Opiniónportada

ROCIO SAN MIGUEL ENTRE BELLACOS

El esbirro de Nicolás Maduro y los comunistas cubanos, Fiscal Tarek William Saab, agobiado de esteroides, martirio de closet y certeza de su mediocridad como escritor, nos lanzó el pleonasmo:

–Hemos acusado a Rocío San Miguel de complicidad en un plan de magnicidio contra el presidente Maduro…

El magnicidio es un repetido truco de la narcodictadura castrochavista para distraer la atención sobre la devastación política, económica y moral que le han propinado al país; o para justificar un nuevo desenfreno de la represión. Venezolanos de tronío como Gustavo Tarre Briceño, Henrique Salas Romer, Diego Arria y Pedro Marfio Burelli, ya fueron objeto de la truculenta denuncia de conspiración magnicida.

Algo que Maduro y sus secuacesq aprendieron del déspota Fidel Castro, quien solía tildar a sus opositores de magnicidas, traidores a la patria o agentes del imperialismo yanqui.

Pero en el caso de Rocío San Miguel hay algo más: la misoginia, el odio a las mujeres talentosas, independientes, perseverantes en la lucha pacífica y legal por la Democracia, por los derechos humanos y, algo muy odioso para ellos, bonita.

Por eso la secuestraron junto a miembros de su familia. Y conocemos de buena fuente la brutal presión sobre ella, para que delatara como homicidas a gente que ni siquiera conoce. En la siniestra reunión para presionar a Rocío con la amenaza de violarla ella, a su hija y ensañarse contra sus familiares, estuvieron presentes el canalla mayor Diosdado Cabello, el general comandante de torturas Iván Hernández Dala. el sicópata Jorge Rodríguez con su resentida hermanita Delcy y, lo más insólito, el propio precario fanático musulmán Tarek William Saab.

Pero alerta, la narcodictadura desesperada, rabiosa y confusa con el liderazgo de María Corina Machado, tiene como fin último el atropello a esa mujer emblema de la Venezuela libre.