‘Noche de Paz’, el brillante regreso de John Woo al cine de acción americano

El regreso de John Woo al cine norteamericano tiene algo de testamento fílmico, de reivindicación de los valores de estilo y narrativos del cineasta chino. Tras haber sido reivindicado por el cine de acción USA en los noventa para dar un cierto impulso (temporal) al género de acción en cierta decadencia, Woo -con otra nueva etapa china entremedias- reinterpreta el cine de vengadores urbanos con un film, Noche de Paz, voluntariamente menor pero a la vez testimonio, en su voluntad de película semi-muda y sin diálogos, que el desaforado romanticismo y sentimentalidad de Woo, guardián por otro lado de fórmulas de cine clásico arcano, siguen siendo válidas para contar cualquier historia.

La historia de un padre que se queda mudo tras la muerte de su hijo y emprende, un año después, su particular venganza contra las bandas cuyo fuego cruzado provocaron la tragedia, alberga el típico humor negro de su director, su apología de la acción física y dramatismo digno de gran melodrama clásico. Vendida como una variación de los estilismos de John Wick, a su vez discípula aventajada del maestro, hay que esperar una hora para que el “heroic bloodshed” de Woo tenga lugar. Evidentemente, llega, pero entretanto el director diseña un particular descenso a los infiernos que ofrece una perspectiva moral, no totalmente lúdica, del modelo de aventura nocturna a lo Charles Bronson.

Joel Kinnaman está absolutamente formidable como este “Punisher” de clase media que demuestra, en su descomposición, que la cosa de Woo ha sido siempre retratar una masculinidad vulnerable mucho antes de reivindicaciones coetáneas y a la moda (qué formidable actor se está perdiendo el cine de acción USA, por cierto). El cine de Woo es de dualidades puras y grandes, del amor al odio y del bien al mal, pero el cineasta sabe perfectamente cómo imprimir su propio lógica -aunque sea de excelencia técnica- a esta historia mitológica narrada en clave de cine de serie B, de pequeño espectáculo de videoclub perfectamente rodado e iluminado.

Hay detalles de gran cine en esta película menor, desde esa lágrima que se convierte en bala en virtud de un corte de montaje, y por supuesto los últimos cuarenta minutos de acción continuada. Lo que hay hasta llegar allí, la película muda pero expresiva, evidentemente carece de guion (no hay personajes secundarios y la película requiere de algo más en su desenlace) pero subraya adecuadamente el retrato de un hombre mutilado en todos los sentidos por la violencia. Falta por ello un final adecuadamente intenso, pues el film parece desinflarse justo en sus instantes finales, pero reivindicar Noche de Paz se antoja una tarea absolutamente necesaria. Y no, no tiene nada que ver con la nostalgia: es puro cine de director, de ese que pone en la palestra el problema de la condenada autoría en el cine de acción actual, absolutamente desprovista de ella. ¿Menor? Sí, pero eso es compatible con la (casi) excelencia del producto.

Fuente: Libertad Digital