El francotirador no quiere ser periodista (y a mucha honra)

Cuando conocí a Jeosm (Talavera de la Reina, 1982), él lucía menos cartón y yo menos barriga. Nos hizo amigos Zenda, la revista literaria fundada por Arturo Pérez-Reverte, hace seis o siete años. Como pareja profesional, debutamos con una entrevista a nuestro venerado Raúl del Pozo. Desde entonces, al alimón, hemos fotografiado –él–, preguntado –yo– y radiografiado –ambos– a cientos de escritores, periodistas, científicos, toreros, políticos, filósofos, humoristas, boxeadores, porteros de discoteca, etcétera. Con mayor o menor fortuna. Reivindicando nuestras firmas con humildad, pero también con fiereza. Acumulando batallitas o, si lo prefieren, experiencias inolvidables. Como cuando metimos a Juan José Millás y a Juan Luis Arsuaga en una cama para una sesión de fotos. Como cuando casi la diñamos en un accidente de tráfico con Antonio Escohotado al volante después de que éste se saltara un ceda el paso o un stop, disculpen la desmemoria, al tomar una rotonda. Y así.

El gran fotógrafo de Villaverde acaba de parir nuevo libro. Se llama No soy uno de los vuestros, lo edita Círculo de Tiza y se manifiesta como una biopsia vasta de su trabajo con literatos, plumillas y especies híbridas. En este ecosistema extremo de luces y sombras, en esta rave de autenticidad, conviven primeros espadas de las letras hispanas como Mario Vargas Llosa, Luis Alberto de Cuenca o Jorge Fernández Díaz, maestros del periodismo como Alfonso Ussía, Manu Marlasca o Pedro Simón, amén de firmas de hornadas más recientes, como David Jiménez Torres, Ana Iris Simón o María José Solano. El total de especies asciende a 140.

Escribe Jeosm en el prólogo que el título “es una declaración de intenciones”: “No soy uno de los suyos, nunca lo he pretendido, y sólo por eso ha sido posible elaborar este libro en el que los puntos de vista, egos, vanidades, ideologías, generaciones, las amistades y enemistades, méritos y discursos están en un segundo plano. Nunca fui uno de los suyos porque mi metodología de trabajo y herramientas son muy diferentes”. El grafitero, más listo que el hambre, se sacó cum laude un máster en comportamiento periodístico. Tiene más que calado a un gremio en el que, es evidente, hay mucha gente buena y mucho ejemplo a seguir, pero en el que también abundan los amiguismos, los ombliguismos, las mafias, los odios, la envidia y las envidias. Estoy convencido de que ningún profesional de la información –insisto: ninguno– hubiera perpetrado una convocatoria tan brillante, variopinta, antagónica, tan exenta de intereses y tan honesta. En primer lugar, porque muy pocos poseen esa agenda; en segundo, porque menos aún son tan generosos y, sobre todo, tan temerariamente profesionales.

No soy uno de los vuestros es, en definitiva, el cuaderno de bitácora de un viajero que no quiere nacionalizarse en un país que no es el suyo, de un voyeur con tatuajes que, desde la barrera, disfruta de los usos, costumbres, vicios y virtudes de una gente con la que convive, pero que le resulta ajena. De un francotirador paciente que rebosa instinto, inteligencia y humanidad. Por todo esto, celebro el privilegio de laburar con él en Zenda –ojalá, no tardando, coincidamos en otras trincheras–. Y que vivan la Patri, el Charlie, la Lola y, por supuesto, el marqués de Villaverde, o sea, mi talentoso y querido compadre. Que no puede ser más mío.

Fuente: Libertad Digital