‘La Bala de Dios’, una fallida película satánica que descubre a una actriz fenomenal

La Bala de Dios tiene un problema que nunca acaba de superar: su director, Nick Cassavettes, está atrapado entre una fantasía vengadora a lo, por ejemplo, Antoine Fuqua y sus The Equalizer, y un drama crudo e intimista de personajes a lo Alejandro Iñárritu o Prisioneros de Villeneuve. Son ejemplos un tanto aleatorios ideados tan solo para ejemplificar un complejo cruce de caminos que la película no logra resolver.

En esta historia de un policía local que se infiltra en una secta satánica para poder rescatar a su hija ofrece retazos de sordidez interesantes y otros de una violencia realista y liberadora, pero resulta fundamentalmente tediosa. Cassavettes trata de convertir la película, de la que existen dos versiones (a España llega la reducida de dos horas) en una confrontación de dos figuras opuestas en lucha contra la banalidad, tanto la del Bien como la del Mal: la escena en la que la joven Case (Maika Monroe) reflexiona sobre lo oportuno de las figuras reverenciales como excusa para ser buenos o malos más o menos resume lo que, quizá, Cassavettes ha querido hacer con la historia.

Se trata de una buena escena, pero La bala de Dios insiste demasiado en explicarse a sí misma y se olvida de que esta confrontación de familias necesita más conflicto, más movimiento, y que la química evidente entre ambos actores se ahoga en un guion sin recursos. Porque poner el acento en los personajes no significa que la jugada te pueda salir automáticamente bien.

Pese a tomar forma de road-movie, la película arrastra un exceso de diálogo y una evidente falta de tensión y objetivos que no le dejan avanzar. En el camino encontramos momentos poderosos y, hay que reconocerlo, La Bala de Dios puede presumir de una excelente y sucia fotografía y, sobre todo, de dos buenos actores, Nikolaj Coster-Waldau y -sobre todo- la extraordinaria Maika Monroe (It Follows) defendiendo a tope el tinglado. El desenlace es estupendo y sangriento, el universo de la árida América Profunda y sus rincones clandestinos atrae, pero la película simplemente no te agarra.

Fuente: Libertad Digital