmen.

Las disfunciones sexuales como alertas de la ansiedad y el estrés

La ansiedad y la depresión son dos problemáticas diferentes, aunque en muchas ocasiones suelen ir de la mano. Según la Fundación Humans, un 70% de los trastornos depresivos refieren ansiedad, así como un porcentaje similar de personas que sufren trastornos de ansiedad terminan presentando sintomatología depresiva.  Y las consecuencias que tienen sobre la vida sexual son similares, aunque quizás pasan más desapercibidas como parte del trastorno.

Como explica la sexóloga y vicepresidenta del Colectivo de Salud Avansex, Rosa María Martínez, es frecuente que los pacientes lleguen a su consulta manifestando problemas en su vida sexual como las disfunciones y, tras indagar en sus circunstancias, descubra que detrás de ellos se encuentra un trastorno de ansiedad o incluso estrés, algo sumamente habitual en el frenético siglo XXI. «Cuando no nos encontramos bien, el cuerpo termina somatizando de alguna forma», añade.

Hay muchos tipos de ansiedad, pero, en general, podría decirse que suele provocar agitación, inquietud, miedo, rumiaciones y pensamientos catastróficos y negativistas. Aunque la falta de inteligencia emocional haga que a veces no se preste atención a estos síntomas psíquicos, pretender que el cuerpo mantenga relaciones sexuales satisfactorias con ellos es prácticamente imposible. Ya sea con uno mismo o con alguien más, «el sexo necesita relajación y concentración».

Cuando se ignoran las señales de salud mental y se intenta mantener sexo, aparecen las disfunciones que luego sirven de alerta en las consultas de los sexólogos. Entre ellas se encuentran la falta de erección, la eyaculación precoz, algunos casos de vaginismo («una contracción del suelo pélvico que impide la penetración») y la anorgasmia.

Por qué es importante la vida sexual para la salud mental

El sexo, pese al tabú y el reparo que lo sigue envolviendo en algunas ocasiones, es fundamental en la vida de los seres humanos. «Podemos decir que es uno de los mejores aliados de nuestra felicidad general», asegura al respecto el psicólogo Ismael Dorado. Tanto la masturbación como las relaciones sexuales consiguen reducir la hormona del estrés, el cortisol, fomentan la autoestima y un estado de ánimo positivo y pueden ayudar a mejorar los trastornos emocionales.

«Las personas que practican buen sexo con asiduidad tienden a estar mucho más relajadas y a mejorar su concentración», e incluso se ha estudiado que «influye en la multiplicación de neuronas», continúa el miembro de la Junta Directiva de Seas, haciendo referencia a una investigación de la Universidad de Princeton publicada en la revista PLoS One en 2010.

No obstante, para entender su importancia se debe tener en cuenta que el sexo es mucho más de lo que se suele pensar, advierten los expertos consultados por RTVE.es. «La parte del contacto, de las caricias y del cariño es muy importante», destaca en esta línea Carlos, diagnosticado con depresión y ansiedad. La medicación le imposibilita la erección, dice, pero no es impedimento para disfrutar de otros aspectos de la sexualidad. «Cuando estoy con él me siento muchísimo mejor», apostilla.

El sexo, además, ayuda a la pareja. Puede reducir la irritabilidad y la conflictividad, así como estrechar el vínculo. Y tener una relación saludable siempre es positivo para la salud mental. Por el contrario, cuando una de las dos personas presenta disfunciones sexuales, es común que la otra crea «que ya no es atractiva, que está siendo engañada o que se sienta menos valorada en su relación», aporta el médico y sexólogo Pedro Villegas. Así, la comprensión, la comunicación y la empatía se vuelven indispensables, junto a la estabilidad emocional, para disfrutar de una buena vida sexual.