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¿Resistencia indígena o aniquilación?, dimensión humana del ecocidio

¡Qué engaño!  Esas fotos muestran su burla, dicen que nos respetan. Y ahí están como muñecos vacíos, un montón de indígenas pintados en las calles, mientras los vivos morimos de hambre

@DuYumar

Gracias, señorita periodista, por todo su esfuerzo para venirme a ver, después de pasar tantas dificultades. Esto ya no es lo mismo. Y estoy muy contenta de conversar con usted, porque atiende lo que le cuento, como si yo fuera importante. Sí, entiendo cuando me dice que vamos a empezar con lo que sucede ahora. Y seguro que se imagina que aquí no sabemos mucho. Pero intentamos enterarnos de lo que podemos porque estamos amenazados, y no queremos que de pronto haya una agresión y nos agarre de sorpresa. Antes las mujeres éramos las que mandábamos aquí, ahora son los hombres que andan buscando por todos lados cómo darle de comer a los muchachitos. Y se unen con otros y van armando los cuentos. Todos estamos alertas y nos enteramos de lo que le va pasando a nuestra gente, a la comunidad.

Fíjese lo que le pasó a mi comadre, que vino para acá lloriqueando porque su muchacho participó en una propaganda del gobierno para defender a Venezuela, por la propiedad de unas tierras que llaman el Esequibo en el país vecino. Ese país se llama Guyana y queda al ladito. Ella dice que no saben mucho del problema, y se asusta porque hablan de enfrentamientos y parece una guerra. Aunque su muchacho solo cambió la bandera de ellos por la nuestra, y salió en una foto. Mi hijo Juancito, el que está en Cúcuta viviendo con una colombiana, me había avisaó que ese asunto estaba lejos de aquí, pero que nos iba a fregar también. Usted sabe, uno de esos rollos del gobierno en que lo meten a uno. Ah sí, señorita esa es la foto. Qué bueno que las trajo porque así veo lo que me han contado. Imagino que en las otras se verá cómo han ido destruyendo nuestra vida. Está bien, de eso hablamos poco a poco después.

Bueno, usted me pregunta que, si esto es ahora tan maltratado, qué recuerdos tengo de la vida anterior. Ah, así tomaré un respirito. Lo primero que pienso es en mis viejos, menos mal que no les tocó vivir esto tan doloroso. Mi mamá era la capitana de la comunidad, la que mandaba, pues. Junto con las otras mujeres organizaban la vida de todos, y estaba pendiente de la casa y la alimentación. Nos enseñó que había que respetar la naturaleza porque nos permitía comer sus frutos y curarnos también, estábamos como conectados con ella. La tierra es sagrada para nosotros. Cuidábamos el conuco, los ríos eran como los brazos de esa bendición, y bebíamos y nos bañábamos sin miedo en su agua clarita.

Mi papá era también respetado porque sabía encontrar los remedios en las plantas. También hacía reuniones con todos para invocar los espíritus, y teníamos fe en él. No era un brujo malo, sino un hombre bueno que le gustaba ayudar, lo llamaban chamán. Eran otros tiempos y estábamos felices. Aunque nunca tuvimos los papeles de propiedad que nos prometieron, nos sentíamos dueños del lugar donde nacimos.

Cuénteme, cuénteme, está bien, eso me gusta, sé que vino solo a entrevistarme como dice, pero es bonito que me cuente lo que vivió al llegar a Guayana. Entiendo, ¿ahí? Sí, también conocimos Tumeremo hace mucho, un pueblito tranquilo. ¡Qué bueno, había pasado muchas vacaciones con su familia! Se siente guayanesa… claro, su mamá nació ahí. Sí, hombre, igual que nosotros, también se bañó en el Orinoco, que estaba limpio y no como ahora. Sí, qué tristeza encontrar el pueblo como un cuartel, soldaos por todos lados, pasa en muchas otras partes.  ¿Sabe? estoy repitiendo para acordarme cuando le vaya a contar a mi muchacho. Ja ja ja, me río porque él me dice que ese pueblo será ahora la capital de otro estado: Guayana Esequiba. ¿Se fija? Ahora está más cerca esa pelea, como dicen. Aunque ese pueblo es muy lejos de esa zona, de esa que está en el nuevo estado.

Sí, también supimos, hace tiempo, que aquí somos ahora el estado Guayana. Lo inventó también el gobierno, o la tiranía como le dice mi muchacho, y que pusieron por eso otra estrella en la bandera. Lo que me pregunta usted, ¿si lo sabíamos que por ese cambio se decretó que el día de nuestra comunidad tenía ahora otro nombre? Me lo contó mi hijo, el bachiller, que sabe mucho. Cambiaron el 12 de octubre, nuestra fecha que era el Día de la Raza, por el de la Resistencia Indígena.

Me reí mucho con rabia también, cuando me dijo lo que es resistencia. ¡Qué desgraciados! ¿Cómo vamos a resistir nosotros, sino nos están matando con hambre y plomo? Sí, muertos, desaparecidos, presos quién sabe dónde, más los que han huido con sus muchachos, porque nos han quitado nuestras tierras, después de dejarla como un peladero, sin árboles, sin riquezas sacadas de los ríos, esas pepitas de oro por lo que no les importa nada ni nadie. Por eso envenenaron los ríos con algo que no nos deja ni pescar ni regar el conuco, o hacerlo con mucho miedo porque peor es dejar los muchachos sin comida. ¿De qué se vive, entonces? Rompieron nuestra conexión sagrada con la tierra, y nosotros no somos nada. Ni siquiera sus ancestros como me dice usted que nos llamaban.

¡Qué engaño! Esas fotos muestran su burla, dicen que nos respetan. Y ahí están como muñecos vacíos, un montón de indígenas pintados en las calles, mientras los vivos morimos de hambre.

Y otro muerto más, un héroe, el Cacique Guaicaipuro en todos lados, ¡qué falta hace! Qué fea esa gran imagen que me enseña, es como de zinc dorado. Si, también colocaron su nombre en avenidas. Mi muchacho me dice que se eliminó todo lo que tenía que ver con los españoles, que dicen que nos descubrieron, como si no existiéramos antes. Fíjese usted, mientras tanto aquí no había autoridad. Los mineros de Brasil y los colombianos que llaman guerrilleros tenían su negocio con lo que valiera algo aquí. Y se quedaban con todo por la fuerza. Ahora el gobierno ha mandado militares con armas y camiones con grandes ruedas para eliminar las minas, que dicen que son ilegales. Si ya no podíamos vivir y comer como antes, nuestros hombres y jóvenes trabajaron en las minas y pagábamos un tributo por eso, que no sirvió de nada, y ahora pa´ fuera. Dirán: “¡Que se mueran de hambre”! ¡Qué importa!

Yo creo que ahora con todo ese control militar, el negocio será solo del gobierno y otros extranjeros de los que hablan, pero no hemos visto. Y a los indígenas les han quitado sus equipos, no hay gasolina para moverse en lanchas ni nada. Por eso, señorita periodista, nos han acabado, aniquilao, como dice usted.  Hay que irse de aquí no sabemos a dónde. Mi muchacho me ha contado que millones de venezolanos también han huido del país, por hambre y por todo lo que tampoco hay como aquí. ¡Qué tristeza! Mi hijo sufre mucho para atravesar la selva y todo ese horror, y traernos algo de comida, tiene que pagar para que lo dejen pasar, le quitan cosas. El pobre es muy buen hijo, Dios lo bendiga.

Como me dijo que esto que hemos hablado no lo va escribir en papel, sino con esas máquinas que no conozco, y que se podrá ver como en una televisión, seguro que mi Juanito lo verá, y como usted dice que se puede copiar en papel, lo leeremos y me enseñará las fotos que sacaron sus compañeros. Pero antes de que se vayan, les cuento otras cosas importantes para que las ponga ahí también.

Juanito está en un grupo que busca defender nuestro paisaje y todo lo que es sagrado para nuestras comunidades. Imagine, nos contó que hay más de 100 tepuyes, y que son las primeras montañas rocosas en el planeta. Hace unos meses, me dolió tanto cuando me dijo que había llorado por la destrucción del parque donde están los tepuyes que su abuelo le enseñó a respetar, y amar como grandes árboles cortados en su camino al cielo. Y también que en Canaima hay hoteles cerca del Santo Ángel, el más alto del mundo. Tantas maravillas maltratadas sin respeto.

Para colmo también hay enfermedades como la malaria y otras que matan sin ninguna atención ni medicinas, como si no fuéramos humanos. Por todo esto que vivimos cómo no vamos a huir si ya no nos queda nada, solo el amor por nuestra gente. Gracias, señorita periodista, me ha hecho bien conversar con usted, saqué algo del dolor que cargo en el alma, por este castigo tan grande a nuestra comunidad.

Pero seguro van a pagar esos desgraciados, no se puede acabar con su propia gente sin que los castiguen por toda esta destrucción. Gracias, me ayudó mucho esta conversación donde las dos hemos intercambiado lo que usted sabe, con lo que sé de este mi mundo a punto de desaparecer. Pero vea bien en las fotos que trajo de cómo era esto antes, con tanto verde brillante por el sol que ha desaparecido, tanta belleza, tanto amor que brindaba la tierra. Según mi hijo, a toda esta zona y el Amazonas la llaman el “pulmón de la Tierra”. Ayuda a que tengamos un mejor aire para respirar. Pero la maldad no respira, escupe.

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