Ucrania | Por una paz justa sin anexiones

Fuera Putin y la OTAN del territorio ucraniano

La guerra en Ucrania cumple un año. El 24 de febrero del 2022 Putin invadió Ucrania con la falsa idea de una Biltzkrieg que dejaría el país a sus pies. La jugada fracasó: se reveló la existencia de un fuerte sentimiento nacional ucraniano forjado a lo largo de la dura historia del siglo pasado, no solamente alimentado por las corrientes de extrema derecha nacionalista, sino también por el dramático legado del estalinismo.

El carácter de justa pelea por la autodeterminación nacional del pueblo ucraniano fue la primera determinación del conflicto planteando la inmediata salida del país de la invasión rusa. Sin embargo, casi inmediatamente y de manera creciente con el correr del conflicto, a la justa lucha nacional se le adosó el conflicto interimperialista entre una revivida OTAN comandada por Estados Unidos y Rusia, imperio en reconstrucción.

Este falso carácter de guerra entre “las democracias occidentales y la autocracia rusa” fue alimentado por la dirección de Zelensky, alineado con el imperialismo tradicional, con el capitalismo neoliberal, en vez de elevarse como una dirección independiente que apelara al apoyo de los pueblos del mundo.

Así las cosas, el conflicto se fue definiendo entre los senderos sinuosos de estas dos determinaciones sin que una u otra pudieran imponerse: la invasión rusa de Ucrania sigue siendo una aberración contra los derechos de autodeterminación de un pueblo sometido, así como la instrumentalización imperialista tradicional de esta justa pelea nacional fue mellando su carácter emancipatorio.

Así se llega al punto muerto actual: el conflicto adquiere cada vez más rasgos destructivos. Ni Rusia -que viene muy debilitada y exhibiendo su impotencia frente al mundo- parece en condiciones de imponerse, habiendo quedado lejísimo de sus objetivos, ni tampoco la Ucrania devastada que apreciamos hoy puede realistamente pensar en “ganar la guerra”…

El pato de la boda en el enfrentamiento es el pueblo ucraniano, que está pagando con sangre y destrucción la derivación de una justa lucha nacional conducida por una dirección reaccionaria como la de Zelensky mientras que, sin embargo, sigue siendo machacado día y noche por los bombardeos rusos.

En el punto muerto actual se impone un posicionamiento claro de las corrientes marxistas revolucionarias: hay que enarbolar con claridad el planteo de una paz sin anexiones en el territorio ucraniano, lo que puede adquirir la forma de un alto el fuego inmediato y el comienzo de una negociación.

Seguir alimentando el enfrentamiento militar, el envío de armas, el rearme internacional, etc, sólo parece fortalecer a los enemigos de las masas populares, sea en Ucrania, en Rusia, en el Occidente imperialista o en China.

La geopolítica, las relaciones entre Estados por encima de las clases sociales y los pueblos en lucha, es un cáncer. Hay que lograr un espacio para que la lucha de clases, las reivindicaciones populares, las luchas populares directas renazcan en la misma Ucrania y la misma Rusia despejando el elemento geopolítico.

Pero para eso hay que imponer un alto el fuego; un elemento ordenador distinto que el mero y mecánico enfrentamiento militar. El pueblo ucraniano debe conquistar su autodeterminación nacional (así como eventualmente otro tipo de gobierno) y el pueblo ruso debe poder lograr también emanciparse del yugo de Putin para que se haga valer la fraternidad internacionalista entre ambos pueblos y puedan dirigir sus esfuerzos contra el régimen capitalista que impera en ambas naciones.

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