‘Ocho apellidos marroquís’, la tercera parte (improvisada) de ‘Ocho apellidos vascos’

Vendida como una comedia para deshacerse de los prejuicios, Ocho apellidos marroquís comete un error de consideración consigo misma y con el espectador: se trata una película que encuentra su motivo de ser no en reírse de las diferencias y tópicos culturales entre España y Marruecos, sino entre los españoles propiamente dichos.

Ningún problema en esto último, pero los tres personajes protagonistas, cántabros de San Vicente de la Barquera, son tres parodias del estereotipo del rancio español, del estereotipo de racista exclusivamente de derechas que interpreta Julián López y compañía. Ocho apellidos marroquís, cambio de título impuesto por Telecinco al original Casi Familia para así beber del éxito de las dos películas de Emilio Martínez-Lázaro, toma por eso la legítima vía fácil, pero siendo una comedia sin pretensiones como es, en su equivocación acaba pecando de doble paternalismo, tanto con los marroquís (blanqueados como minions infantiles y casi estúpidos) como con los propios españoles (con esa caricatura de la derecha y el empresario patrio como única adjudicataria de prejuicios racistas).

Quizá por ese enjuague de guion, cuando la película juega a convertirse en una comedia romántica no funciona. Y no lo hace porque no hay ambivalencias, porque Julián López no juega en la liga de galán romántico pero, sobre todo, porque la propia película no se lo permite. La historia de amor articulada en un triángulo, en definitiva, no interesa ni causa ninguna inquietud alguna y la película se confía exclusivamente a los gags, pero nunca acaba de volverse loca porque en algún momento decide que la aventura, en realidad, es una comedia romántica bienintencionada.

La película es mejor las pocas veces que adopta el punto de vista marroquí (ese momento de la avería en el coche, donde la película sí se atreve con el concepto del miedo al otro) y se atreve a verter cierto humor negro inofensivo sobre las pateras. Evidentemente hay chistes que sí funcionan por lo experimentado de su reparto y la vis cómica de Julián López y Elena Irureta, pero los que busquen una comedia romántica sobre tópicos culturales y cierto humor grueso aquí se quedarán con ganas de marcha.

Fuente: Libertad Digital