La necesidad de LENIN 100 años después

El 21 de enero de 1924 Lenin moría en Gorki, a pocos kilómetros de Moscú. Tenía 53 años. No obstante, Lenin había muerto políticamente el 10 de marzo de 1923 cuando tuvo un espasmo que le redujo al silencio, desde ese día ya no pudo ni hablar ni escribir ni gobernar. Así, Lenin dirigió la Rusia de los Soviets desde octubre de 1917 a marzo de 1923, ni tan siquiera 6 años. Eso es muy poco tiempo, un visto y no visto en términos históricos. Entonces, por qué Lenin es tan importante, por qué está en la Historia. La respuesta es sencilla, porque fue el líder de la primera Revolución socialista de la Historia de la Humanidad.

Hoy, cien años después de su muerte, tenemos un mundo por el que Lenin no luchó, un mundo donde el capitalismo lo devora todo, desde los recursos naturales a la energía humana, desde la esperanza de un mundo mejor a la alegría cotidiana. Y todo para convertir el planeta en un estercolero y hacer que la Naturaleza descontrole su ritmo propio para llevarnos a un cambio climático pernicioso para la vida presente y futura de la humanidad. Hoy el capitalismo es más capitalismo todavía que en los tiempos de Lenin, la concentración de capital en pocas manos es mayor que nunca y el poder de sus armas bélicas es tan descomunal que en pocos minutos podrían destruir nuestra especie. Y todo esto cuando los conocimientos en física, química o medicina están a años luz de los tiempos de Lenin, tanto que hasta hemos empezado a navegar por el cosmos.

Lo dicho no pertenece a una novela o a un film distópico sino al pan nuestro de cada día. Entonces, ante una realidad tan alejada en el tiempo y en el propósito de Lenin  puede pensarse que evocar hoy a Lenin es para otorgarle sencillamente un merecido reconocimiento a su lucha revolucionaria en un tiempo pasado. No. No estoy evocando a Lenin por un simple homenaje a su pasado revolucionario sino por la utilidad política que tiene hoy. Lenin no sólo dirigió la primera Revolución socialista de la Historia -ya solamente por eso habría que evocarlo, claro- sino que para poder dirigirla creó herramientas políticas y nutrió al movimiento obrero de una espiritualidad reivindicadora y solidaria con las que se puede cambiar el mundo de hoy. Dicho de otra manera, Lenin fue el mayor estratega de los desheredados que hasta ahora ha dado la Historia, razón por la cual su quehacer nos ha legado mecanismos políticos e ideológicos de lucha y eso es lo que hace útil que hoy ante la barbarie del capitalismo acudamos a él para aprender y motivarnos.

Se puede argumentar que los tiempos han cambiado mucho desde que Lenin murió. Efectivamente, es así, pero en el plano social el mundo ha cambiado para mal normalizando la explotación, la discriminación y los privilegios con el nombre de “democracia”. Incluso hoy se le llama “democracia” al Estado de Israel cuando este practica el apartheid en su seno y el genocidio sobre el pueblo palestino a los ojos televisivos de todo el mundo. Se le llama “democracia” a países donde hay multimillonarios como es el caso de los Estados Unidos de América donde  Elons Musk posee un patrimonio valorado en 258 mil millones de dólares o como el caso del Estado español donde Amancio Ortega tiene un patrimonio  de 81.800 millones de euros, por poner solo dos ejemplos bien conocidos. Es decir, multimillonarios que por sí solos atesoran un capital que ni miles de trabajadoras y trabajadores pueden conseguirlo en todos sus años de trabajo ni haciendo horas extraordinarias a destajo. Pues bien, para combatir un mundo tan salvajemente desigual Lenin nos es útil como maestro.

Lenin demostró en el proceso histórico que si la clase trabajadora construye su propio partido político puede conquistar el poder. Esta es la primera gran enseñanza que nos da la Revolución de Octubre de 1917, de la que Lenin fue su estratega permanente. Que la clase trabajadora tenía la imperiosa necesidad de contar con su propio partido para hacer su propia política ya lo había dicho Marx en el siglo XIX siendo Lenin, su alumno político, quien demostró en los hechos esta enseñanza teórica. Desde Lenin en adelante que la clase trabajadora puede conquistar el poder ya no es un sueño utópico sino una realidad histórica.

En la actualidad hay que recordar que “el mundo civilizado” occidental se sustenta con regímenes llamados “democracias” a secas cuando en realidad son democracias burguesas, es decir, democracias para los ricos ya que estos pueden competir en igualdad de condiciones en todos los ámbitos, desde el económico al jurídico, mientras la clase trabajadora es utilizada exclusivamente para generar capital. En su lucha cotidiana por el mayor trozo de tarta posible el burgués es cualquier cosa menos que solidario porque cada uno de ellos quiere todo el pastel económico aunque no le queda más remedio que compartirlo con otros burgueses, reparto que se hará exclusivamente en función de la relación de fuerzas y no de acuerdos democráticos. En lo que sí están de acuerdo todas las fracciones de la burguesía, sean del país que sean, es en tener alienada a la clase trabajadora a través de sus sistemas de “enseñanza” y de sus grandes medios de comunicación. Así, a la clase trabajadora además de exprimirla al máximo posible -según las condiciones del país concreto, claro: en unos todavía más que en otros, siempre dependiendo de la capacidad organizativa del movimiento obrero para defenderse- se le come el coco hora tras hora y día tras día. Esta comedura de coco (alienación cultural y política) permanente es posible ejecutarla a pleno rendimiento gracias a los partidos reformistas que se autocalifican de izquierda. Estos partidos de “izquierda” implementan reformas en las leyes y básicas prestaciones sociales pero siempre sin cuestionar el propio sistema y solo atemperando la explotación y la alienación. Por supuesto, la “democracia” le paga a estos reformistas de “izquierda” sus servicios porque sus prestaciones y salarios siempre están muy por encima de lo que percibe la clase trabajadora. Y aquí interviene la utilidad de Lenin ya que nos enseña que si bien la clase trabajadora se debe defender de la inmediata explotación con el escudo sindical también nos enseña que el escudo sindical sólo sirve para parar los golpes y no para devolverlos por lo que también nos hace falta la espada política, el Partido, para enfrentar y poder tener la oportunidad de derrotar social y políticamente a la burguesía.

Para que el Partido sea realmente una espada política en la lucha con la burguesía tiene que conquistar influencia política en miles de trabajadoras y trabajadores. Para alcanzar esto el Partido, como toda criatura política, tiene que nacer y crecer y para que este crecimiento sea posible tiene que aglutinar a las diversas capas de la clase trabajadora en la consecución del objetivo estratégico que no es otro que la conquista del poder político para comenzar a crear una  sociedad sustentada en la justicia social, esto es, sin explotación y sin discriminación. Las capas de la clase trabajadora son diversas e inclusive múltiples porque los sectores económicos y de servicios en las sociedades capitalistas son innumerables. El Partido revolucionario de la clase trabajadora al harmonizar políticamente en su seno a las diversas capas trabajadoras convierte a la totalidad de la clase trabajadora en el sujeto histórico de cambio, en la clase social que lidera la lucha nacional y planetaria por la emancipación de toda la humanidad. Lenin nos enseña que la clase trabajadora no quiere conquistar un Estado para sí misma sino un Estado que meta en la dinámica de cambio a la inmensa mayoría de la humanidad. Así, el Estado socialista a conquistar no es solo para la clase trabajadora sino una herramienta política transitoria en la conquista de un mundo sin explotación social, sin opresión nacional y sin discriminación por género, raza o nacionalidad.

El Estado que nos anima a conquistar Lenin tiene que estar basado obligatoriamente en la democracia social. En este Estado la mayoría social tiene que ser socialmente culta y participar en el autogobierno de la sociedad. Este Estado tiene que dotarse de leyes y mecanismos que impidan la explotación y la discriminación y ser él mismo una escuela de democracia por lo que los funcionarios no podrán ser una casta privilegiada con sueldos por encima del salario medio de las trabajadoras y trabajadores ni podrán tener privilegios como una sanidad especial ya que tendrán que estar, como todas y todos los ciudadanos, en la sanidad pública. Este Estado tiene que elaborar un plan económico general ejecutado a través de la autogestión ejercida por las propias trabajadoras y trabajadores en cada centro de trabajo. Estos haceres son la única manera para que el Estado se convierta en un mecanismo para su propia abolición futura, cuando la humanidad se autogobierne.

Dada la doctrina alienadora del Estado capitalista a través de su sistema de “enseñanza” y de sus grandes medios de comunicación este plan estratégico para el conjunto de la humanidad hoy suena a utopía, a algo imposible de conquistar. Pero no es que sea así sino que así nos lo presentan tanto los “especialistas” oficiales como los chismosos tertulianos televisivos, todos bien  pagados por sus metafísicas intervenciones “democráticas”. Y aquí entra en escena una vez más Lenin que nos enseña como librarse de la reaccionaria contaminación del aire que desde la niñez y hora tras hora y día tras día nos lanzan sus escuelas y sus grandes medios de comunicación, razón por la cual la clase trabajadora tiene que socializar la enseñanza y los mass media, con controles de las propias trabajadoras y trabajadores de la empresa dada para que solamente quepa la ciencia, la reflexión y la honradez.

Hace más de 100 años que Lenin afirmo que sin la mujer es del todo imposible construir el socialismo. La revolución rusa trajo para la mujer derechos fundamentales como el divorcio y el aborto y el trabajo y el estudio en plena igualdad con el hombre. Lenin se sentía muy orgulloso que la República de los Soviets hubiera legislado en esa dirección por primera vez en la Historia. No obstante, Lenin no se conformaba ya que advertía que los derechos formales no son suficientes y que había que transformarlos en derechos reales. Lenin nos informa que para fumigar el patriarcado hay que dar una lucha social permanente y que para empezar adecuadamente esa lucha la mujer no puede tener como misión encargarse de la cocina y de los niños y para eso la República Soviética creó guarderías y comedores sociales. Lenin explicó tenazmente que la República Soviética solo podía ser una democracia social si la mujer y el hombre estaban en igualdad de condiciones jurídicas y sociales. Pero también explicó tenazmente que la lucha por la emancipación de la mujer se debía dar no solo en la República de los Soviets sino a nivel internacional. Esta realidad y espiritualidad política nos ayuda a comprender mejor como en la II Guerra Mundial hubo aviadoras soviéticas que atacaban a las tropas nazis en plena noche causándoles múltiples bajas y extendiendo el pánico en sus filas, tanto que las llamaban “Las brujas de la noche”. Nunca antes se habían visto mujeres pilotando aviones de guerra, era algo insólito. También se puede comprender mejor como la primera mujer astronauta de la Historia fue una soviética, Valentina Tereshkova. El quehacer de Lenin daba sus frutos, a pesar del retroceso que supuso el stalinismo.

Lenin también nos enseña en la teoría y en la práctica lo fundamental que es el reconocer el derecho de las naciones sometidas a su autodeterminación. Él lo explicó claramente diciendo que la autodeterminación significa el derecho a la separación. Lenin lo llevó a la práctica reconociendo la independencia de Polonia, Finlandia y las Repúblicas Bálticas, que habían pertenecido a la Rusia zarista, y estructurando a la URSS en una República Socialista Federal. Pero para Lenin la autodeterminación no era solo el derecho a la separación sino el camino a la amistad entre los pueblos. Amistad que solo se puede dar en igualdad de condiciones ya que la amistad es imposible entre la nación agredida y la agresora, entre la nación oprimida y la opresora. Que esta enseñanza de Lenin tampoco la está ejecutando el “mundo democrático”, el “Occidente civilizado”, se ve salvajemente reflejado en la opresión y en la matanza con que Israel somete a diario al pueblo palestino con el permiso de las “grandes democracias” planetarias, tales como los Estados Unidos y la Unión Europea. Hoy es una obviedad que salta a la vista a través de las imágenes televisivas que las potencias “democráticas” sólo miran sus intereses estratégicos razón por la cual el asesinato diario de palestinas y palestinos en Gaza y Cisjordania es un mero daño “colateral”. En el campo de la autodeterminación de las naciones oprimidas y de la necesaria amistad entre los pueblos para poder vivir en paz también hay que acudir a Lenin para aprender de él la lección teórica y práctica y apartarnos decididamente de los “civilizados” occidentales.

Lenin, siguiendo una vez más el camino trazado por Marx,  también nos enseña que las trabajadoras y trabajadores de todas las naciones del planeta se tienen que organizar a nivel internacional. El por qué es muy sencillo ya que la economía y la política superan el marco nacional la clase trabajadora también debe superarlo. Como las grandes empresas capitalistas y las grandes organizaciones políticas son multinacionales también la organización de la clase trabajadora tiene que tener carácter supranacional. La clase trabajadora es un producto histórico del capitalismo y como este tiene dimensión internacional ella también tiene que adecuar su dinámica política al marco internacional. Por todo esto Lenin creó la III Internacional, también conocida como la Internacional Comunista o Komintern. La creó en plena Guerra Civil rusa, cuando el Ejército Rojo absorbía todas las energías de la Rusia de los Soviets para defenderse de los ejércitos “blancos”, armados y financiados por los gobiernos “democráticos” de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, que además ocuparon franjas de territorios de la Rusia de los Soviets. Que en esta bárbara coyuntura Lenin llevase a cabo el nacimiento de la III Internacional ya explica por sí mismo la importancia capital que le daba. Así, se creó por primera vez en la Historia un Estado Mayor Proletario que tenía por misión dotar a la clase trabajadora planetaria de una estrategia común. La muerte de Lenin y los avatares de la Historia echaron por tierra el proyecto pero su enseñanza está ahí, para recogerla y ponerla en marcha.

Hoy, tal y como está el mundo que habitamos, donde la esperanza de alcanzar la hermandad entre los pueblos y una sociedad planetaria basada en la justicia social parece una utopía venida de otra galaxia, la caída de la URSS se puede ver como la oportunidad perdida. A pesar de la deformación que sufrió la Unión Soviética por el stalinismo allí aún se conservaban derechos fundamentales para las mujeres y para la clase trabajadora que no existían en Occidente y si la clase trabajadora no autogestionaba la URSS, lo que impedía el socialismo y el propio desarrollo normalizado de la Unión Soviética, la clase trabajadora todavía gozaba del aura de la clase imprescindible para cambiar el mundo. Si a todo esto le añadimos que allí se había dado la Revolución de Octubre y que gracias a la URSS Cuba y Vietnam habían podido resistir la agresión de los EEUU se comprenderá la razón de que la URSS fuera un punto de referencia para la clase trabajadora planetaria. Y la URSS también influía de modo directo en las condiciones sociales de existencia de la clase trabajadora en la Europa capitalista, tanto que el llamado Estado del Bienestar se tuvo que implementar para que la clase trabajadora europea no girara al socialismo. Derrumbarse la URSS y debilitarse las prestaciones sociales en la Europa “civilizada” fue un todo en uno.

La humanidad nació por la casualidad de la dinámica evolutiva de la Naturaleza. Esto, por sí mismo, nos permite comprender que la especia humana no tiene un fin determinado, teleológico. A la especie humana no la pusieron los dioses en la Tierra a su imagen y semejanza. No. Ocurrió justo lo contrario, que la especie humana creó a los dioses a su imagen y semejanza (con celos, con egoísmo, con deseos carnales…)  dándoles sencillamente el atributo soñado de la inmortalidad. Por lo tanto, la humanidad no ha llegado hasta el siglo XXI porque tuviera un camino predeterminado. Todo lo contrario, ha llegado hasta aquí tirando de la capacidad de supervivencia que tiene. La humanidad hasta ahora ha vivido de forma empírica no estratégica. Entendiendo esto podemos comprender que el pasado pudo ser de otra manera y que el futuro está por hacer.

Más de un mercenario de la pluma ha dicho que Lenin ya está superado. Pobrecillos, estos personajillos  no son capaces ni de ver lo que realmente ya pasó en la Historia. Lenin sólo será superado cuando construyamos un Estado socialista que supere en tiempo y en contenido a la Unión Soviética. Y esto es justo lo que Lenin quería. Aprendamos y ejecutemos sus lecciones, el futuro de la humanidad está en juego. Socialismo o Barbarie.

Madrid, 2, diciembre, 2023.

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