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Las tetas de Amaral sí, el culo de Chanel no

Este es uno de esos artículos que requieren empezar con una aclaración: a mí no me molesta lo más mínimo que Amaral muestre sus pechos en un concierto, no me siento ofendido ni escandalizado, no me genera ningún rechazo físico o estético y, de hecho, siempre me ha parecido divertido que el mundo del rock y el pop, de la música popular en fin, sea campo para el exhibicionismo y el escándalo.

Pero que no me asusten las tetas de Amaral –pese al estúpido eslogan del izquierdofeminismo, creo que los únicos pechos que me han asustado en mi vida son los de la estanquera de Amarcord– no quiere decir que no pueda opinar sobre el gesto y, sobre todo, sobre las reacciones que ha provocado.

Y, sinceramente, la cosa me ha parecido sobre todo muy cursi: esas frases trascendentes, esa bobada de la dignidad de la desnudez, esa grandilocuencia y esa afectación… a ver, que para enseñar las tetas no hace falta tanta explicación. Es más, sin tanta retórica yo creo que el gesto todavía habría tenido más impacto, pero bueno, hoy en día la gente parece necesitar que le expliquen lo obvio, así que vaya usted a saber.

Pero lo mejor ha sido la reacción de una izquierda completamente extasiada ante los pechos de la cantante zaragozana, que desde Agustina de Aragón no veíamos una heroína de tal calibre. Sí, esa misma izquierda que ha criticado a las recogepelotas en minifalda, a las azafatas de MotoGP y a las de la Fórmula 1, a los ángeles de Victoria’s Secret y, en definitiva, cualquier espectáculo que se basase en la belleza femenina, porque eso es cosificar a las mujeres y está supermal, esa misma izquierda, ahora está encantada como si no hubiese visto otras tetas en su vida.

Los mismos zurdos que pusieron a Chanel a caer de un burro tras su espectacular actuación en Eurovisión –no es el tipo de música que me gusta y probablemente no me compraré un disco suyo jamás, pero el show fue tremendo– ahora babea cuando Amaral muestra bastante más piel de la que mostraba la hispano-cubana.

Me dirán, les dirán, que la diferencia es que Chanel se servía de su cuerpo para un fin puramente material, mientras que Amaral lo hace por una causa justa, pero el argumento tiene dos problemas: el primero, que este gesto ha devuelto a la cantante zaragozana a unas portadas en las que yo hacía muchísimo tiempo que no la veía, y eso vale mucho dinero y genera mucho dinero, así que igual aquí nadie es puro del todo, señores. Y que conste que a mí me parece estupendo enseñar las tetas o el culo por dinero, ninguna crítica a Amaral por ello.

Pero es el segundo fallo de ese argumento el más importante: lo que no puede ser es que la izquierda –ni la derecha, los mulás o los clubs de petanca– nos digan quién tiene derecho a enseñar carne y quién no, hasta ahí podríamos llegar. Van de feministas, pero pretenden convertirse en una policía de costumbres que decida lo que pueden o no pueden hacer y enseñar las mujeres, que a la hora de ganar dinero tienen que ir con burkini, pero a la de promover sus mierdas izquierdosas pueden cantar como Dios las trajo al mundo.

Por último y desde el máximo respeto a Amaral: que haga lo que quiera con sus pechos, pero todos sabemos que su gesto no es valiente. Al contrario: estaba cantado que le iba a llover una auténtica DANA de elogios, que jugaba en un terreno más que seguro y con las cartas completamente marcadas. Valiente es quitarse el velo en Teherán, enseñarnos las tetas aquí como mucho es… rentable.

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Fuente: Libertad Digital