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Un primer paso del movimiento estudiantil para derrotar el plan de Milei

El cacerolazo tuvo como reclamos centrales el aumento inmediato del presupuesto, la necesidad de un boleto educativo y del aumento salarial para les trabajadores de la universidad pública. Se concentraron alrededor de mil estudiantes, docentes, no docentes y vecines, que lograron cortar totalmente la Av. Rivadavia, alcanzando una gran visibilidad en los medios de comunicación.

La medida, impulsada y organizada desde abajo por el ¡Ya Basta! Filo y su dirigente Violeta Alonso, fue llevada a distintos centros de estudiantes, al Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, a la asamblea de Unidxs por la Cultura, la reunión de la Coordinadora Independiente en el SUTNA, a sindicatos como AGD-UBA Filo y Ademys, a los no docentes, a las asambleas barriales de Caballito, Almagro, Flores, Parque Chacabuco, y otros espacios de organización, donde se dio la pelea para que el cacerolazo recibiera todo el apoyo y las adhesiones. Así, más de una decena de centros de estudiantes participaron, entre ellos el CECSo (Ciencias Sociales), el CECEN (Exactas), el Nuevo CEAA (UNA), el CEMFa (Manuel de Falla), CENERC, CEISER, CEAVI, CEDAM, CEV, CEJVG.

La movilización comenzó en la entrada de la Facultad de Filosofía y Letras, sobre la calle Puan, desde donde cientos de estudiantes, junto a docentes como Martín Kohan y delegados no docentes, comenzaron a encolumnarse hacia Acoyte y Rivadavia con carteles con consignas, batucada y canciones.

También se acercaron padres y madres de les estudiantes. A medida que avanzaba hacia el punto de concentración, la columna fue aplaudida por vecines que se acercaban para ver qué pasaba y apoyada por los autos que pasaban haciendo sonar sus bocinas, demostrando su solidaridad con les estudiantes que salen a pelear para defender la educación.

La acción tuvo una gran importancia, en el marco de un plan de ataque brutal a la universidad pública por parte del gobierno de Milei, como lo es el congelamiento del presupuesto universitario, un recorte de más del 40%, que pone en riesgo la apertura de las facultades.

La comprensión de la situación crítica en la que se encuentra la universidad pública logró coordinar al movimiento estudiantil con otros sectores de la sociedad para pelear de manera conjunta contra el plan de ajuste y reaccionario del gobierno nacional, a pesar de los obstáculos que buscaron poner otras fuerzas políticas. Mientras que la conducción del centro de estudiantes (La Cámpora, La Juntada, Aluvión) esperaba una participación reducida (como lo fue su asistencia a la acción) y su expectativa se vio desbordada enormemente, el resto de la izquierda decidió movilizarse a último momento al observar que la convocatoria crecía.

Gracias al impulso y empuje que le dio el ¡Ya Basta! a esta acción, el cacerolazo educativo se constituyó como una primera medida de lucha contundente en defensa de la educación pública bajo el gobierno actual y deja planteada una serie de tareas para el movimiento estudiantil, empezando por masificar esta pelea y construir un gran estudiantazo que permita derrotar el plan de un gobierno que se ha declarado enemigo de la universidad pública.

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