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Argentina. Yo, el viejo maestro de escuelas, reprocho a los profanos.

Por José Yorg, el cooperario.

 

 “Yo sé que en el pago me tienen idea porque a los que mandan no les cabresteo, porque dispreciando las huellas ajenas se abrirme camino pa’ dir donde quiera”. El orejano. Serafín J. García.

  “Los años escolares son temidos tanto por todos aquellos que pretenden perpetuar el viejo mundo como por quienes tienen una idea clara de cómo debería ser un mundo nuevo o un mundo futuro. Esto es especialmente cierto para los que quieren utilizar a la generación más joven para mantener el viejo mundo a flote o para los que pretenden utilizarla para traer un nuevo mundo a la existencia. Tales personas no dejan nada al azar: la escuela, el profesorado, el currículo y, a través de ellos, la joven generación, deben ser domesticados para que se ajusten a sus propósitos”. Jan Masschelein y Maarten Simons-en “Defensa de la escuela. Una cuestión pública”

 

Como educador social, investigador y pedagogo cooperativo estoy en espera de la decisión del Ministerio de Educación de la Provincia de Formosa-Arg.-en cuanto a mi situación profesional y por tanto, hablo desde la Escuela sobre la terrible inflación y la permanente suba de los precios de la canasta familiar, agravado ahora por la denegatoria de Nación de girar los fondos previstos por ley del Fondo de Compensación Salarial Docente, y la continuidad del aporte de las remesas para el comedor escolar, abre un tiempo de bronca docente.

Para nosotros los maestros/as esta situación es muy preocupante porque nos empuja a llevar una vida precaria y de miseria familiar que se suma a la pobreza estructural de nuestros educandos, dos factores volátiles y explosivos.

La grieta está entre los que la pasan de lo mejor y nosotros/as los que somos asalariados y soportamos el injusto ajuste sobre ajuste que hace imposible pensar tan siquiera en la jubilación porque tal situación  reduce grandemente el salario, cuyo resultado nos condena a una vida marginal aún más.

Esas y otras son las razones del porqué, yo, el viejo maestro de escuelas, vuelvo a levantar la voz en un tono más elevado que nunca a favor de la educación pública, a favor de la dignidad del trabajador docente, a favor del derecho de los educandos a tener en serio una educación de calidad y del cooperativismo escolar.

Llevo muchos años de ejercicio de la docencia, me inicié como maestro rural y por consejo de la Supervisora Escolar Profesora Lina Frederich de Acuña, cuyos argumentos sólidos me persuadieron totalmente: Los educandos, niños/as hijos/as de fecundos labriegos no conocen los beneficios de la cooperación organizada, no poseen conocimientos empresariales, son presa fácil de los oportunistas acopiadores pues los expolian con los precios de compra de la producción agrícola.

Ese consejo ejemplar motivó estudiar en la universidad la Tecnicatura en cooperativismo, luego la Licenciatura en Administración, con tales herramientas llevamos adelante numerosas acciones, tanto en la primaria como en la universidad.

Desde esa trayectoria docente, yo, el viejo maestro de escuelas, reprocho a los profanos y lo hago en un tono mucho más alto del que pudieran admitir, aquí se demuestra como la dignidad, el decoro y la fraternidad y con la generosidad formidable de los medios periodísticos, es posible reprochar a los indignos, a los profanos de la política.

Proezas de la educación emancipadora.

Tenemos los docentes cooperativos una mirada crítica sobre la enojosa situación de precariedad económica en la que se encuentra el pueblo, lejos quedaron la justicia social, la soberanía política y la independencia económica para la felicidad del pueblo y por tanto, reprochamos a quienes no custodiaron esos lineamientos estratégicos.

Sin embargo, señalamos desde la constatación práctica que la cooperación social es capaz de realizar proezas educativas emancipadoras que rápidamente beneficien a los agredidos por las políticas ultra-neoliberal y fascista, sólo se requiere de un gran consenso y dialogo para generar una sociedad organizada en el bien común.

¡En la fraternidad, un abrazo cooperativo!

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