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Milei ajusta brutalmente a las universidades y comienza la resistencia

Desde su entrada a la escena pública, Javier Milei señaló a la educación pública (y sobre todo a la universitaria) como uno de sus objetivos estratégicos. El presupuesto 2024 utilizado por el gobierno de Milei prevé un aumento nominal del 60% en los recursos de la Secretaría de Educación. Esto significa un enorme recorte en términos de valor real, teniendo en cuenta que la inflación para el 2024 no bajará del 150% y podría ser aún mayor.

Pero a la política de desfinanciamiento general y degradación de la enseñanza pública, se suma una política de lisa y llana destrucción contra la educación superior en particular.

El congelamiento pone en peligro las cursadas

Las medidas estuvieron precedidas por una larga campaña ideológica derechista contra la educación superior, la cultura y la ciencia. Las bravatas de Milei contra «los ñoquis del Conicet», contra los «artistas de la prevenda estatal» y tantas otras aberraciones tienen su traducción en el congelamiento absoluto del presupuesto universitario. Como primera medida, Milei prorrogó el presupuesto universitario del año pasado sin ninguna compensación contra la inflación acumulada de 250% durante los últimos 12 meses.

Esto implica que ninguna universidad nacional tiene garantizado el presupuesto necesario para continuar sus actividades normalmente durante todo el 2024.

«Durante el 2023 [la Facultad de Ciencias] Sociales contó con un presupuesto de $238 millones, dinero utilizado para la limpieza de los edificios, el mantenimiento de ascensores, la compra de pupitres, la ART para nuestros y nuestras estudiantes entre otros gastos que hacen al normal desempeño institucional» comunicó el Rectorado de dicha facultad de la UBA. «Con una proyección de inflación interanual de 250% para este año el funcionamiento de la facultad necesita al menos $645 millones, lo que nos deja un déficit estimado de $406 millones«. El recorte es absolutamente brutal, reduciendo el presupuesto en un monto cercano al 60%.

Guillermo Durán, decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, declaró a los medios que «el congelamiento nominal implica recibir un tercio de los fondos en términos reales, lo que hace que el presupuesto alcance para funcionar sólo hasta abril».

El mismo déficit se replica en todas las universidades nacionales. La Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) ya está aplicando restricciones de cupo por la falta de presupuesto, lo que redundará inmediatamente en la expulsión de cientos de estudiantes de la educación superior.

En algunos sectores de la educación superior, el congelamiento golpea especialmente fuerte. Es el caso de la  facultades ligadas al sector de la salud, por ejemplo. En la Facultad de Odontología de la UBA, las autoridades señalaron que los insumos necesarios para el funcionamiento del Hospital Universitario registraron aumentos mayores al 1.000% interanual. En este caso, como en muchos otros, el congelamiento no sólo hace peligrar las cursadas sino también el sostenimiento de actividades sanitarias esenciales para la sociedad. Sobre todo para los sectores de bajos ingresos que concurren a los Hospitales públicos.

Hace pocas semanas, el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) envió a la Secretaria de Educación (ex Ministerio) proyecto de presupuesto de $2,5 billones y señaló que, con un presupuesto menor, la continuidad de las actividades universitarias se verá comprometida a partir de abril. Advertencia que el gobierno optó por desoír.

Comenzó el saqueo de las partidas educativas

Según un informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC), en enero el Estado nacional realizó transferencias a las universidades por un monto de $144.850 millones. Esto implica una caída del 16,5% en términos reales.

Pero al congelamiento (que liquida el presupuesto en relación a la inflación) hay que sumarle el recorte nominal de diversas partidas presupuestarias. Es el caso de la eliminación del FONID (Fondo Nacional de Incentivo Docente), que complementa el pago de los salarios provinciales en montos que van del 8% al 20%, según la región. En el caso de las universidades nacionales, el no pago del FONID golpeará los salarios de los docentes en los colegios Preuniversitarios.

El Decanato de la UBA rechazó esta medida en un comunicado oficial. «Rechazamos también de plano esa pretensión y exigimos al Gobierno que haga efectivo el pago del Fonid para los meses de enero y febrero y acuerde una recomposición del Fondo de manera urgente«.

En el informe de la OPC se destaca la falta de registro de la liquidación de enero de las Becas Progresar (corresponde a $8.050 millones en el mismo período de 2023). El monto de las Progresar se mantiene congelado en $20.000 desde que asumió Milei. Esto implica un recorte del 35% interanual en términos reales.

Este tipo de becas, a pesar de su limitadísimo monto y su licuación respecto de la inflación, son un apoyo significativo para los sectores de menores recursos que concurren a la universidad pública. Un ejemplo más del abierto desprecio de Milei y sus secuaces contra la juventud trabajadora que estudia.

El recorte nominal también se puede ver en los programas de becarios del CONICET. Las autoridades universitarias de la UBA señalaron que no hay garantías para que los cargos de ingreso a la Carrera de Investigador otorgadas el año pasado se efectivicen.

Ataque a la paritaria universitaria

Milei también tomó la determinación de ningunear y licuar los salarios docentes en la educación superior. A la eliminación del FONID se suman propuestas salariales miserables en la paritaria nacional.

En la última reunión paritaria, el gobierno ofreció un aumento del 6% mensual para enero. En el mismo mes se registró una inflación superior al 20% y se prevén números similares para los próximos meses. Una propuesta que implica una pérdida salarial del 15% mensual es una lisa y llana provocación contra los docentes. El gobierno está dejando claras sus intenciones: quiere que los docentes cobren sueldos de hambre.

El Frente de Sindicatos Universitarios rechazó de plano esta propuesta y ya se anticipa el comienzo de un paro docente universitario para el comienzo del ciclo lectivo, el próximo mes. De efectivizarse, el conflicto podría confluir con los ya anunciados paros de la educación básica que se realizarán en distintas provincias.

Empieza la respuesta: cacerolazos educativos

Las universidades argentinas tienen una larga tradición y sus comunidades se caracterizan por una fuerte organización contra los planes de ajuste educativo. Sin ir más lejos, la década pasada se registraron varios procesos de movilización educativa masivos. Es el caso del Estudiantazo en 2010, la Rebelión Educativa contra Macri en 2016 y muchas otras. Si Milei esperaba que el congelamiento del presupuesto educativo pase sin pena ni gloria, esa no parece ser la hipótesis más probable.

Sin ir más lejos, a menos de dos meses de asumido el nuevo gobierno y sin haber comenzado el ciclo lectivo regular, ya comienzan las primeras muestras de organización y rechazo activo a las medidas del oficialismo. Hace pocos días, la Asamblea de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA) votó la realización de un cacerolazo educativo en el barrio porteño de Caballito este miércoles 21 de febrero. La medida fue recibida con entusiasmo en distintas facultades como la Universidad Nacional de las Artes (UNA) y sumando la adhesión del Centro de Estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales.

También refrendaron la convocatoria las Asambleas Populares de la Capital y de varios varios del Conurbano Bonaerense. Para el transcurso de esta semana se esperan réplicas en distintos puntos del AMBA como Lomas de Zamora, Lanús y Almirante Brown.

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