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De la transparencia institucional a la navegación del Estado

Como enseñaba Domingo Maza Zavala, la economía no es una ciencia aislada de la realidad social y política: lo enunciado como efecto inducido de la transparencia del BCV e INE es lo que vemos en el tablero de mando para la toma de decisión no más determinada por la improvisación política, sino por la racionalidad técnica y la honestidad intelectual que el país necesita para un Plan de Transición que no sea un espejismo, sino una estructura habitable.

La fuerza de la verdad de los datos técnicos (BCV – INE) no tiene ideología, inspira la confianza del mercado, vincula el pensum universitario con la recuperación productiva y detiene la fuga de cerebros: pone un escudo de protección a la tentación populista, da credibilidad internacional y atrae inversión real. Se construye la razón de Estado bajo la lógica de la realidad y se rompen las tradicionales formulaciones de la gestión de la escasez para pasar a la gerencia del conocimiento que suministra a las leyes la información que vincula su estructuración.

La transparencia como herramienta de viabilidad constituye la válvula de innovación que permite pasar de la predisposición intuitiva a la viabilidad operativa y se convierte en el motor de supervivencia de cualquier proyecto empresarial o institucional que aspire enfrentar con éxito la crisis endémica a la cual el país está sometido: pues la metodología de la política corriente o tradicional induce a la falta de claridad, es decir a un sinónimo de riesgo que paraliza la inversión; por el contrario, la transparencia, cuando se cometen errores que por la naturaleza humana son inevitables, permite la explicación racional y, por consiguiente, la recuperación de la ética comprometida y de la credibilidad, las rectificaciones que permiten conseguir la finalidad.

Sujeto a corrientes geopolíticas y marejadas económicas, la navegación del Estado venezolano se encuentra en un naufragio institucional determinado también por mapas alterados de sus instituciones encargadas de la estadística y de la política monetaria. Los datos (la inflación, PIB, demografía) vienen ajustados para favorecer un relato político y, por consiguiente, denuncia la falta de la aplicación de la tecnología, como el sistema blockchain, cuya configuración se vuelve en herramienta de gobernanza.

Pues, en la innovación de la gestión del Estado no basta conocer la ruta y saber dónde llegamos, es vital saber cómo se gastó el combustible y quién dio la orden: es necesario que las decisiones políticas sean ligadas a resultados técnicos objetivos, eliminando la opacidad que suele preceder a las crisis y que, en muchos casos, no es la causa última de la deuda, de la falta de gobernabilidad y de derecho y de ética.

La navegación soberana requiere un motor basado en la innovación y la capacidad productiva real: el sistema regulatorio debe permitir que el Estado, en el rumbo de sus autónomas decisiones, genere su propia inercia en lugar de depender de vientos externos. Las condiciones históricas de neocolonialismo, la debilidad sustantiva de la estructuración propositiva de los esquemas tradicionales no vinculados a la evolución geopolítica y a la contingencia objetiva que identifica con realismo histórico los actores, determinan la obligatoriedad de recurrir a la ayuda del exterior, pero el estatus de necesidad no significa postración, ni la incapacidad ni la voluntad de incumplir con las obligaciones contraídas.

Es preciso que, en el marco de la nueva gestión del Estado, máxime en el periodo de transición, el carisma del timonel sea soportado por la solidez de las cartas de navegación que la tripulación técnica sabe interpretar y ejecutar. No se trata de aplicaciones de “ideología náutica”, sino de la ingeniería de sistemas que viene garantizada por la transparencia y el rigor técnico que origina, soporta y acompaña el Plan de Transacción en su devenir.

Para ello se requieren protocolos de transparencia que recolecten de forma heterogénea los datos utilizados para medir las variables (inflación, PIB, ejecución presupuestaria) predefinidas y que deben ser inmunes a cambios de criterio político coyuntural y de la posibilidad de maquillaje. Se debe impedir cualquier alteración retroactiva de la decisión tomada, vinculando la responsabilidad administrativa con la evidencia técnica. La publicación de calendarios automáticos, como el funcionamiento de los organismos técnicos, debe ser eficiente sin necesidad del visto bueno político, conforme y alineada con los marcos globales de estándares internacionales, como los practicados por el FMI para los datos macroeconómicos o las normas ISO para la gestión. Aún más, consideramos la estructuración técnica como la más idónea para enfrentar los intereses subalternos que en el contexto geopolítico y criminal desbordan por completo el marco doméstico y ubican el sistema de la dictadura bolivariana como una deformación autoritaria con la cual se pretende identificar al Estado fuera de la legitimidad democrática, para vincularlo a los intereses de la subversión institucional y al narcotráfico internacional.

La metodología política aplicada en el pasado no necesitaba de protocolos de transparencia rigurosa, requeridos como en las fases críticas del actual contexto de reconstrucción institucional o de transición compleja, máxime la determinada por los primeros 100 días del nuevo gobierno. La sinceración de los inventarios de activo y pasivo, la limpieza de los canales de flujo de la información permite establecer la nueva “pitágora” de la navegación técnica del Estado, la aplicación del fundamento matemático requerido para la superación de la crisis: es preciso dejar atrás el Estado de la improvisación y de la sumisión a quienes quiso utilizarlo para sus exigencias políticas subalternas y empezar el nuevo camino indicado por las informaciones disponibles que inducen un diverso y posible funcionamiento de las estructuras y la adecuación de la mentalidad de los recursos humanos. Se puede implementar el cambio de tipo sistemático en las instituciones y en las rutinas para otorgar una dimensión moderna y de eficiencia a la jerarquía de fondo existente y condicionante la misma naturaleza del Estado, su esencia, soberanía y credibilidad.

La economía de la información en general y de la tecnología en particular, su uso constituyente asume un valor que alguien podría considerar contingente, pero queda la permanencia del uso del saber científico: así se determinan importantes diferenciales económicos que se refieren a la economía de escala y al desarrollo, y que asumen valor de relevante importancia para la construcción adrede de la específica teoría económica aplicable al reto de la recuperación de Venezuela.

Creemos que la organización de las actividades operativas de las implícitas transformaciones productivas, ínsita por la aplicación de la tecnología y la innovación de la estructura de los arquetipos existentes, estará sometida a un constante proceso evolutivo determinado por la morfogénesis de los sujetos y la telegénesis de los sistemas. Los resultados de la producción quedan vinculados a la solución de los problemas del mercado a través de la competitividad y productividad, el nivel perseguido por la demanda y la oferta, las modalidades de la vida, la penetración en la misma cultura y costumbre de la población.

La propaganda del régimen bolivariano no tiene más sustanciación y nada lo puede salvar del definitivo colapso, ahora determinado por las decisiones que enlazan la voluntad de la mayoría nacional con la apreciación internacional y que se manifiesta en lo económico, lo político, lo cultural y la civilización de pertenencia. Por las fracturas ocultas y las manifiestas incidencias que disgregan el poder constituido en su todavía aparente manifestación hegemónica, se facilita el desmoronamiento por el vigor de la metodología aplicada: la manifiesta separación de los poderes institucionales, obligada por la eficiencia de la tecnología, induce la transparencia del nuevo sistema, elevando el sentido de la responsabilidad individual y colectivo, por lo cual el derecho y la ética regresan a configurar el comportamiento de la sociedad.

Así que el uso de la tecnología para recuperar con sindéresis el sentido del Estado, sin que fuese considerado una especulación dialéctica, un eufemismo político, incorpora más bien el intento de crear un potencial de fuerza, un instrumento-valor que adquiere la significación de liberación del condicionamiento al cual los ciudadanos han sido sometidos por el régimen bolivariano y de recuperar la dignidad perdida, ejercitar el dominio de sus acciones.

Cabe el recuerdo del pensamiento de Martin Heidegger en La época de la imagen del mundo (1996) para indicar una condición existencial: “Si el hombre no se instala desde el inicio y antes que todo en su espacio esencial en el cual toma su morada, no está en la condición de realizar nada de esencial dentro del destino ahora dominante”. Es una proposición, un desafío, una nueva forma de realizar en Venezuela la política del reconquistado Estado de derecho, una invitación para participar en la construcción de la nueva Venezuela.

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