La gestión de Luis Caputo: deuda a 100 años, acuerdo con el FMI y negocios offshore

Luis Caputo

«El Messi de las finanzas». Así definió Mauricio Macri a Luis Caputo cuando éste fue nombrado Ministro de Finanzas de su gobierno en el año 2018. Duró unos pocos meses, pero le bastó para hundir financieramente al país con más endeudamiento, FMI y una fuga de capitales inédita en la historia. Ahora, es el principal candidato a ponerse el traje de ministro de Economía del gobierno de Milei.

Luis «Toto» Caputo había sido antes secretario de finanzas y luego fue presidente del BCRA, siempre bajo la gestión Macri, en reemplazo de Federico Sturzenegger, otro macrista que tiene altas chances de ocupar algún cargo en la gestión económica del gobierno entrante. Por estas horas, Caputo es parte de la comitiva que acompaña a Javier Milei en su primer viaje a los EE.UU., lo que para muchos es leído como una especie de confirmación extraoficial de que finalmente será él el encargado de instrumentar el «plan motosierra».

El viaje a Washington y Nueva York es mucho más un viaje de negocios que uno diplomático: según confiesa el propio Milei, la prioridad del viaje estaría en conseguir algún tipo de acuerdo financiero (¿más deuda?) con el que desarmar la bola de Leliqs y de esa manera permitir una salida más o menos decorosa del cepo cambiario, y así avanzar en una devaluación, o como prefieren llamarlo ellos, un «sinceramiento».

Una versión indica que la negociación se trata de conseguir financiamiento para emitir bonos en dólares (es decir, más endeudamiento externo) contra las Leliqs que tienen los bancos, y que algunos cálculos estiman por un valor de casi $15.000 millones de U$S. Este «pase de manos» por supuesto que no será gratis para el país: implica cambiar deuda local en pesos por deuda externa en dólares.

La otra versión no es menos entreguista, sino incluso más: el plan de Caputo para las Leliqs incluiría rematar YPF y los bonos en dólares en poder del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS, básicamente los fondos de la ANSES desde donde se pagan jubilaciones y pensiones) contra las Leliqs. Es decir, entregar dos de los más importantes activos del Estado (uno de ellos estratégico como lo es YPF, el otro de eminente importancia social) para poder pagar los costos financieros que tendrá el plan de «liberar todo».

Es completamente verosímil que estas ideas más propias de un financista que de un ministro de economía con un mínimo de perspectiva sobre la economía real de un país sean de Caputo, porque de hecho es lo que es: un timbero de Wall Street que durante su gestión en el gobierno de Macri fue artífice de varias de las políticas que llevaron al megaendeudamiento, la devaluación y nos trajo de vuelta al FMI, con la contraparte de una increíble fuga de capitales récord y negocios offshore entre los que el propio Caputo fue uno de los beneficiados, como quien se encuentra de los dos lados del mostrador.

La gestión de Caputo con Macri

Que Caputo sea «el Messi de las finanzas» probablemente sea cierto siempre que se hable de sus finanzas personales, ya que cuando llegó a la función pública en 2016 era le segundo funcionario macrista más rico, con un patrimonio de más de $5.500 millones a dinero de aquel momento. Desde el punto de vista de su gestión como funcionario, lejos de ser un campeón del mundo más bien mandó al país al descenso.

Su gestión estuvo marcada por varios decadentes hitos. Como ministro de finanzas será tristemente recordado por la emisión de bonos de deuda a 100 años por más de $2.700 millones de dólares. Además, estuvo encargado de «negociar» (en realidad, de aceptar todo y pagar) con los fondos buitre que venían litigando contra la Argentina desde el último canje de deuda.

Pero su rol más destacado lo tuvo como uno de los artífices del infame acuerdo con el Fondo Monetario Internacional de 2018, que en un principio fue de U$S45.000 millones y que luego se amplió hasta los $54.000 millones de dólares, el más grande en la historia del organismo.

Ese megaendeudamiento criminal sumado a las condiciones impuestas por el FMI que siguen azotando al país para hoy no fue utilizado para nada más que para financiar una histórica fuga de capitales con pocos o ningún antecedente en el país. Ya al frente del BCRA, Caputo fue quien instrumentó un mecanismo de subasta de dólares a un precio más barato que el precio de mercado. El objetivo declarado era contener el precio de la divisa norteamericana para evitar que se dispare, pero en los hechos significó un inmenso operativo de formación de activos en el exterior que benefició a decenas de los más importantes empresarios del país.

Para explicarlo sencillamente, el país se sobreendeudó como nunca en la historia del FMI para que esos dólares se los queden los empresarios y se los lleven afuera. Como reversionando aquella vieja canción de Atahualpa Yupanqui, las deudas son de nosotros y los dólares son ajenos. Ahora parece pretender hacer lo mismo con YPF y el FGS.

La filtración de lo que se conoció como los Paradise Papers en 2017 había arrojado ya que «Toto» era accionista importante de varias sociedades offshore en paraísos fiscales, en su mayoría en las Islas Caimán. Con el modelo «mamushka» de sociedades dueñas de otras sociedades, Luis Caputo administraba cientos de millones de dólares en el exterior y era accionista en por lo menos tres sociedades en Islas Caimán: Princess International Group, Affinis Partners II y Noctua, esta úlima radicada en Delaware, EE.UU.

Caputo ocultó deliberadamente toda esta información cuando debió presentar su declaración jurada al momento de ingresar en la gestión pública de la mano de Macri. Las revelaciones de los Paradise Papers luego fueron confirmadas por la Security and Exchange Comission (SEC) de Estados Unidos.

Entre los 148 fondos de inversión que compraron los bonos de deuda a 100 años de Caputo se encuentra Noctua Asset Management, una de las firmas de las que Caputo era accionista, y que compró bonos por un valor de 5 millones de dólares.

Todo lo relatado debería sobrar para darse una idea general de cual sería la tónica de una eventual gestión de Luis Caputo al frente de un gobierno ultrarreaccionario como el de Javier Milei: el remate del país al mejor postor mientras se pretende que todos esos costos lo paguen la clase trabajadora mediante el «plan motosierra».

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