La sierra de Toledo tiene quien la escriba (I)

 

Pueblos y lugares, que no salen ni en los mapas, son el territorio al que nos lleva Rafael Cabanillas Saldaña (Carpio de Tajo, Toledo, 1959); lugares, y sus habitantes, dejados de la mano de Dios y de los poderes públicos. Si antes fueron Quercus y Enjambre, de los que dí cuenta en esta misma red*, con la entrega de la que ahora hablo concluye su trilogía En la raya del infinito con su «Valhondo».

El posicionamiento del escritor es claro hasta el deslumbre: se sitúa del lado de los olvidados, de quienes son ignorados y ninguneados como si no existiesen (para dar voz a los sin voz. A los nadies de la sierra. A todos los nadie), y lo hace demostrando que domina el terreno que pisa, no solo en lo que hace a la topografía de los pueblitos, bosques y montañas, sino que amplía su dominio a la flora y fauna de tales lares, lo que queda reflejado en el amplio léxico utilizado, no olvida, faltaría más, a los sufridos paisanos de aquellos pagos, que son retratados en los aspectos relacionados con su vida, individual y colectiva, sus ocupaciones y sus relaciones, quedando reflejados hasta en el campo del habla. No hace falta ni decirlo, pero en algunas ocasiones, ciertas circunstancias y personajes, aparecen en las entregas anteriores, como es natural.

En la presente ocasión, vemos a un maestro que con sus veinte añitos es destinado al pueblito que da nombre al libro; al nuevo maestro le han precedido varios/as que no duraron mucho en el lugar ya que la dureza de las condiciones de trabajo, y de todo lo demás, se les atragantaba a las primeras de cambio…las diferenecias entre las comodidades de la ciudad y la dureza de la vida en el campo, un abismo. El pueblo no tiene plaza y los nombres de las calles no son muy imaginativos sino que responden a algunas características relacionadas con su ubicación y dimensión. El ágora del lugar es la fuente a la que los vecinos han de acudir para coger el agua para su higiene personal, para cocinar, etc., ya que en el pueblito no hay agua en las casa a no ser en la del maestro. Allá se encuentran y charlan al igual que en la tasca del pueblo y en el negocio de Milagros, quien milagrosamente tiene de todo y de todo se ocupa: amén de los productos de alimentación, productos para el hogar, al tiempo que sucursal bancaria y teléfono, él único del pueblo. En maestro solo a cargo de más de veinte alumnos, en una escuela unitaria en la que conviven niños de cuatro años con niñas de catorce. Escuela que sirve para acoger funerales, bodas, bautizos, comuniones y otros menesteres nada pedagógicos. Por cierto, los alumnos han de salir de clase para hacer sus necesidades en el campo, hasta que después de diferentes peticiones al ministerio, que no sabe , no responde, optan por construir uno retretes, con la ayuda de Milagros…ya que ella hace su agosto con la venta de libros y otros materiales escolares, le es solicitada su colaboración en dicha obra, cosa que acepta.

A la llegada, e maestro Rafael, es recibido por el locuaz alcalde, el señor Prudencio, que le guía por el pueblo, presentándole a algunos vecinos y explicándole algunas cuestiones relacionadas con el trato: el don no se usa con cualquiera y el señor tampoco. El señor Prudencio le enseña su Barbería, al tiempo que le presenta quien acaba siendo la mujer, Encarna, que le va a preparar la comida. A la vez que avanzan las páginas vamos conociendo a otros personajes, a sus relaciones y costumbres. Veremos igulamente el dominio de los dueños y administradores de las fincas, y sus imposiciones hacia sus empleados a los que no miran ni a la cara. Por allá andan vigilantes los guardas, que persiguen a los furtivos, que existen no como oficio sino como necesidad de supervivencia, denunciándolos a la benemérita. En tiempos de caza, tras la subasta de rigor, el lugar se llena de señoritos y otros notables venidos de distintas ciudades; los del pueblo ejerciendo labores de ayuda.

Los habitantes se dedican al pastoreo, hay también mieleros, corcheros que llegan cuando llega el momento, del mismo modo que los forestales, rehaleros, leñadores…e ICONA que para los habitantes del lugar es una pura entelequia, del mismo modo que otras instituciones de la administración que no conocen el terreno, proponiendo medidas acerca de los límites, por ejemplo, de imposible aplicación.

El profesor, tiene novia con la que mantiene contacto telefónico, que hace que las clientas de la tienda donde está el único teléfono de la población se enteren de lo que se habla, lo que supone que la visita de la novia, Amparo, sea conocida no solamente por el maestro, obviamente, sino por todo dios. Llegado el momento de la visita de Amparo, ésta es tratada con respeto y cariño, como si la conocieran de toda la vida, reflejo de la buena valoración que tenían con respecto al maestro que además de a la enseñanza se dedicaba a otras cuestiones, mediando en las disputas vecinales, suplicando para evitar castigos a algunos que habían delinquido, etc.

Todo lo que presenta el libro, de lo que bastante he dicho ya, quedaría cojo si no me refiriera a un par de cuestiones que juzgo de importancia: por una parte, hay algunas cuestiones de índole familiar, una relación de dos hermanos, y la mujer de uno de ellos y la hija, Juani, que resulta un tanto díscola, las malas compañías, y que de la noche a la mañana desaparece creando gran angustia en el pueblo, y si lo señalo es debido a que uno de los hermanos, Ezequiel, tendrá una bronca bestial con un venenoso personaje, Malinvierno, al que se conoce como Malinfierno por su agrio carácter y que destaca en las discusiones en la taberna por llevar la contraria a todo dios y en todo momento; sus habilidades en la imitación de los gritos de los animales son increíbles por lo que se le contrata cuando llega el momento de la caza, llegando a convertirse en guarda de una finca, mostrando ahí su verdadero carácter de veneración por los propietarios y la férrea defensa de sus intereses y el odio hacia sus semejantes, lo que hace que deje ver, de raza le viene al galgo, su tendencia a la delación y a la crueldad…Mas, por ahí no seguiré, aun sabiendo que todo el mundo sabe que la paciencia tiene un límite y que las cosas se hinchan hasta estallar. Si Rafael había mediado, como digo, en diferentes asuntos e intercedido para evitar el castigo a algunos paisanos, en esta ocasión la asamblea del pueblo, con el fin de tratar de pacificar los ánimos, va a alcanzar unos niveles de violencia, tensión y crueldad, que van a resultar decisivos a la hora, por parte del maestro, para permanecer en su puesto o marcharse.

Si he señalado dos cuestiones, la segunda, la dejo para el final, si bien es uno de los aspectos realmente cautivante del libro y de la vocación del maestro Rafael. Ëste es un ferviente admirador de los presupuestos pedagógicos de Lev Tolstói y su escuela de Yasnaia Poliana. En su tarea va a seguir dicho método, recurriendo a la cooperación, a la unión entre aprendizaje y práctica, sacando así a los alumnos del aula para en el monte buscar fósiles, yerbas, etc. con el fin de catalogarlos en los cuadernos que ha repartido a cada alumno…la cultura se amplía, por otra parte, al organizar sesiones de cine para el pueblo, dándose a conocer las películas proyectadas al igual que conocemos algunas de las lecturas realizadas, asomando algunos poetas como apoyo al compromiso mostrado. Es tal la admiración que Rafael muestra por el ideario de la escuela tolstóiana que con cada paso que da imagina al tiempo qué diría el escritor ruso, como pidiéndole el visto bueno.

El volumen, y con él la trilogía, cocluye con un Epílogo en el que se muestran algunas cartas recibidas por el maestro, para recordar los tiempos en que ejerció su magisterio en Valhondo y el agradecimeinto por prestar su voz a los sin voz del lugar, y por extensión de otros lugares vacíos, abandonados, etc.

¡Así Rafael Cabanillas Saldaña!

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( * ) Estas son las recensiones dedicadas a las dos primeras entregas de la trilogía:

https://archivo.kaosenlared.net/abel-mejia-un-emboscado/                            6 de agosto 2021

https://kaosenlared.net/sierra-de-altamira/                                                              8 de noviembre de 2021

Por Iñaki Urdanibia para Kaosenlared

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