Cultura

Los ‘Cuadernos de la Guerra’ de Marguerite Duras: "No quiere comulgar y se queja porque su hijo ha muerto"

Marguerite Duras volcó en su obra reflexiones propias de varias vidas. Nació en la Indochina francesa en 1914 y se trasladó en 1932 a París, donde estudió Derecho, Matemáticas y Ciencias Políticas. Vivió el poscolonialismo, militó en el partido comunista y colaboró con la Resistencia durante la ocupación nazi de Francia. Publicó su primera obra durante la II Guerra Mundial, La impudicia, a la que seguirían más de veinte novelas, guiones de cine y textos dramáticos. Duras legó otros títulos como Los ojos azules pelo negro, El hombre sentado en el pasillo, Un dique contra el Pacífico o El amante, que escribió tras una profunda crisis de alcoholismo y que le reportó el premio Goncourt en 1984. A pesar de que murió en París en 1996, nos tenía aún reservados unos valiosos cuadernos con detalles autobiográficos diluidos entre esbozos de algunas de sus obras.

cuadernos-guerra-duras.jpg

La editorial Tusquets acaba de publicar Cuadernos de la guerra y otros textos, los diarios personales que la escritora francesa guardó durante décadas en su casa en Neauphle-le-Château y que legó al Institut Mémoires de l’Édition Contemporaine poco antes de morir. Algunos eran completamente inéditos en español. Están fechados entre 1943 y 1949, es decir, en plena Segunda Guerra Mundial y en los inmediatos años posteriores.

“Los Cuadernos de la guerra, no simples borradores ni fragmentos dispersos, son una expresión de la obra en estado naciente; de manera sorprendente, esta matriz de los escritos futuros contiene la arquitectura primitiva de todo el imaginario durasiano. Estos textos, que provocan en el lector familiarizado con la escritora un sentimiento mixto de descubrimiento y reconocimiento, constituyen así, indiscutiblemente, un esclarecimiento esencial para la lectura de la obra de Marguerite Duras”, escriben los editores, Sophie Bogaert y Olivier Corpet, en el Prefacio.

Los primeros textos se centran en los acontecimientos de su infancia y adolescencia en Indochina, junto a su madre, y relata sus primeras relaciones amorosas. Aunque resulten menos interesantes que lo que vendrá después, se atisba su personalidad en contexto con sus circunstancias. “Sufríamos mucho por nuestra pobreza, y nuestra miseria era ocultarla”. (Pág.35).

Se ven datos que aparecerán en la futura Un dique contra el Pacífico (1950), basada en sus recuerdos de infancia. “Yo estaba siempre de acuerdo con los motivos por los que mi madre me pegaba, pero no en cuanto a los medios. Encontraba decididamente desagradable y antiestético el empleo del bastón, y peligrosos los golpes en la cabeza”.

“Además de carecer de encanto y de ir vestida de una manera cuya ridiculez es difícil de expresar, no me distinguía por mi belleza. Era baja, bastante mal hecha y flaca”. (Pág. 42)

En las siguientes páginas, cuenta los acontecimientos que marcaron su vida, como la deportación de su marido Robert Antelme a los campos de concentración de Buchenwald y Dachau, los cuidados que le dedicó – y que dieron forma a El dolor-, la muerte del hijo de ambos, la relación con su amante Dionys Mascolo, el fallecimiento de su hermano, su participación en la Resistencia y sus compromisos políticos. Poseen numerosas anotaciones al margen, en rotulador rojo, y remiten a los temas tratados en Deportación, Guerra, Dique o Marinero.

“Si vuelve también moriré. Si tocaran el timbre: ‘¿Quién es?’ ‘Soy yo, Robert’. Solo podría abrir y morir”.

“Sol rojo sobre París. Terminan seis años de guerra. Gran asunto, gran historia, se hablará de ello durante veinte años. La Alemania nazi ha sido aplastada. Aplastados los verdugos. Él también, en la cuneta. Estoy rota. Tengo algo roto. Seca como arena seca”.

Las cicatrices que tatuaron los acontecimientos de su vida son la base de sus novelas, desgarradoras, intensas, pero sin autocompasión ni sentimentalismo.

“Me dijeron: ‘su hijo a muerto’. Fue una hora después del parto; yo había visto al niño. Al día siguiente pregunté: “¿Cómo era?”(…) La monja me miró: tenía setenta años, estaba reseca por el ejercicio cotidiano como organizadora de la cínica, era terrible, tenía un vientre que yo me imaginaba negro y seco, lleno de raíces resecas. Volvió al otro día: ‘¿Quiere usted comulgar?’ Yo dije: ‘No’. Entonces me miró: ‘Ésta no quiere comulgar y se queja porque su hijo ha muerto'”. (Pág.199)

Marguerite Duras. Cuadernos de la guerra y otros textos. Traducción de María Condor. Tusquets. Barcelona, 2024. 23,50 €. Libro electrónico: 9, 99 €.

Fuente: Libertad Digital