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La Linterna Sorda no está muda

 

«La Linterna Sorda es un farol de pantalla opaca que oculta la luz dentro de una caja dotada de una pequeña cancilla para poderla abrir permitiendo, a la persona que lo porta, poder ver sin ser vista. El modesto equipo que conformamos este proyecto (un pequeño grupo de amigas y amigos procedentes del campo de la comunicación) hemos querido evocar las sugerencias surrealistas, dadaístas, poéticas y simbolistas de este instrumento lumínico para poner nombre a la editorial, versada en libros y arte seriado. Con La Linterna Sorda intentaremos enfocar a la realidad invisible o semivelada que caracteriza a determinadas temáticas sociales y artísticas, tratándolas desde ópticas que sugieran ideas, con ironía, frescura, honestidad y con ediciones cuidadas, siguiendo pautas ecológicas

 La editorial de claro signo libertario no es de las que publica cantidad, sino que hace gala de un claro carácter selectivo, resultando así lo que publica de innegable interés para cualquiera que esté interesado en ideas rebeldes y desobedientes con las normas al uso, y al abuso. Se ha de tener en cuenta, si falta hace señalarlo, que no les guía a los editores el interés por acumular ganancias, sino que el suyo es el de difundir obras que reflejan ciertos comportamientos coherentes encarnados en diferentes figuras y situaciones, al tiempo que poner al alcance lector textos corrosivos y anclados en la actualidad en que vieron la luz; añádase a lo anterior, para evitar malentendidos, que no ha de tomarse lo afirmado como que se presenten libros que han quedado fuera de actualidad….pues la tienen y rabiosa ¡grrrrrrr!

Ahora un par de obras han visto la luz, en sus diferentes colecciones, dos volúmenes que tienen como escenario la capital del reino, «Madrid rojo y negro» de Eduardo de Guzmán, en la colección Lo que no debe decirse, y «Cipriano Mera. Vida y acción de un anarquista de Madrid» de Martín Bellaco y otras colaboraciones, editado por Agustín Villalba, en la colección Guardianes del sueño.

Madrid resiste

Hay historias sobre las que desde los poderes se ha abundado destacando la heroicidad de los defensores de la patria (en el siglo pasado: Una, Grande, Libre), de ellas y de ellos se ha habldo ad abusum y se ha adoctrinado al personal desde los primeros pasos del proceso educativo, o domesticador. Incide Rafael Cid, en la presentación, Horas decisivas, de la obra de Eduardo de Guzmán, de diversos textos que hablaron de la guerra civil (Max Aub, Arturo Barea, Manuel Chaves Nogales, Manuel Azaña o José Castillejos) para posteriormente señalar a un par de testigos que participaron directamente en la lucha, Georges Orwell en las filas del POUM, y Eduardo de Guzmán militando en la CNT; testimonios en caliente, desde las mismas trincheras. Si el británico homenajeó a Catalunya y se inspiró en su experiencia para algunas de sus obras más célebres, y celebradas, digamos que, distópicas; el segundo, autor de la obra que traigo a esta página, luchó en, y dio testimonio, desde Madrid.

No fue fácil la vida de Eduardo de Guzmán (Palencia, 1908 – Madrid, 1991), pues su compromiso antifascista le supuso ser detenido, condenado a muerte y encarcelado, y más tarde buscarse la vida escribiendo, bajo diferentes seudónimos, novelas del Oeste y de espionaje, novelas de a duro; él, que había escrito con anterioridad, en los años de la II República, en diferentes publicaciones libertarias y que relató con posterioridad las gestas revolucionarias del pueblo, la guerra y la derrota, retrato en su Madrid rojo y negro, la lucha del pueblo madrileño que no se sometió a la embestida del alzamiento fascista, sino que de inmediato tomó las armas para combatir, en milicias que servirían de base del Ejército Popular.

Somos llevados al corazón del combate contra la bestia nacional-italo-germana, en donde se codean obreros provenientes de sindicatos ateneos, casas del pueblo, radios y otras organizaciones, formando una muralla de corazones resistentes, que muestran un coraje sin quiebra, siendo apoyados por voluntarios de otras latitudes de la piel de toro, y de los brigadistas internacionales.

Avanzamos por las páginas y sus historias, acompañados de abundantes testimonios gráficos -dibujos y fotografías-, imágenes muchas de ellas inéditas, seleccionadas por Ana Muiña y Agustín Villalba. Tras darse a conocer fechas y distintas visicitudes gubernamentales, y bélicas, pasamos al combate en sus diferentes fases y desplazamientos a la sierra de Gredos, y la tenacidad de algunos “incontrolados” que ante el veloz y amenazador avance del fascio redentor, permanecieron firmes en sus posiciones; otras poblaciones también son escenario de los enfrentamientos, como Sigüenza o Toledo. Vemos a Durruti que se une al combate y en él muere, y…sesenta y cinco mil trajetas de combatientes conservadas en el Comité de Defensa, a lo que se añaden documentos que homenajean a los periodistas de combate, entre ellos, ocupando un lugar de honor, el propio Eduardo de Guzmán.

Un anarquista madrileño

Una veintena de autores recuerdan y homenajean a Cipriano Mera Sanz (1897 -1975), desvelando la vida y acción de este anarquista madrileño, hijo del arrabal del madrileño barrio de Tetuán. Despegó el hombre del ambiente de miseria e incultura en el que había nacido, con tenacidad y férreo tesón que le llevaron a destacar en algunos aspectos que quedan detallados en la obra, que como es marca de la casa, va acompañada de abundantes testimonios fotográficos, reproducciones facsímiles de diferentes publicaciones, sin obviar algunas caricaturas.

Cuatro bloques componen el volumen a través de los que se da cuenta de los avatares biográficos del nombrado, en un texto de Martín Bellaco: Cipriano Mera: Un albañil de aquí, de Madrid, en él se habla de sus orígenes, de su trabajo de albañil, y su despertar luchador por la emancipación de los trabajadores, lo que le llevaría a convertirse en uno de los fundadores del Sindicato madrileño de la Construcción de la CNT. El alzamiento de Franco y epígonos cruzados le pilló estando en prisión debido a sus actividades en pro de la huelga; fue precisamente en esos días cuando liberado de prisión se unió a la lucha de trincheras, manteniéndose en tal combate hasta abril de 1939. Su entrega y su visión como estratega hizo que se convirtiese en el único comandante republicano, al mando de la mítica 14 División y del IV Cuerpo del Ejército Popular, que venció, en Guadalajara a las tropas fascistas italianas. Luego llegaría la derrota y el exilio, primero en el norte de África, siendo destinado a trabajos forzados, cárcel y posterior exilio en Francia, en donde hubo de volver a la albañilería.

Mujeres libres con Cipriano Mera, reúne los testimonios de algunas féminas que se relacionaron con él: Lucía Sánchez Saorinil, Lola Iturbe (Kyralina) y Suceso Portales, que narran su trayectoria como militante anarquista y como jefe del Ejército Popular, siguiendo su traza en diferentes frentes: Madrid-Guadalajara-Brihuega, la última de las nombradas rinde homenaje al luchador con ocasión de su fallecimiento.

El paso siguiente, Mera y la 14 División, reúne cinco trabajos en los que se nos ofrece por parte de Ana Muiña, editora e investigadora, la presencia en el terreno del periodismo de la División nombrada, el Semanario del frente. Mauro Bajatierra, Eduardo de Guzmán y Joan Llarch, rescatando del olvido, la primera de las mujeres nombradas, la historia de la publicación y su importancia; Mauro Bellaterra, periodista de guerra y corresponsal del diario CNT, sigue la pista de los batallones de la CNT y la FAI, las desavenencias con otras unidades que luchaban en el mismo campo, destacando el papel dirigente de Mera y las buenas relaciones que establecía con los jóvenes luchadores y la admiración y simpatía que provocaba en ellos. De Guzmán recuerda a su compañero muerto en un hospital del arrabal parisino de Saint-Cloud, en un artículo de 1975. Por último, Llarch ofrece los momentos del último combate de Mera, y…la amargura de la derrota.

El volumen se cierra con los Recuerdos de algunos coetáneos de Mera y de otros militantes que conocieron a este hombre de una pieza; Ramón J. Sender, José Peirats, Freddy Gómez, Federica Montseny, Octavio Alberola, Lucio Urtubia, José Andrés Rojo, Mika Etchebéhère, Joaquina Dorado Pita, Juan Manuel Molina, Tomás Ibáñez y Rafael Flores Montenegro, son los nombres de quienes rinden sentido homenaje a este militante sin trampa ni cartón, que dice Ibáñez, a ese hombre que rechazando el indulto, escribió en la cárcel de Carabanchel el 30 de setiembre de 1946: «Me hago cargo de que al abrirme las puertas saldré, simplemente, a una especie de patio más amplio que el de la prisión. Respecto a lo demás, tengo ya 49 años y debe saber usted que mi ideal es el anarcosindicalismo. A esta edad no creo que nada ni nadie me pueda cambiar, pues considero que el respeto de la propia personalidad es el valor más positivo que el hombre puede conservar», y así se mantuvo firme, genio y figura el resto de su vida.

Ya puestos a…, tengo entre manos una obra a la que seguro que en el momento de su publicación, ni luego, se le prestó la atención debida.

El director de El Motín

Me refiero al libro «Puntos negros y otros artículos» de José Nakens (Sevilla, 1841 – Madrid, 1926) con apertura de Alfredo Grimaldos y con una aclaratoria introducción, Las madrigueras del oscurantismo, de los editores Ana Muiña y Agustín Villaba, en donde se da cabida a alrededor de una centena de textos periodísticos, verdaderos dardos que se dirigen a la línea de flotación de los poderes terrenales y religiosos: el César y Dios abrazados en armónica camaradería.

Entre los pildorazos, que aparecieron en la publicación nombrada, que se publicó durante 43 años, de 1881 a 1926. Nakens fue la figura tutelar de ésta, convirtiéndola en su barricada, no dejando su textos títere con cabeza, con claros resabios republicanos y anticlericales, en la medida en que los curas no hacían otra cosa que defender a los poderes establecidos, domesticando al personal, a la vez que predicaban la sumisión y la obediencia, que luego, eso sí, sería pagada en el más allá, siempre que se dejase el más acá en manos de caciques y gobernantes reaccionarios, con la bendición de los de la sotana.

Trabajador incansable de cara a la implantación de la I República, y en esa misma medida precursor de la II. Periodista de pluma afilada y sarcástica, no callaba sus opiniones a pesar de las zarpas de la represión que sobre él cayó más de una vez…Su postura combativa y seguidora de la parresía griega, ese corja de la verdad que le llevaba a arriesgarse, a decir la verdad sin tapujos, sin achantarse por los tribunales, ni otros poderes que perseguían a quienes osaban decir la verdad. Tales posiciones, de tenaz pepitogrillo, le condujeron a no ser nada, como él mismo confesaba sobre su propia persona, y a ser considerado por los bienpensantes de turno, con o sin uniforme, como un locodios, anarquista y …un peligro para la sociedad;loco-anarquista-regicida-comecuras.

Un periodismo ejemplar que debería ser estudiado en las escuelas del ramo, en estos tiempos en que los tonos dominantes de la prensa y de otros medios de (in)comunicación, salvo raras y escasas excepciones, se pliegan al karaoke dominante impuesto por los que dominan el cotarro, y en que la derecha más extrema se crece en esos poderes fácticos que siguen incrustados en los aparatos del Estado…que censuran, persiguen y aceptan denuncias demenciales de los más rancio de la rancia carcundia.

Por Iñaki Urdanibia para Kaosenlared

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